Dakar | Entrevista a los líderes

"Queda tela, el doblete aún se ve muy a lo lejos"

Carlos Sainz y Marc Coma, que comandan el rally en coches y motos, guardan mucha cautela ante la difícil última semana que les queda por delante, con el temible desierto de Atacama como gran obstáculo.

<b>DESCANSO, PERO NO PARA LOS MECÁNICOS. </b>Carlos Sainz siguió muy de cerca el trabajo de sus mecánicos sobre su VW Touareg oficial en el día de descanso en Valparaíso.
Manuel Franco
Redacción de AS
Actualizado a

Un paso a la derecha, otro a la izquierda, otro más a la izquierda y la mirada de un lado a otro respondiendo preguntas, deseos, posando al lado de una chilena, de un argentino, escuchando ruegos. "¿Va a venir usted pronto a Perú, señor Sainz?". "¿Y a Bolivia?". "¿Y a Guatemala?". El español es la estrella del Dakar, un ídolo que cuando deja la multitud que le hace cambiar sus pasos ofrece una mirada que pide rescate. Carlos es más querido en Suramérica que en España, o al menos igual. Y es el líder.

Como Marc Coma, que se pasea también entre fotos sugeridas, con su mp3 escuchando música en una oreja y con la otra controlando el ambiente. Los dos hacen soñar con el doblete español en el Dakar de la trigésima edición, que es el primero en tierra extraña, el primero que habla español, en todos los sentidos.

Los dos han vivido tanto que no se atreven a ofrecer titulares sensacionales al periodista, pero al menos cuentan la verdad. Y eso se agradece. "Que dos españoles ganen es posible, pero también lo es que no gane ninguno, aunque Coma lo tiene muy bien, debería tener muy, muy mala suerte para que se le escape el triunfo. Ahora, es cierto que viene lo peor, tenemos mucho que luchar", dice Sainz. Y Marc asiente, pero corrige: "En motos aún lo veo muy complicado, en coches creo que Volkswagen está en una buena situación y con Carlos líder, pero lo que viene, tela, eh es muy complicado y todo puede pasar aún". Y ofrece otra posibilidad, que aparece escondida: "En cuanto a Nani creo que es uno de los pilotos que mejor han entendido esta carrera, otros se han puesto más nerviosos, pero él está ahí y con posibilidades".

Sobre lo vivido, los dos campeones del mundo de raids ofrecen una versión similar. Así lo ve Coma: "Semana difícil, con variedad de terrenos y además desconocido para nosotros, lo que ha complicado aún más las cosas. Se trata de ir día a día intentando evitar problemas. Lo mejor para nosotros es que está todo el equipo aquí, entero, los tres y eso me da una tremenda seguridad, tener al lado a Viladoms y Farrés que lo están haciendo muy bien".

El caso de Sainz es distinto, el gran rival que tiene, a sólo nueve segundos, es de su equipo: "De Villiers es un gran piloto, muy bueno, y habrá que estar muy atento para poder ganarle, es un gran tipo y tiene mucha técnica". De lo pasado, poco más que decir, pero de lo que está por venir, casi hay temor. "La verdad es que si dicen que lo peor está por llegar, da miedo lo que venga, es muy fuerte, el desierto de Atacama va a ser muy duro, queda mucho aún para Buenos Aires. Hay mucha gente que pensaba que esto eran caminos y poco más y nada de eso, aquí hay piedras, dunas, mucha arena y también caminos, pero sí es posible que, de alguna manera, se haya subestimado la carrera y sin embargo la han hecho muy dura, sólo espero que no se hayan pasado un poco", dice Sainz. Y Coma no puede estar más de acuerdo con su compatriota: "A partir de ahora empieza una carrera nueva, vamos al desierto de verdad y no será nada fácil. Atacama es un desierto muy bonito para ver, pero no tanto para correr una prueba como ésta".

Pero a lo lejos se imagina África, con sus gentes y las sonrisas, con el desierto del Sáhara, ahora olvidado con la aridez de Atacama, y los pilotos siguen pensando en el continente olvidado. "¿Echar de menos África? No sé qué decirte, es distinto, de momento estamos aquí porque es lo que tiene que ser y la solución parece buena, pero África", cuenta Marc con la mirada al suelo ocultando una parte de la verdad, que lleva el Lago Rosa en su corazón. Sainz, menos africano, apela al final: "Ya veremos si es mejor o peor que el Dakar tradicional cuando termine, de momento todo va bien, pero aquélla también era una gran carrera".

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Llega la tarde y al fin el descanso real para los pilotos. Sainz habla con su padre, Coma también recibe llamadas. Pronto llegará otro día y más kilómetros que cubrir, concentración máxima y relajación olvidada en algún hotel de Valparaíso. "En uno aquí detrás de la Escuela Naval Arturo Prat, no sé cómo se llama", dice Marc. "Nosotros estamos en el Sheraton, de Viña del Mar", cuenta Sainz. Ellos siguen, otros quedaron en el camino. Muchos, pero alguno desafía la lógica. Los dos líderes echan la vista atrás, al final de la tabla de clasificación donde vive un héroe, el nombre más repetido cuando se hace la pregunta "¿ha llegado ya?" entre los miembros del Dakar: Isidre Esteve. "Es increíble, para mí el campeón, está hecho un tío", dice Sainz, que en la última etapa se bebió siete litros de agua por el cansancio y su excesiva sudoración en un Volkswagen oficial, ofreciendo la verdadera medida de lo que está consiguiendo el ilerdense.

Su amigo Marc asevera lo que dice el piloto madrileño: "Isidre está dando una lección, ya lo hizo como persona desde todos los puntos de vista y como piloto, ya sabíamos que en moto era de los mejores y en coche está demostrando de lo que es capaz con unos medios limitados, lo que está haciendo es increíble, la gente no puede darse cuenta de verdad de lo que es". Palabra de campeones. Así sea.

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