Hércules sin fuerza y Neruda
El Dakar ya está en Chile. El accidentado viaje en avión nos lleva por encima de los Andes hasta el hogar del gran poeta. Hoy descansaremos.

Son pequeños cristales de agua que caen sin ser vistos, diminutos, empapan el alma de frío como la mala conciencia. La escarchilla que se forma en la cordillera cayó sobre el verde quemado de los campos de deporte. Mala noche en Mendoza. En mi cuerpo se enfrentaron los fantasmas de los campos de prisioneros que sufrieron la represión de los generales argentinos, Videla y mala compañía, situados en el mismo lugar donde yo intentaba descansar con el saco y la tienda azul.
Apenas una hora de sueño y mucho cansancio en espera de un descanso que debería serlo en otro país. Con la llegada del día, el viaje a Chile se convirtió en una pesadilla que aún parecía de la noche anterior. El Hércules argentino que nos lleva como soldados de una guerra que no existe ya estaba a punto de despegar, pero de repente empiezan a sacar pasajeros. Los del lado de enfrente. Primero uno, después otro. Nadie sabe lo que pasa. Los franceses andan desconcertados, hay algún inglés nervioso, el compañero senegalés de 'Le Soleil de Dakar' se quita la gorra una y otra vez, los alemanes se mueven de un lado a otro. Los españoles preguntan en español. Se ha roto un motor y los militares están arreglándolo. Hércules sin fuerza. Más espera. Finalmente el avión de transporte camuflado arranca motores, sólo había averiado uno de cuatro. Sin problemas, pero más vale asegurar.
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Es difícil, pero debajo se ven los Andes, montañas inmensas, alguna con un lago azul en el centro de la cumbre, nevadas, como un merengue adornado en lo más alto.
Al llegar al aeropuerto de Viña del Mar, los perros sabuesos olfatean las mochilas y las bolsas de los visitantes, frontera que pasar, datos que cumplir, un nuevo sello en el pasaporte. Aparece Valparaíso, cumbres de casas escalonadas que un día fueron hogar del gran poeta. Pablo Neruda en el ambiente, palabras de amor, veinte o más. Puedo escribir los versos más tristes tiritan, azules los astros a lo lejos. Muy lejos. Nieva en Madrid.
