Sainz demuestra su clase al llegar a Chile
El madrileño recuperó el liderato en coches por sólo nueve segundos tras conseguir su tercera victoria parcial, la duodécima de su carrera. Coma terminó segundo y ya aventaja en casi una hora a Street.

Cerca se ven los primeros montes, apenas tienen dos mil metros de altitud; un poco más allá está la precordillera, ya con montañas de más de tres mil metros de altitud y al fondo está la cordillera de verdad, con los dos altos, a un lado el volcán Tupungato, de 6.635 metros, y después el Aconcagua, el más alto de América con 6.965 metros de altura. Son los Andes, la frontera entre Argentina y Chile, uno de los momentos más importantes del Dakar. "Los pilotos tienen que cruzar por el paso que hay campo a través. Con el helicóptero no podremos volar si hay mal tiempo, pero incluso en coche, si hay tempestad, como la que se aproxima, será una temeridad pasar a toda velocidad por los abismos, no digamos en moto. El viento te puede llevar a caer", dice el teniente coronel Mazzi, del ejército argentino.
Y la tempestad llegó, fuertes vientos, agua, incluso granizo. Demasiado, incluso para el Dakar. La organización decidió recortar la etapa hasta el primer control de paso. Finalmente regresaron las dunas negras amenazantes, pero cruzar los Andes con el clima adverso no se podía. Así las cosas, después de que ayer el qatarí Al Attiyah fuera expulsado de la carrera tras saltarse nueve way points, los puntos por los que obligatoriamente deben pasar los pilotos, Giniel De Villiers salía como líder. El surafricano es el favorito de muchos para ganar este Dakar pero, desde luego, no el mejor para hacer esta carrera aún más grande.
Su gran rival es un español que ayer estaba ante una de sus grandes oportunidades, pistas estrechas, curvas, pasos al límite... En definitiva, talento puro en la conducción extrema, y ahí el mejor es Carlos Sainz, convertido en aventurero de lo extraordinario. Desgraciadamente la especial se acortó a sólo 243 kilómetros, de lo contrario el madrileño aún habría sacado más tiempo a sus adversarios. Porque Sainz ganó ayer, como era de esperar, su tercera etapa en este Dakar, la duodécima de su carrera. Lo hizo por delante del estadounidense Mark Miller, también con Volkswagen, y de su compatriota Robby Gordon con el monstruoso Hummer. El muchacho de Suráfrica, campeón de su país de turismos, llegó muy tarde, encerrado en las dunas, ese terreno que se le supone adverso a Sainz, sólo se le supone. El de Madrid superó sus problemas en un ojo, se le metió un cristal en la especial camino de San Rafael, y demostró su clase en un día de llegada a Chile en el que dijo adiós el señor de África, Stephane Peterhansel, actual campeón.
Ahora llega el descanso y Sainz empezará la segunda parte de la carrera con sólo nueve segundos de ventaja sobre su compañero. Un suspiro corto en una prueba construida sobre relojes de arena.
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El problema de Carlos no lo tendrá Marc Coma, quizá otros, pero no ese. El chico que brilla en el campamento con su ropa naranja y su halo de estrella de temporada fue segundo ayer, y ya aventaja al estadounidense Street en casi una hora. La victoria en motos fue para el piloto local 'Chaleco' López, que provocó la locura en Valparaíso con su primer triunfo en el Dakar. El muchacho está feliz en su tierra y sólo la mala suerte del principio le va a quitar, a falta del Atacama, un podio que debiera ser suyo.
Hoy es día de descanso en la costa del Pacífico, ya se ha completado parte del viaje, de un océano a otro, de un país a otro, con dos líderes españoles. Tempestad en el Dakar, calma en los españoles, un enlace Madrid-Cataluña para los mejores hasta ahora.
