Dakar | El nuevo coche japonés

El Lancer de Roma es una montaña rusa

El primer ganador español de la carrera más dura del mundo, que buscará el triunfo en coches en Chile y Argentina, demostró, con AS de copiloto, su talento al volante y la calidad del nuevo Mitsubishi diésel

<b>DOS CAMPEONES. </b>Nani Roma, con su Mitsubishi, y Marc Coma, con su KTM, los dos únicos españoles que han ganado el Dakar en un espectacular salto juntos.
Manuel Franco
Redacción de AS
Actualizado a

Apoya sus enormes manos de gigante en el volante y fija la mirada al frente. Empieza la atracción. Unos segundos antes, Nani Roma me mira con ojos curiosos, como el águila dispuesto a comerse al cervatillo en los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente, nostalgia de niñez nunca olvidada, y por el altavoz del casco oigo su voz: "¿Qué tío? ¿Estás preparado? Ya verás cómo nos vamos a divertir". El día comenzó con el cielo despidiendo la noche. Llegada a Barajas y puente aéreo a Barcelona, ya en El Prat aparece a lo lejos Luis Moya, el copiloto más famoso de todos los tiempos. Cosas del destino.

En poco tiempo llegamos a Les Comes, la finca de 500 hectáreas que Pep Vila tiene al norte de Barcelona, donde ya se escucha el rugido de la máquina. La adrenalina empieza a hacer efecto, las sienes golpean emoción como un tambor. Joan Roma, el primer español que ganó el Dakar va a permitir que sea su copiloto por un día, por un rato, por unos interminables cinco minutos que siempre quedarán en la memoria. El piloto catalán se entrena a veces en este circuito y ayer lo hacía con su nuevo Mitsubishi Lancer Racing, el coche que la marca japonesa ha preparado en Francia, fabricado artesanalmente, para volver a reinar en el Dakar. Es el primer diésel de los nipones y Dominique Serieys, el afable y eficaz jefe del equipo, también está aquí, como un presidente de club de fútbol presente hasta en los partidos de exhibición.

Llega mi turno. Lucas Cruz, habitual copiloto de Roma, me ayuda con el casco y los arneses. "Tranquilo que esto no es nada", me dice confiado y me imagino lo que debe ser ir sentado al lado de Nani los más de 9.000 kilómetros del próximo Dakar en Argentina y Chile. "Venga, vamos allá", le digo y mete primera, acelera y el nuevo motor diésel del Mitsubishi aprieta con fuerza. La bestia de 1.900 kilos de peso y seis cilindros turbodiésel demuestra sus 280 caballos de potencia. "Agárrate ahora". Y para empezar un salto, con las cuatro ruedas en el aire. La caída, sobre el colchón de la amortiguación del coche. Es una atracción de feria, lo más parecido a la montaña rusa de las fiestas del pueblo. Nani sigue a lo suyo, cuando aparece la primera curva, a cincuenta metros empiezo a pensarlo, ahora es cuando frena, bueno aún no, ahora, ahora. Pero no, el freno no se toca todavía, su pie se posa sobre el pedal del acelerador. Cuesta arriba, tercera, cuarta marcha, piedras en el camino, un enorme bache y el nuevo Lancer que continúa adelante sin problemas, como un tanque del futuro.

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En la siguiente curva se observa un precipicio a la derecha, justo a mi lado y Nani frena por primera vez, casi no se ve lo que hay delante y el catalán gira el volante, brusco y efectivo, el coche va por donde él quiere, no hay preocupación en su cara, esa sensación se ha pasado al asiento de al lado. Sigue adelante, ahora una bajada y el coche llega casi a los 160 kilómetros por hora, pero parecen 300, otra frenada y en el coche se oye un grito. Diversión pura, como en la montaña rusa. Más baches, un par de charcos, el suelo que parece abrirse a nuestro paso, detrás una enorme estela de polvo. Delante, Marc Coma con su KTM, casi de paseo. "¿Vamos a por el motard, tío? Como en el Dakar...", sonríe Nani. Pero el otro campeón español del Dakar se aparta al lado verde del campo. Los 4.650 metros están acabando, otra curva, cinco acelerones más, arriba, abajo, el cuello empieza a doler, una recta, de nuevo acelerador a tope y la última curva... el coche se abre en una derrapada interminable y el cockpit se llena de risas. Talento puro. "Eso te lo he hecho para tí, eh chaval. ¿Te ha gustado, no, tío?". Sólo puedo mirarle con la boca abierta. La recta final y un apretón de manos. Gracias, amigo.

Después le tocó al turno al cocinero Arguiñano que temió acabar con un poste de madera de los que delimitan la ruta dentro del coche, y a Coma en una imagen de dos ganadores, de dos colegas de aventuras compartiendo coche. Lucas Cruz me ayudó a salir y mi gesto de gratitud sólo significaba admiración, la que siento por los héroes que, dentro de un coche de carreras, se juegan la vida en el desierto. El tres de enero empieza su aventura en América. Suerte, mucha suerte.

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