Vuelve el Dakar... pero otro Dakar

Raúl Romojaro
Redacción de AS
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Cada temporada, la presentación del equipo oficial Repsol es algo así como el chupinazo de salida del Dakar. Este año la puesta de largo de una estructura que no tiene parangón en los raids se ha adelantado, como consecuencia de la logística necesaria para enviar todo su material hasta Argentina. Pero aunque falte casi mes y medio para el inicio de la competición, este evento vuelve a ser su punto de partida. Desde hoy hablaremos más de la prueba, de sus protagonistas y de la revolución que representa su celebración en Suramérica. Y es ahora cuando, realmente, nos damos cuenta de que se llama igual... pero no será exactamente lo mismo. Puede que su espíritu perdure, pero África estará tan lejos que resulta difícil hacerse a la idea de que estamos hablando de la misma cosa.

Otorgándole al nuevo Dakar el beneficio de la duda que merece cualquier iniciativa novedosa, vaya por delante que en mi opinión se pierde parte de su magia con el traslado. Desde luego que Argentina y Chile tendrán encantos inconmensurables de los que todos disfrutaremos (unos como protagonistas y otros desde la distancia), pero la esencia africana me parece irreproducible. Sin embargo, lo que peor llevo es la sensación de que el deporte se ha visto obligado a hincar la rodilla ante circunstancias que nada tienen que ver con él. La realidad es que las amenazas fueron efectivas y el año pasado no hubo carrera... y ahora la que tenemos es otra cosa. Una batalla perdida que no resta ni un ápice de interés en lo deportivo, pero sí que entristece a todos los que creemos que la intolerancia no conduce a ningún lugar.

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