Veinte años del último doblete en el Mundial
'Aspar' logró, en 1988, los títulos mundiales de 80 y 125cc. Ningún otro piloto ha podido repetirlo: "Ahora es mucho más difícil, casi imposible"

Dos décadas han pasado ya desde la última vez que un piloto fuera capaz de conquistar dos coronas mundiales en la misma temporada. Lo hizo un español, Jorge Martínez 'Aspar', quien logró los títulos de la extinta categoría de 80cc más el de 125cc. Un doblete que nadie ha sido capaz de repetir y que el piloto valenciano recuerda con nostalgia ahora que se celebra esta efeméride: "Aquella temporada 1988 fue muy especial. Las Derbi eran motos muy rápidas, aunque difíciles de pilotar y poner a punto. Pero me supe adaptar bien a ellas y sacarles el máximo partido".
Jorge reconoce las complicaciones del reto de competir en dos categorías: "A veces se corría la prueba de 250cc entre la de 80 y 125, pero en otros grandes premios no era así. Entonces no me quedaba más remedio que irme directo al camión, secarme el sudor, cambiar el mono y salir corriendo para subirme a la otra moto".
Ante tales dificultades, considera que en el Mundial actual es improbable que nadie repita su gesta: "Hoy la exigencia en entrenamiento y concentración es muchísimo mayor. Las diferencias entre los pilotos son cada vez menores, bajar los tiempos supone un esfuerzo enorme. Por eso creo que ahora es más difícil, casi imposible, correr en dos categorías".
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No es de extrañar, por tanto, que en este tiempo para el recuerdo Aspar se sienta satisfecho de su trayectoria: "Me llena de satisfacción haber ganado cuatro mundiales y 37 grandes premios. Empecé a correr siendo un niño, con quince años, porque me apasionaba y haber llegado a lo más alto es una gran alegría. Por eso también me enorgullezco de seguir ligado al mundo de las motos".
El de Alzira tiene claro cuál ha sido el secreto de su éxito: "El tesón, incluso a veces la cabezonería, por hacer las cosas. Aunque también considero que hay que saber aprovechar el 'hambre' por alcanzar grandes retos". Una cualidad que, admite, puede llegar a ser un inconveniente: "A veces el excesivo empeño raya lo obsesivo y eso puede ser un defecto. Por suerte, no me pasa demasiado a menudo".
