El chico que nunca quiso ser un héroe
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Aquella niña al mirar a su abuelo no pudo evitar preguntar con el descaro de sus seis años: ¿Por qué no tienes pelo? Se me ha caído, dijo el anciano. ¿Dónde, dónde?, respondió la niña buscando por el suelo. Ese mismo asombro decora el rostro del que observa a Isidre Esteve en su coche, o le ve mientras come, o cuando se sienta en una cafetería a contarte la vida sin versos. Entonces sólo queda la admiración. Estoy paralítico, podría decir entonces. ¿Dónde, dónde?
Isidre es una de esas personas a las que se les ve el alma y su espíritu prevalece ante cualquier destino. Porque más allá de victorias y decepciones, de dunas recordadas en sueños y libros de emoción, de motos que se desbocan como caballos enviados por la dama negra, de suertes y sorpresas, más allá de hazañas sin más sentido que los sentimientos, más allá de todo misterio está el coraje de este chico de Oliana que ahora inicia otra aventura tras superar la más grande de las amenazas. Cambia de máquina para el mismo desierto, otro trabajo en el lugar donde habitan sus sonrisas, las que se hicieron más grandes en el camino. Una noche Jordi Pujol le dijo muy serio: "Tú ahora eres un héroe chico. Eso es así". El piloto ocultó su rubor con una mirada y respondió: "No, no soy ningún héroe, sólo pretendo vivir". Suerte. En la vida.
