"Era impensable que un español ganara en MX1"
Jonathan Barragán consiguió el pasado domingo en Holanda la primera victoria española en una manga de la clase reina del motocross (MX1), una gesta que intentará repetir varias veces al manillar de su KTM 450 porque su objetivo real es coronarse campeón del mundo este mismo año


A sus 21 años, Jonathan Barragán ha asimilado su histórica victoria en una manga del Mundial de MX1 con la naturalidad de quien sabe que es sólo el primer paso hacia su gran objetivo: ser campeón del mundo de motocross. El madrileño recibió ayer a AS en su casa de Getafe, donde le gustaría "que se hiciera un circuito en algún terreno".
Cuéntenos su historia, el origen de todo hasta el triunfo en la impronunciable localidad holandesa de Walkenswaard.
Correr el Mundial de motocross era mi sueño desde niño y me pasé mucho tiempo intentándolo. Toda la afición me viene de familia, porque mi padre (Jesús) y mi tío (Juanjo) corrían y fueron campeones de España en su época de la categoría grande. Súper se llamaba entonces. Mi padre ha sido el que me ha enseñado todo lo que sé y si no hubiera sido por él no habría llegado hasta aquí.
¿A qué edad le dejó subirse a una moto por vez primera?
A los cuatro o cinco años, y siempre en una de motocross. Empecé montando a la vez que mi hermano Jesús, que me saca dos años, y que mis primos, pero todo por pura diversión. Mi primera carrera la hice con siete años, en el circuito que había en Paracuellos del Jarama, con una Kawasaki KX60, y me parece que acabé cuarto. Poco a poco fui subiendo mi nivel y a los nueve años ya era subcampeón de España alevín de 60cc. Como juvenil gané tres nacionales y como júnior fui subcampeón del mundo y varias veces campeón de España.
¿Cuándo la afición de niño pasó a convertirse en su vida?
A partir de los catorce años fue cuando nos lo empezamos a tomar más en serio y cuando me di cuenta de que mi sueño de ser campeón del mundo de motocross podía empezar a tomar forma. Eso sí, entonces no tenía ni idea de lo que tenía que hacer para emprender ese camino ni cómo me iba a ir.
¿Y cómo fue el arranque de ese camino que hoy sigue?
No sabía si tenía que irme a Bélgica a entrenar, como han hecho todos los buenos, o quedarme aquí, pero sí que quería cumplir mi sueño de correr en el Mundial, así que me fui allí con 17 años.
¿Fue duro?
Sí, pero lo hice porque me gustaba mucho el motocross, que allí es como para España la velocidad, con muchos campeones. Tuve que dejar de estudiar y marcharme a Bélgica en el 2002 para entrar en un equipo de KTM de tercera fila y con él al Mundial de 125.
¿Se fue solo?
Se vino conmigo al mismo equipo otro piloto español, Álvaro Lozano, y como él era un par de años mayor que yo se convirtió un poco en mi ángel de la guarda. Yo no sabía ni lavar la ropa y él me enseñó a sobrevivir. Me acabé apañando bien porque me pasaba el día montando en moto, entrenando y, la verdad, se me hace más duro irme ahora que antes.
¿No será que se ha echado novia y le cuesta más irse?
No es por eso, ahora no tengo novia, pero me gustaría pasar más tiempo en casa con la familia y los amigos.
¿El verdadero sacrificio empieza ahora?
No, eso no, porque miro todo lo que he recorrido para llegar a esta situación y veo que es muy bonito estar donde estoy.
¿Qué ha sido lo más difícil?
El haber estado tanto tiempo lejos de mis padres, lo que se notaba más cuando me salía una mala carrera y me la tenía que comer solo, porque ellos no podían venir a todas las carreras.
El pasado domingo sí que estaban en Holanda. ¿Les había chivado que podía ganar allí?
No se lo dije así, pero sí que es verdad que no me pilló por sorpresa. Lo veía factible porque estoy físicamente muy bien y la moto es mejor que la del año pasado. La que llevo ahora es pata negra. Llevaba mucho tiempo esperando ese momento...
¿Qué le hace distinto a otros que lo intentaron antes?
No lo sé... Soy muy cabezón y cuando me propongo un objetivo no paro hasta que lo consigo. También haber tenido la ayuda de mi padre, porque sabe mucho de motocross, y el ambiente crosero de toda mi familia.
¿Qué tenía el motocross para los Barragán que no tenga la velocidad u otra disciplina?
Ver una salida de motocross, con cuarenta pilotos en línea, nos pone la carne de gallina. Se llega a la primera curva entrando todos a saco y con un contacto bestial. No es como otras modalidades. Y luego están los saltos, que son una pasada.
¿Cuál es el más salvaje que se ha marcado?
De cuarenta metros de largo, con una altura como dos veces la de un puente de la M-40, unos quince metros.
¿Dónde se marcan las diferencias en el motocross?
Todos saltamos bien. Creo que en el paso por curva.
¿Ganó por eso en Holanda?
Ahí decidió lo fuerte que estoy físicamente porque, después de tener una batalla bastante bonita con mi compañero de equipo, Philippaerts, él se fatigó y yo aguanté. Nos pasamos cinco o seis veces picados a muerte. Me lo pasé bien. En este deporte se necesita mucho fondo.
¿Es ése su fuerte?
Sí porque aguanto bien las mangas. Piloto relajado, sin gastar mucha energía. Creo que soy fino y que sé elegir bien las trazadas, algo básico en esto.
¿Qué le queda por mejorar?
Muchas cosas. La más importante es mejorar en el barro y en la arena, aunque la manga que gané en Holanda era en arena.
Toni Elías, un pionero del motocross, dice que el que es capaz de ganar en Holanda puede llevarse varios títulos...
(Se ruboriza y asiente con la cabeza). Es que la arena de Holanda era un terreno imposible para los españoles. Antes era impensable que un piloto español ganara allí en MX1 y él sabe lo que dice. A mí me gustaría ser campeón del mundo y me veo con capacidad y fuerza para hacerlo. Además, soy joven. Hay pilotos que aguantan hasta los 33 años y yo sólo tengo 21.
Me gusta que hable claro de que su ambición es el título.
Es que si no voy a por otra cosa para eso me quedo en Madrid. Estar por estar es tontería, aunque sé que aún no he conseguido nada.
¿Quiénes fueron sus ídolos?
McGrath y Everts, al que ahora tengo de director deportivo en KTM y eso es un lujazo. Estuve entrenando con él, montando en kárting y hasta tirándonos en paracaídas en Castellón.
¿Paracaídas? Va a ser cierto eso de que los pilotos de motocross estáis un poco locos...
(Se ríe). Yo no. Son más los que hacen freestyle como Torronteras y estos. Por cierto, no me pierdo por nada cada año el meeting de Las Ventas.
Ellos se rompen mucho. ¿Pasa igual en el motocross?
Tocaré madera, porque no he tenido muchas. Sólo algunas de brazo, escafoides y una rodilla que tengo tocadilla.
Noticias relacionadas
Volviendo al dios Everts, ¿qué le dijo de su victoria?
Que sabía que podía hacerlo y que debo creer más en mis posibilidades. Voy a hacerle caso.