Quince accidentes en la víspera de las 500 Millas
Las 'Craftsman Series' que se corren con camionetas pick-up calentaron el ambiente en el óvalo de Daytona en el que hoy se disputa la 49 edición de la prueba Nascar que congrega a 200.000 espectadores en las gradas

Boogity, boogity, boogity! Let's go racing, boys!". Con esa frase, una especie de a correr, muchachos, propiedad intelectual del ex campeón de la Nascar y actual comentarista Darrell Waltrip, arrancará hoy la edición 49 de las 500 Millas de Daytona. Es la versión gamberra y sureña del más elegante "Gentlemen, start your engines" (caballeros, enciendan sus motores), que puede escucharse en Indianápolis y pone en marcha la 'Gran carrera americana'. Un acontecimiento que congrega a más de 200.000 personas para disfrutar de una semana de velocidad.
Porque las 500 Millas no son más que el colofón a siete días de éxtasis colectivo en torno a un óvalo de cuatro kilómetros. Miles de aficionados peregrinan desde los más recónditos lugares del país hasta el estado de Florida, instalan sus autocaravanas y acampan en las inmediaciones del 'Speedway' para ver de cerca a sus héroes.
En Europa el fenómeno es difícilmente comprensible, pero en Estados Unidos se han acostumbrado a adaptar cualquier deporte a sus propios cánones de espectáculo, y el automovilismo no iba a ser una excepción. La Fórmula 1 pasa completamente desapercibida. Si no hay contacto físico, no interesa. Si alguien toma distancia a las primeras de cambio, es que las reglas están mal hechas. En ese aspecto, las 500 Millas de Daytona se adaptan perfectamente a lo que reclama el americano medio. Un show que le entretenga más allá de quién resulte ganador al final de una carrera donde la emoción y los choques son moneda corriente.
Igualdad.
El mejor ejemplo de todo lo anterior se pudo ver en las 'Craftsman Series', una carrera soporte de la Nascar que se disputa en pick-up, la típica camioneta americana. El resultado es desolador: quince accidentes espectaculares que, por suerte, no provocaron ningún herido de gravedad. Las imágenes son elocuentes, pero el resultado también. Apenas unas milésimas separaron a los tres primeros clasificados después de 400 kilómetros recorridos. Ganó Jack Sprague.
Las 500 Millas congregan frente al televisor a dieciocho millones de estadounidenses, y los anuncios emitidos durante la prueba se encuentran entre los más cotizados del año. El negocio de la Nascar supera los 2.000 millones de dólares anuales, lo que le convierte en el segundo deporte más seguido tras el fútbol americano. Todo un show business digno de atención. Let's go racing, boys.
Récord de veteranía
James Hylton, piloto de la Nascar en los 70, intentó sin éxito clasificarse para las 500 Millas a los 72 años. Acabó penúltimo en la calificación.
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Premios para todos
El ganador de las 500 Millas se llevará a casa más de un millón de dólares. Pero para el último también hay premio: más de 200.000 dólares.