Rallies | Prueba del Tuareg

Carlos enseñó a AS los peligros del Dakar

El bicampeón de rallys llevó a uno de nuestros redactores de copiloto a toda velocidad en una playa con pequeñas dunas y hierba de camello

<b>EXPERIENCIA ÚNICA. </b>Nuestro redactor junto a Sainz minutos antes de rodar en la playa.
Manuel Franco
Redacción de AS
Actualizado a

Eso sí es hierba de camello", dijo Carlos Sainz un poco antes de que una pequeña montaña con un peinado de juncos desapareciese ante nosotros. El piloto que más etapas ha ganado en el último Dakar se dirigió hacía ese obstáculo de manera firme y lo cogió por el centro, pero la hierba de camello sólo hizo que el Race Touareg se moviera un poco ante una dificultad en la que otros coches hubieran volcado. Antes le había preguntado, frente a las hermanas pequeñas del enorme montículo, si eso era hierba de camello, y la respuesta no tardó en llegar.

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Carlos Sainz tuvo la gentileza de subir en su coche a un grupo de periodistas invitados por Volkswagen entre los que se encontraba este redactor, y la experiencia resultó maravillosa. El madrileño sí sacó el máximo rendimiento del Touareg, un coche con un excepcional motor diésel capaz de llegar a los 210 km/h, pero sobre todo un chasis y una amortiguación realmente impresionante, quizá el elemento más caro del coche, según el propio Sainz. "Este coche debe ser el primer diésel en ganar el Dakar y a mi me gustaría lograrlo, aunque la prueba africana siempre será un 'además de' después de ganar en rallys, pero sigo con la ilusión de ganarlo", explica.

Carlos empezó rodando muy rápido en la playa hasta llegar a la curva artificial en la que volantea con decisión y el coche se va de un lado a otro totalmente cruzado, parece que vamos a acabar en el mar cuando el piloto gira el volante y de repente seguimos el rumbo indicado. Después llegamos a la zona de pequeñas dunas y el Touareg las destroza ante inmensas roderas. Unas cuantas derrapadas y un pequeño trompo más allá, Sainz me da la mano. "¿Te ha gustado concejal?", y le enseño una sonrisa de esas que ponen los niños cuando les regalan el mejor de los sueños.

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