La civilización cada vez tiene menos letras

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Hace frío, mucho frío en la noche de este lugar de contrastes junto al Atlas. Antes el sol quema, pero a partir de las seis de la tarde la temperatura va descendiendo hasta que el mercurio rebasa el límite del cero y se hiela. Cuesta escribir con las manos vestidas por guantes de hielo. Er Rachidia, una ciudad de 20.000 habitantes que toma su nombre del decimoséptimo sultán de la dinastía alauita, Moulay Rachid.
El actual Rey de Marruecos, Mohamed V, aparece por todas partes, en carteles y retratos de militar. Hasta aquí llegamos después de ver el amanecer portugués y dejar atrás la Península Ibérica. Un sitio donde la palabra civilización va perdiendo sílabas hasta desaparecer ya en Mauritania. La ciudad está repleta de arena rojiza, casas de adobe y tiendas. Hasta el mercado tradicional me lleva Ali, que trabaja en una empresa de transportes turísticos en un vetusto Peugeot. No acepta dinero. En el centro de Er Rachidia el blanquito español de gafitas es el centro de las miradas. Encontramos una especie de hotel de media estrella recortada, el M?Daghra. Allí, en unas pequeñas camas, pero dentro del saco de dormir habrá ¿descansado? este periodista. Antes, en la tarde, después de comer unas verduras duras como los pies de Cristo que diría mi madre, las fuerzas me fallan y una llamada a Madrid me devuelve a la vida. Al lado del hotel está la consulta del dentista de Er Rachidia. No hay nadie, afortunadamente para el paciente. Sólo un viejo sillón, dientes de plástico duro, oro y plata y unas herramientas que parecen salidas de un taller de motos de los años 70. La civilización cada vez tiene menos letras. La aventura ha comenzado.
