Raids | Lisboa-Dakar 2007

Desde este lugar todavía no se ve África

Manuel Franco
Redacción de AS
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Un vetusto marcador electrónico reina en el pequeño pabellón deportivo de Portimao, convertido en sala de prensa improvisada del Dakar. Día de Reyes de trabajo. Las llamadas de Madrid me llenan de lágrimas y regalos de sonrisas. No hay nada como el día en el que los Reyes Magos llegan a las casas ofreciendo ilusión y vida. Al Algarve llegamos de noche, como los ramos de flores en enero, tras montar por primera vez este año en un irónicamente espectacular avión de hélices. De reojo miro el aeropuerto de Faro, recuerdo de malos momentos. El hotel parece una pequeña edición de bolsillo del Benidorm más clásico, juegos de mesa, el sol entrando por las ventanas, veinte pisos de altura y una media de edad de ochenta y tres años, pocos portugueses, la mayoría llegan de la 'pérfida Albión' o las frías tierras germanas. Quizá ésa sea la razón por la que, pese a los ocho grados de este lugar del Algarve, ellos, y sobre todo ellas, están en pantalón corto y bañador tostándose, o lo que sea, al sol portugués.

Al principio del día dio tiempo para un paseo en solitario por la playa cuando el amanecer ya se había hecho mayor. Después, ya en marcha, más acreditaciones y verificaciones cuando me cuentan que hay quien llora con las palabras. Y los pilotos rodando, compitiendo sin vivir aún su Dakar, ése por el que están aquí y que habita más allá del estrecho en el que algunos se juegan el futuro y el presente. Aún no ha empezado la aventura y la carrera sigue en la vieja Europa, pastelitos de crema y dulces lusos en el polideportivo de prensa y un restaurante con pescado fresco en el puerto de la ciudad. Aún no hay arena y luce el sol en esta ciudad de vacaciones, no se ve África escribiendo en este suelo de parquet.

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