¡Vente al Dakar, Valentino!
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No hay cosa en el mundo que me incomode más que la negación del talento. Entiéndanme, las injusticias sociales y todas esas milongas políticas realmente me destrozan el alma. Pero la envidia de los que no admiten esa virtud casi renacentista de determinados deportistas llega a irritarme. El paradigma de este asunto tiene nombre italiano, como no podía ser de otra manera, y la magia de los más grandes entre los grandes: Valentino Rossi. El piloto ha conseguido siete campeonatos mundiales de motociclismo, repartidos en todas las categorías, pero este año no ha podido revalidar su título ante ése, ejem... gigante del deporte universal llamado Nick Hayden. Muchos echan la culpa del desastre al romance sin boda que Rossi vivió con la F-1.
No hay duda de que Vale no es Fernando Alonso. Sin embargo, la primera vez que pilotó un Ferrari, en Fiorano, se quedó a dos segundos de Schumacher. Un mundo en la F-1, pero una demostración de coraje para quien nunca se había subido a un monoplaza. ¿Sería capaz el derrotado campeón alemán de hacer lo mismo subido a la Yamaha M1? Ahora Rossi ha acabado su primer rally del Mundial, no la vuelta a Urbino, sino el de Nueva Zelanda y casi termina entre los diez primeros. No está mal para este intruso. Ah, y en MotoGP ganó cinco carreras por dos de Hayden, aunque en Cheste se empeñara en demostrar que hasta los que nunca mueren son humanos. El año empezará con la leyenda del desierto. Hasta en África lo haría bien. ¡Vente al Dakar, Valentino!
