Alonso fue el héroe de los legionarios
¡La próxima vez vamos a Cuba! Lo dijo José Luis, el padre de Fernando, mientras recogía sus cosas en Torrejón. Lo comentó con socarronería asturiana, tan satisfecho como el resto por la misión cumplida e igual de cansado tras casi veinte horas de un inolvidable viaje.

La discreción de José Luis, elegante, y siempre alejado un par de metros, a salvo de las fotos, es algo más que una anécdota. Nos descubre su influencia en Fernando y nos explica en algún grado su timidez, pero también su ironía y su exquisita educación. Durante el viaje al Líbano no negó una solicitud, ya fuera un autógrafo o un retrato, y pudieron ser cientos. Aunque también recibió peticiones más particulares: un legionario le acercó el teléfono para que saludara a su hija. También lo hizo, afectuoso. Y así transcurre cualquier incursión del campeón en el mundo de los mortales: no importa si da dos pasos o cien. Siempre son lentos. Flashes, abrazos, firmas y esos golpecitos en la espalda que nos irritan tanto a todos los que tenemos espalda. Imaginen.
Como sucede con los tímidos, es fácil intuir cuándo se siente a gusto. Y el contacto con el campamento y con los legionarios tuvo ese efecto. No era una visita de compromiso. Alonso quería estar allí. Fue su propuesta. Y lo curioso es que en medio de ese universo en miniatura encaja perfectamente, porque los militares manejan una coordinación que tiene mucho que ver con la coreografía de los equipos de F-1. Todo está cuidado, hasta el detalle más mínimo. Un ejemplo: en las austeras tiendas de mando los ordenadores exhibían salvapantallas con la imagen de Alonso con los puños apretados.
La impresión que le causó ese ambiente, creo que afín a su carácter pulcro y perfeccionista, explica su cercanía con los soldados: "Hacéis un trabajo importante, que realmente vale". Y también justifica que aceptara que le pusieran varias veces el chafín, la gorra típica de los legionarios. Y es sabido lo duro que es para un tímido cubrirse la cabeza con un elemento extraño, y encima con borla.
Durante 'El Larguero', Alonso disfrutó, francamente. José Ramón de la Morena mantiene con él una complicidad reservada a muy pocos, los que en lugar de ofrecerle la mano, le dan abrazos de oso. El piloto agradece una amistad anterior a los títulos y, además, se divierte mucho. Hasta acepta que le menten a la novia: vida privada, territorio prohibido. Menos para los amigos.
Mezcla explosiva.
Si el viaje al Líbano resultó una experiencia fantástica, el contraste del campeón con José Antonio Camacho fue delicioso. Combinan bien, a pesar de sus diferencias. Uno más reservado y el otro absolutamente arrebatador. Camacho, entre legionarios, es merluza en salsa verde. Antes de que hable, lo adoran. Y lo reciben con gritos de "¡Viva España! ¡Camacho, ole tus narices (o así)!". Y cuando se despide, lo adoran más. "¡Estoy orgulloso de estar aquí! ¡Feliz Nochebuena!". Luego, entre bambalinas, el ex seleccionador se muestra bromista y feliz, capitán general: "Por cierto, si yo fuera el enemigo atacaba esta noche...".
Acabó el programa y todos salieron contentos. Unos, los más, en dirección a las tiendas de campaña. Los otros, camino a los cuatro coches civiles que devolvían a la expedición de El Larguero al aeropuerto. A excepción de los conductores (menos mal), nadie tardó demasiado en caer dormido, poco importaron los socavones y las curvas. En Beirut llovía a cántaros. Mala noticia para la base, porque el suelo es arcilloso y apenas filtra el agua, lo que provoca enormes barrizales. A la espera del embarque, a las cinco de la mañana, Alonso siguió firmando y fotografiándose con admiradores, rescatando su sonrisa de algún lugar de la fase REM. Camacho, entretanto, que también firma y sonríe, se desparramó en un sillón y aseguró que se sentía como si se hubiera caído de un quinto. Todos rieron. Luego, en el avión, se oyó respirar profundo. Misión cumplida.
24 horas junto a Fernando
Lunes 13. 11:05. Fernando aterriza en la base de Torrejón de Ardoz en un jet privado que viene de Asturias. Junto a él, su padre, su mánager y un amigo de toda la vida (Alberto).
11:15. Baja de la furgoneta y empieza la primera sesión de abrazos, fotografías, apretones de manos y autógrafos. Se le ve muy ilusionado. Le agrada conocer a un Camacho entusiasmado con la visita a las tropas.
11:25. El simpático coronel Fonseca, piloto del avión que nos llevará a Oriente Medio, le entrega una cazadora del Ejército del Aire con su nombre y su grupo sanguíneo bordados. A Fernando le encanta. Más autógrafos a militares del aeropuerto. Sonríe a todos.
11:27. El comandante Rodríguez se rinde a Fernando: "Qué equivocado estaba con él. Yo pensaba que era un poco arrogante, pero me ha dejado asombrado. Me parece muy tímido y me sorprende la paciencia que tiene ante tanto agobio".
11:40. Despegamos. El piloto anuncia 4 horas y 20 minutos hasta el destino.
11:55. Los oficiales que viajan con nosotros vencen su timidez inicial ante el campeón y, al verle tan accesible, se acercan a él. Fernando firma, vuelve a posar para la foto con todo el que se lo pide y charla.
12:30. Saca la PSP personalizada que siempre lleva, con su nombre inscrito y la leyenda Campeón del mundo. Va a jugar la Copa del Rey y escoge su Madrid. La primera eliminatoria es contra el Castilla y gana. "El juego es bueno, pero los comentaristas (Paco y Lama) son flojitos", bromea.
12:55. Gana al Barça 2-3 en el Camp Nou. "Vaya partidazo", dice. En la vuelta quedan 3-3 y pasa él.
13:30. Formamos una tertulia con Fernando, su padre y su mánager. Hablamos del futuro en McLaren, de sus visitas a la fábrica del equipo en Woking y de que cada vez está más convencido del acierto de su decisión. Al rato, llega De la Morena: "¿Qué tal astro? Vamos a liarla buena. En un rato te vienes a la parte de atrás y te explico la idea que tenemos para el programa".
14:15. José Ramón y el resto del equipo le explicamos el guión inicial diseñado. A Fernando le parece bien.
14:30. El campeón sabe que está entre amigos. Nos cuenta que la vida le va bien, que estuvo en el pueblo de su novia, Teror, en la isla de Gran Canaria, y que conoció a sus padres.
16:05. Tras un viaje muy agradable, divisamos, en la maniobra de aproximación, una bonita ciudad junto al mar que aparenta tener mucha vida. "¡Cómo mola Beirut", se escucha dentro de la cabina. Aterrizamos.
16:15. Junto a la escalerilla del avión le espera el embajador español, su mujer y su hija. También varios de los mandos del contingente español que nos llevarán a la Base. Más firmas. Es el peso de la fama, pero sigue encantador con todos.
17:00. Salimos en convoy formado por cinco coches de grandes dimensiones. Los militares nos escoltan. Un vehículo abre el camino y otro lo cierra. No son todoterrenos del Ejército. Mejor pasar inadvertidos.
17:50. Tras un buen tramo de autopista, nos tenemos que desviar por rutas alternativas. El sello de las bombas israelíes está aún visible y la autovía está cortada en varios puntos. Tres puentes destruidos están siendo reconstruidos por soldados de la ONU.
18:15. Fernando se asombra de lo locos que están algunos conductores libaneses que vienen en dirección contraria. "Es que son ingleses y conducen por la izquierda", suelta. Algunos tienen más peligro que Ralf Schumacher. No hay ni un policía en toda la carretera y vemos a coches cambiar el sentido de la marcha en plena autopista. ¡Alucinante!
18:40. Alonso se lo está pasando en grande con las batallitas de Camacho y las historias de las elecciones del Madrid que le cuenta.
18:50. Atravesamos por territorio Hezbollah. La carretera está salpicada de fotos de milicianos muertos y huchas de la organización terrorista para que los simpatizantes aporten.
19:20. Llegamos al hotel Dana, en Marjayun. El jamón, el lomo y el queso del Asador Donostiarra de Don Pedro Abrego desaparece en minutos. Los camareros nos sirven varios platos de la tierra, pero no triunfan. "Eso yo no lo pruebo. A mí me va el producto nacional", dice Camacho. "La tortilla está buenísima", apunta un Fernando que bebe Coca Cola y Sprite.
22:00. Salimos hacia la Base Cervantes. La excitación aumenta.
22:07. La llegada es apoteósica. Cientos de soldados nos esperan con banderas de España y Asturias. Los vítores y aplausos en honor al campeón rompen el silencio de la noche estrellada. No hace frío. Fernando se queda sin palabras. Es un momento emotivo y mágico.
22:15. El general García Sánchez y el teniente coronel José Luis Puig nos enseñan los entresijos de una base aún en construcción.
22:35. A cada paso, a Fernando le asaltan los miembros del contingente. Los 1.040 hombres y 52 mujeres que forman el destacamento español llevan cámaras o bolígrafos.
2:40. Larrañaga y Frade alucinan: "Lo de este chico es increíble. Qué paciencia". Ningún soldado se queda sin su recuerdo. "Aún no puedo creer que esté aquí. Qué majo", dice una legionaria bastante guapa.
23:00. Entramos en la carpa. Mariano Revilla y Pedro Espinosa han hecho un trabajo impecable. 600 sillas en la sala y un escenario con 5 micrófonos. Un enorme estudio de radio construido de la nada.
01:30. El programa ha ido como la seda. Todo ha salido perfecto. Fernando ha sido nombrado Legionario de Honor y ha conocido a José Luis Torres, el soldado que ha pedido matrimonio a su novia en antena.
02:00. Abandonamos la Base emocionados. Miro a Fernando y a los soldados y se me hace difícil saber quién admira más a quién.
04:30. El regreso al aeropuerto resulta agotador. Fernando echa una cabezadita en el coche, aunque con Camacho al lado es muy difícil descansar porque se mantiene eufórico.
05:45. Una caja con jamón y queso ha desaparecido del avión. ¡Con el hambre que tenemos! "José Ramón, saca ya la tortilla", grita Camacho. Fernando se ríe.
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06:15. Desayuno a bordo y a dormir lo que se pueda.
Martes 14. 10:00. Aterrizamos en Torrejón y acaban 24 horas para enmarcar.