Fórmula 1 | Fernando Alonso con el Larguero

El viaje de Alonso al corazón del Líbano

De la Morena emitió, desde 80 kilómetros al sur de Beirut, 'El Larguero' más largo del mundo, sostenido en un poste por un país bombardeado y en otro por la solidaridad, la del bicampeón y la del equipo de la CadenaSER que le acompañó, Camacho incluido.

El bicampeón, con la base española Miguel de Cervantes de Marjayun
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Hotel Dana, Marjayun, Líbano, a dos kilómetros de la base española Miguel de Cervantes y a menos de cinco de la frontera con Israel. Zona volcánica sin volcanes. Son las ocho de la tarde, pero hace casi tres horas que ya es noche cerrada. En lo que podría ser un restaurante de carretera, Fernando Alonso cena en compañía de José Ramón de la Morena y el general de brigada Juan Bautista García Sánchez. Alrededor, el resto de la expedición de 'El Larguero' y los oficiales que la guían sin que parezca que la custodian. En el acceso al salón-comedor, un enorme soldado español con la metralleta en posición de firmes. Fuera, otro par, también poderosos. Junto a ellos, se ha congregado un grupo de jóvenes con la intención de confirmar el rumor: el doble campeón del mundo de Fórmula 1 está en el pueblo. Es cierto.

No es raro que haya hambre, el viaje ha sido largo. Comenzó al mediodía, en la madrileña base de Torrejón. Fernando Alonso llegó en un vuelo privado procedente de Oviedo y enganchó la escalerilla del jet que le transportaba con la del Boeing 707 de las Fuerzas Aéreas Españolas. En ese brevísimo intervalo, firmó una docena de autógrafos y fue retratado otras tantas veces, sonriendo mucho en todas ellas. También recibió de manos del coronel Fonseca una cazadora con el emblema del 47 escuadrón y su nombre en el pecho, exactamente como las que utilizan los pilotos, y también él lo es.

Capitán Camacho.

Ya en el interior del aparato, se sentó junto a un amigo, justo detrás de su padre y su representante. El otro deportista ilustre que acompañaba al equipo de El Larguero asistió al despegue desde la cabina. Era José Antonio Camaho, ante el que los militares, por algún extraño motivo, hacen ademán de cuadrarse, aunque se contienen.

El vuelo duró cuatro horas y media y Alonso pasó buena parte firmando más autógrafos y fotografiándose con los pasajeros, entre los que había oficiales que se quedaron en Beirut enrolados en distintas misiones. Cuando la admiración aminoraba, Alonso aprovechaba para sacar la PSP y ejercitarse en la última versión del FIFA 07, comentarios de Manolo Lama.

Camacho, entre tanto, devoraba los periódicos, después de jactarse, divertido, de lo bien que él había despegado el avión. Trayecto curioso y apacible. En lugar de azafatas, el soldado Abelenda, tan eficiente o más.

Anocheció en el Líbano cuando el coronel Fonseca no aterrizó el avión, lo posó. Dieron ganas de aplaudirle, pero nos contuvimos, marcialmente. Al pie de la escalerilla, el embajador y su familia. Más fotos y más firmas, que se repitieron hasta lo que parecía una sala vip, pero era una sala simplemente. Y gracias. Hace sólo tres meses el aeropuerto de Beirut era bombardeado por el ejército de Israel.

Supervivencia.

Tal vez sea porque la capital del Líbano ha desarrollado un extraordinario instinto de supervivencia, pero lo cierto es que en sus calles más céntricas no se nota el castigo de la guerra. Es cuando se toma la carretera hacia el sur cuando se comprueban de forma meridiana los efectos de la destrucción (lo que en Madrid serían obras). La autopista que a ratos es de tres carriles se convierte de pronto en un camino de cabras, sin cabras, pero con locos. Es frecuente encontrarse con coches que circulan en sentido contrario, kamikazes en son de paz. Esas incidencias hacían que los todoterreno que transportaban a la expedición serpentearan al modo de las chicanes de los circuitos. Alonso, como en casa.

Sidon es la siguiente gran ciudad camino de Tiro y Marjayun. Otra sorpresa. Luces de neón, tienda Disney y Kentucky Fried Chicken (con clientes, incluso). Es una población suní, y los sunís, de momento, no están peleados con nadie.

Veinte kilómetros más allá, el territorio cambia de religión. Se entra en la zona chií donde proliferan los carteles amarillos de apoyo a Hezbollah (el partido de Dios) y los retratos de sus muertos (mártires, según ellos).

La carretera empeora según se acerca a la frontera israelí. Entonces se divisa el primer checkpoint que da entrada a la franja que protegen las Fuerzas de Naciones Unidas, cuya misión es garantizar la paz en la zona. La base española ya está cerca, sólo falta descender un valle y subir una montaña. Mal sitio para perderse. Si llegas a Marjayun has triunfado. Allí te recibe una estatua de San Jorge, porque este pueblo es de mayoría cristiana. Y van quedando pocos. Se calcula que, desde la guerra del pasado verano, 45.000 cristianos han abandonado el país.

Agradecidos.

Después de dos horas (80 km), Alonso llegó al hotel Dana sano y salvo, aunque quizá algo agitado. El conductor de su vehículo había sido piloto de rallys y, como a los miembros del ejército, le gusta la conducción deportiva. Ya en la fonda, el general García Sánchez resumió el sentimiento de los militares ante la visita: "Fernando, os agradecemos muchísimo que hayáis venido hasta aquí para estar con nosotros". "Encantado, de verdad", repitió Alonso, con esa sonrisa de gran premio que se le pone.

Un par de horas después, la caravana tomó rumbo a la base española Miguel de Cervantes, donde se había instalado una carpa desde la que se emitió El Larguero más largo del mundo. En un poste, el Líbano, y en el otro, la solidaridad.

Ya son cinco las ocasiones en las que Alonso ha estado en directo con los oyentes de 'El Larguero'. La primera fue en mayo de 2003, desde la casa del asturiano en Oxford. Los siguientes dos programas fueron en Oviedo, y el último hasta ayer fue el pasado 7 de noviembre de 2005, cuando diez mil personas se juntaron en el Madrid Arena para celebrar el primer título del español.

El secuestro por parte de Hezbollah de dos soldados israelíes el 12 de julio dio origen a un nuevo conflicto entre el Líbano e Israel que acabó el 14 de agosto con más de mil muertos. El gobierno español aprobó el envío de 1.100 soldados dentro de la misión de la ONU para la zona, la FINUL. Las tropas españolas colaboran con el gobierno libanés en el mantenimiento de la paz.

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Y mañana, en Oviedo

Fernando Alonso hizo un auténtico esfuerzo para estar con las tropas españolas en el Líbano. El asturiano se dará otra paliza en avión para poder estar mañana en Oviedo, donde inaugurará la sede que Mutua Madrileña, uno de sus principales patrocinadores, tiene en la ciudad natal del bicampeón. El bicampeón acudirá a la sucursal de la aseguradora por la mañana y descubrirá una placa conmemorativa.

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