Lágrimas de todo un campeón
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Daniel Sordo ha visto llorar a su hijo dos veces en los últimos diez años. La primera fue al poco de cumplir la mayoría de edad, cuando un extraño virus atacó al joven Dani con tal virulencia que estuvo varios meses sin poder andar. Desesperado, se puso al volante de un coche, pero se derrumbó al comprobar que no podía pisar los pedales. No pudo evitar pensar que su gran sueño quedaba cruelmente sepultado allí mismo. Fueron tiempos de crisis, pero fue el propio Dani quien apeló al coraje y animó a sus padres hasta que la enfermedad se fue tal como llegó.
La segunda vez fue en Chipre. En un fin de semana en el que todo lo que podía ir mal fue peor, su ánimo se quebró y rompió a llorar. Sólo encontró leve consuelo en la fuerza del cariño. Se abrazó a sus padres y los tres formaron una piña. Ninguno de ellos olvida que la familia apostó todo a una carta y si hubiera salido mal ahora estarían nadando en un mar de problemas. Pero salió bien y el futuro es espléndido a pesar de fallar los últimos tres disparos. Ahora que ha bajado de la cresta de la ola, resulta oportuno aventurar que saldrá del túnel muy pronto. Lo hará por carácter y por talento. Este chico nació para pilotar, ganará muchas carreras y algún día será campeón del mundo. Apostar por él es hacerlo por caballo ganador.