Fórmula 1 | GP de San Marino

Senna se hizo mito en Ímola

Hace doce años el brasileño sufría un accidente fatal en la curva de Tamburello cuando marchaba líder.

El Williams accidentado.
Manuel Franco
Redacción de AS
Actualizado a

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A las seis y cuarenta minutos de la tarde del primero de mayo de 1994, un país entero empezó a temblar. Por todo Brasil, las gentes salían a las calles. Sus ojos eran hogar de lágrimas y angustia. Lejos, una doctora italiana llamada María Tereza Fiandri acababa de anunciar la muerte del ídolo. Ayrton Senna da Silva, el piloto que les convertía en seres felices cada vez que salía a la pista, era declarado oficialmente muerto. Le habían retirado el respirador artificial que hacía latir su corazón. Ése que le había hecho vivir como si la existencia fuera una aventura que sólo merecía la pena si se obtenía la victoria.

Un día antes, el brasileño había logrado la pole con medio segundo de ventaja sobre Michael Schumacher, después de que Adrian Newey modificase el tren posterior de su Williams. El día de la carrera desayunó con Berger y Lauda. Le recuerdan preocupado. Antes de subirse al monoplaza pidió la bandera austríaca para ondearla en honor de Ratzenberger si ganaba. Habló con los periodistas para criticar la inseguridad de Ímola. Mandó un saludo a Prost diciendo que le echaba de menos en la parrilla. Era sincero. Minutos más tarde la carrera daba comienzo. En la vuelta seis era líder con 0,675 décimas sobre Schumacher. Llegó a Tamburello y se estrelló contra el muro. Su Williams rebotó y casi vuelve a la pista. Senna movió la cabeza dos veces por un impulso nervioso. Ahí acabo su historia. Él lo presintió una semana antes. Hay cosas que se saben. El 2 de mayo los diarios daban noticias negras.

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