Rallies | La nueva figura española

Dani Sordo toda una vida entre motores

El piloto cántabro, la gran esperanza española en el Campeonato del Mundo de rallys, ha vivido desde niño con intensidad el mundo de la competición, gracias a la afición de su padre y a su interés por la mecánica

<b>SIEMPRE SOBRE RUEDAS. </b>Dani Sordo, en la pista de kárting de su familia, montado en un quad delante de dos de sus coches: un BMW y un Mitsubishi.
Pipo López
Redacción de AS
Actualizado a

Nada parece haber cambiado. Cuando Dani Sordo llega al alto de Quijas (Cantabria) y se adentra en el restaurante 'La Torruca', ubicado en un edificio del siglo XVII, todos le saludan con normalidad, comenzando por su propietaria, Juli, que le recibe como si fuera un hijo. Pero, mientras se toma un mosto con unas aceitunas, comienzan las enhorabuenas por sus recientes podios en los rallys de Cataluña y Córcega. Fijándose un poco más, en las paredes abundan los recortes de prensa y hasta la máquina del tabaco está decorada con fotos de la gran promesa de la especialidad.

A pesar del salto a la fama que ha vivido el joven cántabro, que desde que se proclamara campeón júnior, también en Cataluña, se ha convertido en el referente de la especialidad, en su tierra la vida transcurre con normalidad. Dos horitas de gimnasio, otras tantas de inglés y francés y el resto del tiempo lo compagina entre estar con los amigos y ayudar de vez en cuando a su padre en el Kárting La Roca, el negocio familiar instalado en el mismo Quijas.

Y es que Dani sigue, como desde que era un niño, rodeado de motores. Su padre debutó en trial con una Puch Minicross cuando tenía 14 años y posteriormente se proclamó campeón cántabro de rallys y montaña, es dueño del kárting y distribuidor de una petrolera para la zona. No es de extrañar, por tanto, que a los siete años su hijo corriera su primera prueba de karts en Caranceja. El problema es que en Cantabria casi no había competiciones de la especialidad, por lo que se centró en el motocross, con una Kawa de 80cc y en, como él las denomina, "carreras de Mobilettes".

A la par que daba sus primeros pasos en competición, a Dani le fue entrando la vena de la mecánica, y con 14 años comenzó a preparar un BMW al que acopló un motor Alpina y un enorme tubo de escape. "El coche corre menos con él -reconoce Dani- pero hace un ruido bestial". Y, para demostrarlo, lo arranca, ya que sigue estando en su colección y pone cara de gran satisfacción cuando los seis cilindros comienzan a rugir. Con ese vehículo aprendió a derrapar y se inició en carreras de montaña con 16 años.

Su siguiente proyecto fue preparar un Mitsubishi Lancer, precisamente con el que logró su primer triunfo en el Campeonato de España con 19 años. También lo hizo con sus propias manos y aún lo conserva. El problema llegó cuando, una vez acabado y con los 18 años preceptivos para competir, sufrió un virus llamado 'Gillén Barré', que le tuvo seis meses en cama. Por suerte se recuperó y fue cuando comenzó su ascensión fulgurante.

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Ya bajo los auspicios del RACC, le llamó Citroën España, con los que también ganó las dos últimas pruebas del Nacional 2004 a la par que daba los primeros pasos en el Mundial. Un año después, ya con la ayuda de Carlos Sainz, le dio a la firma francesa dos títulos, el mundial júnior y el nacional absoluto.

Para este año iba a correr unos cuantos rallys con el Xsara WRC y defender el título júnior, pero, gracias al buen hacer de su padre buscando patrocinadores y al suyo propio en cada participación, ya no se bajará del coche gordo con el que ha repetido podio este pasado fin de semana en Córcega.

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