"En una carrera por las calles, Alonso no me ganaría"
La vida de Juan Carlos Delgado ha sido llevada al cine en "Volando voy". El Pera (Madrid, 1969) pasó de sacar de quicio a la Guardia Civil a asesorarla hoy en la conducción.

Dice su currículo: "A los siete años pegó su primer palo. Con nueve pilotaba coches como un profesional y burlaba a la policía, que se rendía sin remisión. A los once había sido detenido más de 150 veces. Dejó la calle y se rehabilitó". Acaba de estrenarse su película y pronto aparecerá un libro sobre su vida. El Pera dejó paso a Juan Carlos Delgado y el deporte tuvo mucho que ver.
Correcto.
¿Por qué nació El Pera?
El mote me lo pusieron tras robar un abrigo loden a un niño pijo y me presenté en Getafe con él puesto. Como allí no era habitual este tipo de prendas en chavales me pusieron El Pera. Cuando la policía me conoció, lo popularizó. A ellos les va eso de los motes: El Pera, El Vaquilla, El Jaro... Y, bueno, el Getafe de aquellos años era un lugar difícil y mi cabeza fue siempre muy por delante de mi edad. Había chavales que tenían dos bicicletas y otros que no teníamos ninguna... Me dio por la rebeldía descontrolada y por los coches. Lo llevaba en la sangre y las dichosas malas compañías hicieron el resto. Yo estaba todo el día en la calle y aprendí pronto a conducir. Un día robé un 600, apareció la poli y creyeron que no iba nadie... ¡porque no se me veía por la ventanilla!
¿El fútbol le iba?
Soy del Getafe y del Atléti; me va la marcha, ya ve... El que sigue a estos equipos tiene asegurada la emoción. Y, bueno, de chaval, durante mucho tiempo vestí una camiseta del Athletic que me echaron los Reyes, ya ve...
¿Y antimadridista?
No, que Casillas estuvo en el estreno de la película y es un gran tío. No, yo no soy anti nada. Es más: un día coincidí con Florentino Pérez en una presentación de Audi, que es patrocinador del Real Madrid, hablamos y acabó mandándole una colección de miniaturas a un niño de la Ciudad de los Muchachos.
¿Quién es su ídolo?
Gica Craioveanu, que ha hecho mucho por el Getafe y eso lo tengo claro: si el equipo va bien, la gente es feliz. ¡Y tiene un Porsche que no veas! En tiempos del Pera, ese coche le hubiera durado a Gica diez minutos, ¡ja, ja!
Ya ve: porsches en Getafe.
Sí, en mi época eso había que ir a buscarlo al barrio de Salamanca. Getafe ha cambiado. Hay cosas buenas y malas, mis padres siguen viviendo allí y yo me muevo por el barrio. No es la felicidad, pero es otra cosa. Mi época era la de un chico de barrio obrero, el salario de albañil de mi padre daba para lo que daba: poco, apenas para alimentar a cinco niñas y El Pera.
De colegio, poco.
Estaba a tiro de piedra de mi casa, mi madre me llevaba pero en cuanto daba la vuelta yo también lo hacía...
O sea, que niño fue poco.
Creo que hasta los seis años; ahí me hice hombre. Ahí empecé a robar en el supermercado... Luego fue la época de las bicicletas, las chupas, las tiendas de coches, los bancos... Llegué a ser el rey, no de Getafe sino de España. Apenas sabía leer, la mía era una familia destrozada.
¿Añora algo de todo aquella época?
Nada. Ahora soy más libre porque duermo tranquilo; antes no podía pegar los dos ojos pensando que iba a aparecer la policía.
¿Cómo le cambió la vida?
En casa dieron con una asistente social que les recomendó un centro pionero que se había abierto en Leganés. Se trataba de la Ciudad de los Muchachos, eso me la cambió. Y mire que cuando me llevaron pensé: ¡Bah, de aquí me marcho cuando quiera! Pero se produjo el milagro. Fue en el verano de 1980.
¿Qué es la Ciudad de los Muchachos?
Una ciudad en escala en la que viven más de cien niños. Ellos son los ciudadanos: tienen dinero propio, ayuntamiento... Yo llegué a ser alcalde en dos ocasiones. Sus estatutos la definen como una escuela de democracia, de cultura y de convivencia que respeta, estimula y potencia las distintas personalidades infantiles, juveniles y adultas.
Ya.
Está usted delante de un periodista free lance de motor, piloto probador de coches, dueño de una escuela de conducción en Valencia, asesor de conducción de la Guardia Civil y responsable de recursos y jefe de prensa de la Ciudad de los Muchachos. Todo eso desde la calle, con la magia del tío Alberto Muñiz, el alma de la organización. A mí me salvaron él y el deporte. Alberto es mi Dios en la tierra, el hombre que fue capaz de convertir a un crío que rozaba la barbarie en una persona de bien. La película es la historia de mi vida, hay escenas fuertes para mí y para mi familia, pero era inevitable filmarlas así. Me he visto reflejado en Borja Navas, el actor que me representa: el mensaje es que siempre hay un rayo de esperanza, que se puede salir del pozo y levantar una vida por negra que esté.
¿Quién ganaría en una carrera en la calle, Fernando Alonso o usted?
Yo.
Vale.
El Nano es el más grande, pero en la calle, amigo, no habría color. ¡Ah! Y que no se nos olvide Carlos Sainz, que ha sido un grande. Hay quien dice que ha sido un piloto con mucha mala suerte y yo digo que ¡viva su mala suerte! Ha ganados dos Mundiales con ella; sin ella habría logrado siete u ocho. ¡Un fenómeno! Mi primer ídolo en el motor fue Ayrton Senna. ¡Maravilloso!
¿El deporte forma, eh?
Muchísimo. El deporte hace mucho bien, te enseña lo que es el sacrificio, el trabajo en equipo, la satisfacción de conseguir metas que te parecían imposibles. Y no es fácil llevar una vida normal, hay mucha gente en la calle a la que le cuesta no acabar tirado. Por eso iniciativas como la Ciudad de los Muchachos son tan importantes. Ahí tienes tu oportunidad, para mí es la segunda. Y no pienso desaprovecharla. La libertad es lo más grande que tiene el ser humano.
¿Qué sintió cuando se vio en el cine?
Emoción, responsabilidad, la satisfacción de que mis padres vieran que su hijo, que iba hacia el desastre, es una persona de bien.
¿Qué coche le gustaría conducir y no ha podido?
El McLaren de Fórmula 1, el que llevará Alonso en 2007. Hay un coche para cada momento: el Tuareg para el campo, un Espace para ir con la familia, un Ferrari para ir en compañía y el Aston Martin D89 para ir por la ciudad, ¡ja, ja!
¿Jamás probó la droga?
Mi mono era y sigue siendo la velocidad. Sobre la droga tuve la suerte de que apareció el tío Alberto. Mis colegas pasaron de robar por placer a robar para pagarse la droga; muchos de ellos no lo pueden contar... Aprovecho para decirle que la Ley del Menor tiene muchas lagunas: hay que personalizar, estudiar cada caso y así poder buscar una solución. En esto también hay clases: no es lo mismo el delincuente de barrio que el profesional.
Por cierto, ¿a qué edad se sacó el carnet de conducir?
A los 21 años.
A la primera, claro.
No, la teórica me la tumbaron dos veces por no estudiar, pero la práctica fue un paseo. ¡Si había logrado un campeonato y un subcampeonato de España de la Copa Renault sin tener carnet! Tenía muchas deudas con mi gente, con la sociedad... Volando voy es una manera de pedir perdón y hacer reflexionar a la gente. Vivimos a mil por hora, entre padres e hijos no hay siempre la mejor comunicación... Es como esa locura de los jóvenes por la velocidad que tanto conozco: mirad, no hagáis el tonto o acabaréis en la cárcel. Hay maneras de canalizar esa afición. Yo sufrí montones de accidentes en mis correrías con la policía, puedo contarlo pero me pude quedar ahí más de una vez.
Siempre con la radio a todo trapo, ¿eh?
Camarón, Camarón fue el más grande. Hablan de galácticos y él fue el más grande.
Suerte, Delgado.
Gracias. Me daré por bien pagado si lo que yo viví vale para algo. La vida no es fácil, pero si te echan una mano a tiempo... Y deporte, mucho deporte. Mi redención tuvo muchísimo que ver con él, ayuda a formar personas como pocas cosas en este mundo. En el del motor, el mundillo en el que me muevo mayormente, existen montones de personas maravillosas, capaces de echarle una mano a cualquiera. Me gusta vivir ese ambiente y contarlo después. El periodismo es otra actividad maravillosa, ¿verdad?
Verdad.
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No puede haber un mejor final.