'J. L.' acabó en quad y pretende repetir este año
Álvarez es el único español que ha llegado a Dakar con una moto de cuatro ruedas y vuelve a intentarlo

Junto a las cenizas de lo que por la noche fue una hoguera, José Luis Álvarez parece un mendigo al que le hubieran dado su ración. Son las 5:20 de la mañana y el piloto español intenta calentarse con el desayuno y los rescoldos. Se queja, repite sin tregua que "esto es una mierda, he pasado el frío de mi vida y es que además no tengo más que lo que llevo puesto". J.L., que así le gusta que le llamen, lleva el pelo largo, alborotado y en África sus 37 años parecen haberse alargado. "Voy a intentar llegar a Dakar como sea, me he quedado sin asistencia porque en Portugal rompieron el coche y después no les dejaban pasar el estrecho para llegar a Marruecos", explica con una sonrisa de desesperación. Y es que este segoviano de ánimo irreductible sabe que esta carrera es así, que el Dakar es lo imprevisto y la sorpresa, sea buena o mala, puede aparecer en cualquier momento.
J. L. ha vuelto al Dakar después de que en 2003 consiguiese la hazaña de ser el primer español en terminar la carrera en quad, esos aparatos de cuatro ruedas que llevan muchos muchachos aficionados a las modas y que gente como él tienen desde hace años como instrumento de trabajo. Llegó a las playas de Senegal y cuando subió al podio del Lago Rosa se bajó de su quad y besó la tierra con los ojos inundados de lágrimas. Este año pretende repetir el logro.
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Hacer realidad ese sueño le había costado casi la vida. Durante años lo intentó en moto y no pudo acabar la carrera. Después en quad. El de 2003 era el séptimo intento y además fue subcampeón de su categoría: "Quería ser el primero del mundo en llegar a Dakar en quad, pero no pude por poco, aunque ser el primer español no está nada mal. Bueno, de momento el primero y el único".
Ayer su desafío se complicó. A 200 kilómetros de la meta, la suspensión de su quad se rompió y J. L. intentaba llegar hasta el final del recorrido sin poder pasar de los 30 km/h. Ése es su auténtico espíritu: el de un luchador incansable.
