Dakar 2006 | La etapa de hoy

Rafael Ciscar el primer abandono español de 2006

Tras cumplir su sueño de llegar a Dakar el pasado año, el valenciano se ha retirado por una avería en su KTM

<b>MALA SUERTE. </b>Ciscar tiene que regresar.
Manuel Franco
Redacción de AS
Actualizado a

Sentado en el frío asfalto del aeropuerto que rodea al campamento de la gran caravana del Dakar, con las manos en la cabeza y el gesto sombrío. Así estaba ayer Rafael Ciscar en Ouarzazate. Este piloto de motos ha sido el primer abandono español en la edición 2006 de la gran carrera africana. El motor de su KTM se paró camino de Er Rachidia y no quiso volver a arrancar, la mecánica mostró su lado amargo a este luchador de bondad infinita que, esta vez, no podrá cumplir su sueño. "Me da miedo volver a casa por mi gente", explicaba con lágrimas en los ojos. Su gente le espera con los abrazos abiertos y palabras de aliento, pero él no quiere decepcionar a los que le quieren y siente que ha traicionado a todos aquellos que le han ayudado, de una u otra manera, a afrontar este ambicioso proyecto de competir en el Dakar.

"El mecánico se quiere morir, no hay manera de consolarlo, aunque yo le digo que no es culpa suya, que son cosas que pasan", susurra con la voz entrecortada mientras mira al horizonte y se le escapa una mueca, que amaga con ser una sonrisa que no termina de aparecer en su rostro. Además de Ciscar también abandonó David Oliveras, uno de los pilotos españoles que competía en la categoría de camiones.

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Hace un año, Ciscar también lloraba en África, pero entonces la alegría y la felicidad inundaban su alma. Al fin había terminado esta carrera en el Lago Rosa, esa lucha que inicia cada fin de año como culminación de muchos meses buscando dinero para poder estar, para poder intentarlo.

En 2004 se rompió la clavícula en la etapa antes de llegar a Dakar, cuando ya acariciaba su sueño, pero en 2005 pudo lograrlo y el éxito le hizo olvidar todo lo malo. Ciscar, valenciano, aparecía siempre por el campamento con un cigarrillo en la mano y palabras de ánimo para sus compañeros, las mismas que ahora no le sirven ante la amarga sensación de no poder cumplir un sueño. Lo bueno es que se puede volver a intentar.

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