El matrimonio Roma pone rumbo a Dakar
Rosa Romero, esposa de Nani, participará en la prueba de motos con una Yamaha

En la noche de Kayes, una pequeña aldea de Mali, un amigo francés bromea con Nani Roma. "El año que viene tienes aquí a tu mujer ¿eh, Nani?". La frase no hace gracia al gigante catalán. Entonces, un día de enero de 2005, el piloto no estaba muy convencido. "No, no quiero que venga, le gusta mucho y es muy buena montando en moto, pero me da mucho miedo que le pase algo", explicaba. Casi un año después, ayer, en Vilobí D'Onyar, cerca de Girona, Joan Roma posa junto a su mujer. Al fin lo ha conseguido. Y es que desde hace años Rosa Romero quiere participar en la leyenda africana, pero hasta esta edición no estará, a los mandos de una Yamaha, en la línea de salida de la prueba más dura del mundo. Será la segunda mujer española en Lisboa, junto a la alicantina Amparo Ausina.
"Cuando me lo confirmó, no lo llevaba demasiado bien, pero ahora lo llevo mejor. Me daba un poco de miedo. Sé lo complicado que es el desierto, y que ella fuera sola por allí es duro de digerir. Ahora estoy más tranquilo", explica Roma. A su lado, su esposa sonríe, confía en sus posibilidades y tiene claro que está preparada para el desafío de África.
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"El proyecto que tiene y cómo lo ha organizado me deja más tranquilo. Tiene un mecánico y un mochilero que irá siempre con ella; además, Rosa es muy responsable, sabe dónde están sus límites y no arriesga más allá. Era un sueño que tenía desde hace años y por fin lo va a poder hacer. Estoy muy contento por ella", dice, con la ilusión escrita en su mirada, el campeón del Dakar en motos en 2004.
Sin embargo, siempre están aquellos que piensan que el rendimiento de Roma en coches, este año que quiere subir al podio, se va a ver mermado. La preocupación por su mujer puede pesar en el ánimo de este profesional del desierto. Roma se ocupa de quitar argumentos a los escépticos: "En las carreras me concentro mucho y me abstraigo de todo lo demás. Además, su proyecto me da mucha tranquilidad". Rosa, mientras, mira a su campeón como si le diera la gracias.