Alonso tras la senda de Senna y Schumacher
En los últimos tiempos sólo el brasileño y el alemán han logrado ganar el título sin el coche más rápido de la parrilla. En 1991 Ayrton venció a Mansell y en 1994 Michael a Hill. Ahora Raikkonen debe ser la víctima del talento de Alonso.

Hay varias maneras de distinguir una leyenda. Las más clásicas nos hablan de motivos poéticos como ese supuesto aura que desprende aquel que lo posee. También está la emoción, los sentimientos que el piloto hace aparecer en aquellos que disfrutan con sus hazañas. Después se encuentra esa otra cualidad metafísica que hemos dado en llamar carisma, cuando un piloto se convierte en ídolo, en fenómeno, en una de esas personas admiradas en todo el mundo. Más allá de la poesía y la lírica se encuentra la ciencia y en la Fórmula 1 podríamos encajar la razón en el lugar donde habitan la estadística y los resultados, pero también, y sobre todo, en una característica que sólo los más grandes poseen: un nivel de pilotaje por encima de las prestaciones de su monoplaza.
En los últimos quince años sólo dos pilotos han logrado el título mundial con un coche inferior al de su máximo oponente. Ambos viven en la categoría de mitos del deporte. Ayrton Senna, en 1991, y Michael Schumacher, en 1994, fueron campeones al volante de un monoplaza que no era tan veloz como el que pilotaban sus rivales. Y si hay un piloto, en los últimos tiempos, que haya sido comparado con 'Magic' Senna y con el 'Kaiser' Schumacher ese es Fernando Alonso. El español busca lograr un hito que únicamente estos dos monstruos de la historia del automovilismo han sido capaces de conseguir: ser campeón del mundo sin el coche más competitivo de la parrilla.
En 1991, Ayrton Senna conseguiría el último de sus tres títulos mundiales. El brasileño ganó el Mundial con el McLaren MP4/6 Honda. Este monoplaza se mostró como el mejor al inicio de la temporada, pero el Williams con motor Renault que pilotaba Nigel Mansell mejoró hasta convertirse en el más rápido. La lucha entre ambos fue increíble, pero finalmente se impuso el talento mágico de Senna ante la garra y la calidad del británico, campeón en 1992.
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Michael Schumacher lograría el primero de sus siete títulos en 1994. Su Bennetton Ford comenzó muy fuerte y, al igual que Senna tres años antes, se imponía en las cuatro primeras carreras. Después, otra vez, un Williams Renault con un británico a los mandos, en esta ocasión, Damon Hill, empezaría a ganar carreras con un monoplaza que volaba sobre los circuitos. Llegaron a la última prueba con Schumacher como líder y ambos abandonaron. Resultado, primer título para el gran Michael.
Ahora Alonso quiere repetir la historia y todo indica que puede conseguirlo. El español tenía el mejor coche al inicio de la temporada, pero la evolución del McLaren Mercedes ha superado a la del Renault y ahora Kimi Raikkonen dispone del monoplaza más veloz, aunque ha tenido problemas de fiabilidad. Faltan seis carreras para que un español entre en la historia y se una a los dos más grandes de todos los tiempos. Será cuestión de talento, pero también de ciencia.
