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Sainz se despide por la puerta grande

El 'matador' dice adiós al Mundial definitivamente tras un regreso de dos pruebas en las que ha dejado a Citroën líder del campeonato. Loeb volvió a ganar y el madrileño se subió al tercer cajón en su último rally.

<b>FELICIDAD. </b>Sainz era feliz ayer en su último rally con Loeb a su lado y subido al podio con un Citroën detrás.
Pipo López
Redacción de AS
Actualizado a

Siete meses atrás se había cortado la coleta. No por falta de plazas en las que torear. Los más prestigiosos empresarios de la lidia rallística seguían suspirando por él. La decisión estaba tomada y ejecutada cuando el dueño de la última ganadería volvió a llamar a su puerta. Y él, como un grande que es, como gran figura de los ruedos del Mundial, aceptó el reto, se enfrentó a dos peligrosos morlacos y de nuevo ha salido por la puerta grande, a hombros, y ha aumentado su leyenda.

El mejor piloto de la historia de los rallys, un español, Carlos Sainz, ha dicho adiós al Mundial desde el podio, ese cajón al que ha estado subido la mitad de su dilatada carrera deportiva. En su rally número 195, el último, ha logrado el podio 96. Pero esta vez el matador lo ha conseguido con 43 castañas y tras siete meses disfrutando de la placentera vida del retirado. Y eso le hace aún más grande.

Cuando Carlos aceptó el reto de volver para el Rally de Turquía, Citroën, la marca a la que debía un favor, se encontraba a nueve puntos de Peugeot en el campeonato de constructores. Tras su regreso fortuito para la cita turca y posteriormente para este recién terminado Rally de Grecia, los de los galones han pasado a la cabeza, con cinco puntos sobre sus rivales y a la vez marca hermana en el Grupo PSA. Queda claro por tanto que la decisión de repescarle fue acertada, aunque arriesgada para el bicampeón madrileño.

Porque en este regreso no tenía prácticamente nada que ganar. Él ya era el mejor piloto de la historia, entre otras cosas por que ha ganado más pruebas que nadie, y contaba con un palmarés inigualable. Por tanto, aceptar el reto de regresar poco podía aportarle y, si fallaba, sería un triste final para una brillante carrera. Pero no falló, y en dos rallys ha aumentado su leyenda. Ha puesto el epílogo más bello que nadie hubiera imaginado jamás. Por ello ayer prosiguió el homenaje del Mundial que ya comenzó en Turquía. Marcus Gronholm, todo un bicampeón como él, uno de los pilotos que más clase tiene del campeonato, le pedía los guantes firmados al acabar el rally, clara muestra de la profunda admiración que le profesa. La llegada a la asistencia de Citroën de nuevo fue apoteósica, y una vez más, a pesar de haber sumado su quinto triunfo consecutivo, batiendo un récord, el líder del Mundial, el francés Sebastien Loeb, quedó en segundo plano.

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"Caaarlos, Caaarlos..." el grito se fue extendiendo por toda la explanada que reunía a los equipos en Lamia, donde quinientos años antes de Cristo se libró la batalla de las Termópilas. Dos mil quinientos cinco años después esa tierra ha vuelto a la historia, pero no por las guerras entre griegos y persas, sino porque allí se ha escrito el último capítulo del mejor piloto de la historia.

Y, al llegar a la rueda de prensa final, ni Loeb que, insistimos, acababa de batir el récord de victorias consecutivas y pone rumbo directo hacia su segundo título, ni Toni Gardemeister, que en el mejor rally de su vida arrebató la segunda plaza a un Sainz que no cometió la tontería de arruinar su brillante final en una lucha sin sentido, recibieron la ovación y el cariño de los periodistas que el madrileño. Allí, de nuevo Guy Frequelin intentó convencerle de que fuera a Argentina. Pero no. Esto se ha acabado de la manera más impresionante que se podía imaginar, y ahora el 'matador' pasa a pensar sólo en el Dakar. ¡Temblad, rivales, temblad, que llega el mejor!

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