Fórmula 1 | GP de EEUU

En Indianápolis viví la mayor farsa de mi vida

El comentarista de Telecinco en el Mundial de Fórmula 1 comprobó en primera persona el enorme daño causado a este deporte tras el Gran Premio de Estados Unidos.

<b>INCERTIDUMBRE. </b>La de Indianápolis fue una parrilla atípica.
Actualizado a

Noticias relacionadas

La Fórmula 1 ha dado un serio paso atrás en el último gran premio, y todo porque los implicados sólo pensaron en su propio interés. Parece mentira que no se hayan querido poner en el lugar de los aficionados, que son quienes, en definitiva, compran los coches, el tabaco, los lubricantes y, cómo no, los neumáticos que se promocionan. En medio de la parrilla de salida, parecía imposible que los líderes no se pusieran de acuerdo. Cuando los coches salieron a pista, la historia que vendría después ya estaba escrita: todos sabían que, sin la chicane, no iban a dar más de una vuelta de calentamiento. Pero cuidado, que entre los equipos se vigilaban entre ellos. Las escuderías, en medio de la vorágine, se espiaban unas a otras para que no les pillase ninguno de sorpresa. Vamos, que si Raikkonen salía a pista, Alonso debía ir detrás de él. Cuando los jefazos hablaron ya por última vez en la misma parrilla, era para ponerse estrictamente de acuerdo en entrar en la vuelta de calentamiento. Cuando los coches que abandonaron entraron en grupo, el caos era absoluto, todo el mundo trasgrediendo las normas. Periodistas mal ubicados, monoplazas que pasaban por su lado, cámaras de televisión que entraban en zonas completamente vetadas. La F-1 se había vuelto loca...

Lo que vimos el pasado domingo no debe repetirse jamás. Como parte del espectáculo, me sentí decepcionado cuando me tocó hablar con muchos aficionados llegados de todo el mundo. Me dio pena por Juan, que se había gastado buena parte de sus ahorros para llegar desde Cali. También por la madre de ese aficionado madrileño que se había acercado hasta Indianápolis. Incluso por ese chalado americano que había hecho muchos kilómetros para ver lo que le habían contado de la F-1. Por supuesto, no vendrá más a verla. Me dio rabia por todos, porque me sentía con el deber de responderles algo coherente de una situación ininteligible. A unos metros, los impecables y rellenos policías de Indiana miraban seriamente. En la pantalla gigante, casi se tocan ambos Ferrari: "¡Qué pena!", gritaron todos, esperando que Barrichello y Schumacher se retorciesen y abandonasen definitivamente. Palos había para todos. El público, una vez más, tenía razón.

Te recomendamos en Más motor