Fórmula 1 | GP de España

El fin de los tiempos

Había que ir a Montmeló. Había que saber qué es eso de la Fórmula 1 en directo. Si todos los deportes adquieren otra dinámica en vivo, ¿qué sensaciones ofrecería la Fórmula 1? Pues tremendas. Aunque sea una vez en la vida, merece la pena verla en directo.

Fórmula 1
Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

La salida.Madrugón. Cinco y media de la mañana. Una hora más tarde, la sala de la terminal 2 de Barajas está prácticamente vacía. Al fondo se oye cierta algarabía. Son decenas de personas vestidas de azul. Parecen del equipo Renault. ¿Pero qué hacen los miembros del equipo si desde el jueves están en Montmeló? No, no son de Renault. Son seguidores de Fernando Alonso. Padres con hijos, parejas jóvenes, grupos de amigos. Trescientas personas que van a coger los dos vuelos que salen a primera hora a Barcelona.

Infiltrados en Ferrari. Entre esa marea azul, una mujer vestida con camisa de Ferrari recibe a sus invitados. Media docena de ejecutivos que lucen polos con anagramas de la escudería del Cavallino Rampante. "Qué, ¿se sentirán como si fueran seguidores del Barça en una expedición del Madrid?" "¡Qué va! Aunque vayamos invitados por Ferrari somos de Alonso". Mal anda Ferrari. Tiene infiltrados entre la gente que invita a las carreras.

Al tren.Llegada al aeropuerto Prat. Lo mejor es coger el tren hasta Montmeló. Los trescientos seguidores de Alonso se cuentan por miles en la estación de Sants. Todos portan su distintivo. La mayoría, camiseta o polo. Al tren sube también gente de Ferrari, de McLaren, de Williams, de Toyota, algún despistado de BAR-Honda. Extranjeros todos ellos. Pero las enseñas de Alonso ganan en una proporción de cincuenta a uno.

Como los Sanfermines.La calle que conduce de Montmeló al circuito parece los Sanfermines. Si allí es excepción quien no se pone el pañuelo rojo al cuello, aquí llama la atención quien no lleva al menos una gorra de Alonso. Si algún distraído no se ha identificado aún como seguidor de Alonso, le sobran oportunidades para ello. Decenas de casetas venden todo tipo de prendas. La gorra de Alonso está bien cotizada: 20 euros. Ahí también le ganamos a Schumacher. Ferrari está a la baja. Una gorra de Ferrari cuesta la mitad. Y hacen hasta oferta: dos gorras por 15 euros.

¡Fiiiuuu!De Montmeló al circuito hay media hora larga y andando a buen paso. A 800 metros del circuito se oye un ¡fiiiuuu! ¿Es posible que sean los Fórmula 1? Al minuto, otra vez. ¡Fiiiuuu! Sí, ya no hay duda. Disputan la segunda tanda de calificación. Si a semejante distancia se dejan oír, qué será en el circuito.

Los cazabombarderos.Pues en el circuito es una locura. El ruido del motor supera los 140 decibelios. Como si uno se pusiera sobre la cubierta de un portaaviones y diera la orden de despegue a un cazabombardero. El estruendo de la salida equivale, por tanto, al despegue simultáneo de 18 cazabombarderos, Retumban las vísceras, estallan los tímpanos, es estar en el epicentro del choque de dos placas tectónicas que originasen el fin de los tiempos.

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A la velocidad del sonido.El paso de los Fórmula 1 por la recta es un visto y no visto. Viajan a la velocidad del sonido. Los ves aparecer porque se les oye venir, pero cuando quieres fijarte ya han pasado. No hay televisión en el mundo que haya inventado la manera de mostrar la brutalidad que es un Fórmula 1 pisado a tope. Eso sólo se puede apreciar en vivo.

Asturias, como Renault.Igual que la pasión de los 60.000 seguidores de Alonso, asturianos todos ellos por un día con sus colores azul y amarillo, que son los de Renault, pero también, qué casualidad, los de la bandera de Asturias. Si el R25 atronó en Montmeló, ellos aún más. Porque no todos los días se ve a un futuro campeón del mundo correr en España. Campeón nuestro, por más señas.

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