Yo digo | Manuel Franco

Un hotel para olvidar la tristeza

Manuel Franco
Redacción de AS
Actualizado a

Fue como una aparición. Quizá esté viviendo uno de esos espejismos del desierto, pero es posible que sea verdad porque ya hemos entrado en territorio de sabana. Un hotel. Pero no un hotel de esos que prometen por Mauritania en los que dicen que hay duchas y el agua es un cubo frío y otro caliente. Un hotel. De los de verdad, con cama y ducha de esas que limpian. Increíble. Sentí algo extraño cuando eché un poco de agua en esta cara mía y el agua se volvió marrón. El polvo del desierto había hecho del rostro su casa de este periodista que sigue aprendiendo. En esta carrera se aprende a ser periodista y se aprende a ser una persona mejor. Y se aprende a hablar en francés, en italiano y en catalán y a darse cuenta de que todos somos iguales.Volvimos a guardar silencio por un piloto muerto y la emoción hizo que la cabeza me estallara de dolor. Ya en Bamako, capital de Mali, veo una ciudad donde la miseria y el lujo se hacen amigos y las mujeres llevan grandes cestos de fruta y el río Níger se cubre de pescadores con lanzas. Es África, el continente olvidado donde el destino vive enamorado de la suerte. He empezado a sonreir. Será por la ducha o porque ya entiendo que la única manera de amar la vida es sabiendo que algún día terminará.

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