Meoni fue el primero en felicitar a Roma en 2004
Cuando alguien muere, se destaca lo bueno que era, aunque en verdad fuera malo. No es hipócrita decirlo de Meoni, del que Nani Roma dijo que "Fabrizio es la mejor persona de todo el Dakar" justo cuando acababa de quitarle la victoria en 2002.


Cuando el 14 de abril de 1994, durante el transcurso del Rally de Túnez, perdía la vida ante él su íntimo amigo Angelo Cavandoli, Fabrizio Meoni (31/12/57, Castiglion Fiorentino, Italia) se replanteó su continuidad en el mundo de la competición. Angelo era su compañero de fatigas cuando él aún era un desconocido en el panorama internacional de los raids y aquello estuvo a punto de suponer su prematura retirada. Sin embargo, se recuperó y se conjuró para ganar un día la carrera con la que todos sueñan, el Dakar, para rendir así homenaje al compañero caído. Lo hizo en dos ocasiones (2001 y 2002), pero para el recuerdo de los que le conocimos quedará más la persona que el piloto.
Se suele decir siempre de alguien que se muere lo bueno que era, aunque en realidad fuera malvado. Decirlo de Meoni no es hipocresía y la mejor prueba de ello es la declaración que sobre él hizo Nani Roma nada más proclamarse campeón el toscano en la edición 2002: "Fabrizio es la mejor persona de todo el Dakar". Sus palabras cobraban más valor por ser Roma otra vez el gran derrotado de aquella edición y a nadie le extrañó que fuera Meoni el primero en felicitar efusivamente a Nani por su victoria en el Dakar 2004. Yo lo vi. Fabrizio se acercó al finalizar la etapa del Lago Rosa a un emocionado Roma para fundirse con él en un emotivo abrazo, darle la enhorabuena y decirle que la carrera le debía esa victoria.
Dicharachero, simpático, extrovertido, solidario y gracioso. Así era la persona, siempre sonriente pese a las adversidades que se le presentaban en cada jornada de los trece dakares a los que acudió. Excelente navegador, trabajador incansable, un zorro del desierto y un toro en el aspecto físico pese a contar ya 47 años. Así era el piloto, el ganador de dos ediciones del Dakar, de cinco rallys de Egipto, de cuatro de Túnez y de otras como Dubai, el Master Rally o la Copa del Mundo.
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Ahora lloran más que nadie su pérdida Elena, su mujer, Giole, su hijo mayor, y Chiara, su hija pequeña que aún no ha cumplido los tres años. Cuando Elena estaba embarazada de ella, nada más ganar su segundo Dakar, Fabrizio dijo que se retiraba, que no volvería más. Debió hacerlo, pero la atracción que sentía por el desierto le hizo volver una vez más, y otra, y otra. El año pasado también dijo que era el de su adiós y en esta edición había asegurado que se retiraba de verdad. Costaba creerle.
Su memoria permanecerá presente para siempre en el seno de la caravana y, allí donde se haya ido, seguro que se reencontrará con su amigo Cavandoli, con Richard Sainct y con Gilles Lalay, los otros dos campeones en motos ya fallecidos. Menudas carreras echarán juntos. Ciao, amico.