Rallies | Australia

El Rey Carlos dice adiós en un baño de lágrimas

La familia mundialista le dedicó su particular homenaje en Australia, regalándole un cuadro en el que le proclamaban como el King Carlos y dedicándole una emotiva ovación que sensibilizó al bicampeón español

<b>LOS COCHES DEL REY. </b>La traducción de king es rey y el cuadro que le regalaron a Sainz en Australia muestra los coches del Rey Carlos durante sus 18 temporadas en el Mundial. Corrió para Ford, Toyota, Lancia y Citroën.  También lo hizo para Subaru, pero esta marca no aparecía en dicho cuadro. ¿Fue un despiste?
Pipo López
Redacción de AS
Actualizado a

Todo lo que ocurrió fue demasiado emocionante, y por eso Carlos Sainz tuvo que separarse hasta un ventanal cercano a él para que nadie viera el mar de lágrimas de emoción en el que se estaba bañando. Parecía que nada podía superar a lo vivido en su despedida de Cataluña hace un par de semanas, pero de nuevo en Australia el Rey Sainz ha vuelto a ponernos la carne de gallina ante las innumerables muestras de afecto con las que el Campeonato del Mundo de rallys le está despidiendo.

La jornada comenzó con la rueda de prensa oficial del rally, en la que llegó el primer homenaje. Los equipos del Mundial le entregaron un bonito cuadro con la mayoría de los coches con los que había corrido en sus 18 años de trayectoria, y una tarta en la que se despedían de King Carlos, según rezaba en su texto. El madrileño se fundió en un abrazo interminable, primero con su jefe, Guy Frequelin, después con el que lo fue durante tantos años en Ford, Malcolm Wilson, y también con el que nunca lo ha sido, aunque quiso, Corrado Provera de Peugeot. Entonces fue cuando Sainz se tuvo que separar hasta el ventanal para enjugar sus lágrimas.

La ausencia.

Curiosamente, hubo una ausencia muy comentada. La de los componentes de Subaru, cuyo Impreza, con el que Carlos corrió las temporadas de 1994 y 1995, tampoco estaba en el comentado cuadro. Ni siquiera el que fue su compañero de viaje como copiloto desde 1988 hasta 2002, Luis Moya, que ahora es director deportivo de esa formación, se acercó a tan entrañable acto.

El otro momento de tensión llegó cuando los comisarios deportivos, más concretamente el polémico Jonathan Ashman, intentó que Sainz tomara la salida del rally, y después se retirara. Claro, si no lo hacía, ni siquiera iban a cubrir el cupo de vehículos con derecho a puntos, ocho. Y eso volvía a dejar en evidencia las barrabasadas que se están cometiendo, las mismas que llevan todo el camino de acabar con esta especialidad un día. No querían ni estudiar el informe médico que explica que Carlos se podía quedar paralítico si sufría un nuevo accidente corriendo en las condiciones físicas que presentaba tras su último accidente.

Pero al final la sangre no llegó al río y Sainz pulsó de nuevo el botón de arranque de su Citroën Xsara, pero sólo para pasar por la rampa de salida vestido de paisano. Así no quedaron dudas de que él no corría. ¡Faltaría más!, protestaba. Si salgo perjudico a mi estadística en el Mundial, bromeó después.

Tras el sofocón en esa rampa de salida, vivió un nuevo baño de multitudes, que continuó cuando dio la vuelta de honor a la superespecial trazada en el circuito de caballos trotones de Perth.

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El último gran momento del día se produjo cuando metió su Citroën en la asistencia. Los mecánicos de todos los equipos se acercaron allí y se fundieron en una interminable ovación que volvió a hacer saltar las lágrimas de los castigados ojos del mejor piloto de la historia.

Hoy seguirá la primera etapa del rally en el helicóptero de Citroën, junto a Frequelin, y al acabar la jornada tomará la interminable sucesión de aviones que le traerán de regreso a casa. Mañana, a las nueve y media de la mañana, aterriza en Barajas procedente de Amsterdam, su última escala. ¿Volveremos a verle llorar? Si le recibe la gente como él se merece, seguro que vuelve a emocionarse.

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