Sainz se despide en casa subido al podio
Acabó tercero y recibió el cariño y el homenaje de cientos de miles de aficionados el día de su adiós en España. Ganó el estonio Martin, que sumó así su segunda victoria consecutiva

Caaarlos, Caaarlos, Caaarlos. Cientos de miles de almas gritaban al unísono el nombre del mejor piloto de la historia en su último paso al volante del Citroën Xsara número 4 por las carreteras catalanas. Poco importaba que el día amaneciera nublado tras pasarse toda la noche lloviendo, o que no ganara la lucha por el segundo puesto. La mejor afición del mundo tenía que rendir homenaje al rey Carlos, que abdica motu proprio, pero sin bajarse del podio.
Sainz decidió ir a la contra de Marcus Gronholm, eligiendo los neumáticos de mayor riesgo para los dos bucles, pero en un tramo le arañaba algún segundito, y en el siguiente se la devolvía el finés. Cuando ya vio que era imposible, sacó el brazo por la ventanilla y comenzó a derrapar saludando al respetable que abarrotaba cada metro de la carretera que desembocaba en Viladrau.
Y de ahí, rumbo al podio del paseo marítimo de Lloret. El que hacía el número 96 en 194 rallys disputados. Pero no fue un cajón normal, ni mucho menos. Sus lágrimas, las de su mujer Reyes, las de sus hijos, Blanca, Carlitos y Ana o las de sus fieles Juanjo Lacalle y Marc Martí nos pusieron la carne de gallina, y más de uno se tuvo que enjuagar también los ojos.
Mientras, el bueno de Markko Martin se adjudicaba su segunda victoria consecutiva, pero de nuevo perdía todo el protagonismo, en incluso su copiloto, Michael Park, le pedía a Sainz que le firmara un autógrafo en su casco nada más terminar. Si en Córcega se lo arrebataron los recién coronados campeones, Sebastien Loeb y Citroën, en Lloret era Carlos el que acaparaba todas las atenciones el día de la despedida ante su afición. El español todavía tiene opciones al subcampeonato, aunque remotas. Además, Australia, no es de los rallys que más le gustan.
La despedida del madrileño también eclipsó la alegría del expiloto de Fórmula 1, Stephane Sarrazin, que era cuarto por delante del recién destronado campeón, Solberg, pilotando el mismo coche, pero calzado con neumáticos Michelin, más efectivos que los Pirelli del noruego en asfalto.
Por su parte, Dani Solá ha culminado una buena actuación, liderando el pelotón de los Mitsubishi. Sin embargo, la satisfacción a punto estuvo de truncársele cuando, por culpa de una fuga en un conducto de gasolina, debió empujar su vehículo hasta el control horario del parque de asistencia. Al catalán aún le quedaba una última sorpresa cuando se inició un pequeño incendio que él mismo sofocó con el extintor y posteriormente con mantas.
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Le acompañó su familia
Reyes, la mujer de Carlos Sainz, y sus hijos Ana, Carlos y Blanca, esa niña de seis años a la que su padre quiere enseñar a montar en bici, subieron al podio con el campeón. Además, Sainz recibió ayer otro regalo muy especial. Carlos Gracia, presidente de la Federación, y Sebastiá Salvadó, presidente del RACC, le regalaron a él y a Juanjo Lacalle sendas maquetas del Seat Panda con el que debutó en los rallys.
