Una marea azul le recibió en El Prat

La llegada de vuelos internacionales en la Terminal B del aeropuerto de El Prat parecía ayer una convención de lunáticos vestidos de azul. Eran los más apasionados seguidores de Dani Pedrosa quienes, enfundados en camisetas y sudaderas del color del equipo Telefónica Movistar-Gresini, querían demostrarle su cariño nada más pisar suelo español.
Una auténtica marea azul, formada por 500 personas, recibió al campeón del mundo, sorprendido por el despliegue que su gesta había provocado en casa. Escoltado por la policía como si fuese una estrella del cine, Dani había ofrecido poco antes una multitudinaria conferencia ante más de cien periodistas, familiares y amigos. Luego salió a la calle. Fue el principio de una jornada inolvidable para él.
El primer abrazo de sus padres
Antonio y Basi fueron los primeros en abrazar al campeón del mundo. Ellos, que habían sufrido viéndole correr en Phillip Island por televisión, pudieron por fin besar a su hijo y decirle cuánto le quieren. Está cansado y emocionado, dijo la madre. No sabe lo que le espera en Castellar, avanzó el padre. Abrumado por la expectación, Pedrosa rompió a llorar tras cerrar la rueda de prensa y abrazarse a sus allegados.
Aoyama compañero de viaje
Ya en el autobús, Dani se sentó junto a su compañero de equipo, Hiroshi Aoyama. El japonés no quiso perderse el recibimiento a Pedrosa y también se apuntó al viaje de regreso a Barcelona. El joven piloto nipón alucinó con todo lo que presenciaron sus ojos. Es increíble todo esto. Dani se lo merece, pero estoy sorprendido por la cantidad de gente que ha venido a felicitarle, comentó Aoyama.
Castellar se volcó con su hijo predilecto
La larga y emocionante jornada de Dani Pedrosa culminó en su pueblo (aunque nació en Sabadell hace 19 años), Castellar del Vallés, a unos 30 km de Barcelona capital. El campeón llegó pasadas las cuatro de la tarde en el enorme autobús de dos pisos que le recogió en El Prat, escoltado por cientos de moteros que hacían sonar los claxon de sus motos. Una vez en Castellar, Pedrosa fue agasajado por los 15.000 habitantes de la población, que hicieron novillos para estar con él. Fue recibido en el Ayuntamiento por la alcaldesa, Montse Gatell, que le nombró hijo predilecto y anunció la posibilidad de que el consistorio ponga su nombre a una calle de la localidad. Después se celebró una gran fiesta motera en la calle y en el Espai Tolrà, la sala con capacidad para 3.000 personas.
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Lloró como un niño
Acostumbrados a su seriedad y a su autocontrol sobre la moto, fue una sorpresa comprobar como las lágrimas (¿azules?) afloraban ayer en el rostro de Dani Pedrosa. Lloró en la conferencia de prensa, en El Prat, en el autobús y en Castellar del Vallés.