Motociclismo | Gran Premio de Australia

La maldición de Phillip Island sacudió a Pedrosa

El piloto español sufrió una escalofriante caida a más de 210 km/h en los entrenamientos que hizo temer lo peor. Por suerte, no sufrió lesiones de gravedad y esta madrugada ha luchado por su primer título de 250cc

<b>COMO EN UNA SILLA. </b>Curva ocho, una antes de aquella en la que el pasado año sufrió una grave lesión. Pedrosa se iba al suelo a gran velocidad y no se podía poner en pie. Los comisarios se lo llevaban a la clínica en volandas, pero finalmente todo quedó en su susto y Dani será campeón.
Mela Chércoles
Redacción de ASEnviado especial de AS a los GGPP de MotoGP
Mela Chércoles nació en Madrid en 1975 y accedió a AS en 1996. Es enviado especial a los GGPP de Motociclismo desde 1999. Colaborador de la SER. Licenciado en Periodismo por el CEES, en la actualidad UEM. También ha cubierto el Dakar en 2004, la información del Real Madrid y la Selección Española de fútbol.
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La imagen de la caída de Daniel Pedrosa fue terrible y la sensación generalizada de angustia. Quedaban tres minutos y medio para que terminara la tanda oficial de 250cc y el piloto español estaba dando volteretas sin control sobre la gravilla. Era un pelele cuyos delicados tobillos, fracturados un año antes en esta misma pista, corrían serio peligro. La 8, una delicada curva de derechas de quinta marcha a medio gas que Dani toma a 210 km/h, le hacía deslizar por la hierba y, al llegar al escalón que da paso a la gravilla salía catapultado por el aire. Ya detenido, el miedo a una lesión grave creció cuando tuvo que ser trasladado fuera de la escapatoria en volandas por dos comisarios de pista.

Dani no podía caminar por sí solo. ¡Horror! Su box parecía un funeral y la tensión era más que palpable. Alberto Puig bramaba: ¡No, otra vez aquí no! Parecía que la maldición de Phillip Island que persigue a Pedrosa se había cebado nuevamente en él. Lo hizo, pero no lo suficiente porque el Titanio es más resistente que la zahorra en la que Dani reposó su cuerpo.

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Fue él mismo quien tranquilizó a todos los que le esperaban en la Clínica Mobile del doctor Costa señalando con el pulgar de su mano derecha hacia arriba. Lo hizo mientras llegaba de paquete en scooter hasta su box, porque rehusó ir a la clínica. Verle caminar por su propio pie fue un alivio y más aún cuando, pasados unos minutos de incertidumbre, Puig abría la puerta de la caseta en la que reposaba su piloto y repetía el gesto del pulgar hacia arriba. Su cara era tan feliz como la de un padre primerizo que anuncia la llegada de un retoño y es que, pese a todo, Pedrosa logró el cuarto mejor tiempo y saldrá desde la primera línea.

El punto exacto en el que Pedrosa perdió la rueda delantera fue justo la anterior en la que el año pasado se fracturó los dos tobillos. La escapatoria era buena y la tierra frenó la velocidad de su deslizada, pero el problema estuvo al rebasar el escalón de desnivel que hay entre la hierba y la gravilla. Los galenos le visitaron y se cercioraron de que no había nada roto. El hielo aplicado con mimo por Puig, una noche de descanso en una cama del hotel Continental y sus inmensas ganas de vencer fueron suficientes para salir dispuesto a cumplir su objetivo de proclamarse campeón del mundo de 250cc.

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