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30 años de Pokémon: los mejores momentos de cada generación

Viajamos por los momentos más emblemáticos de la saga, desde la elección del primer inicial hasta el viaje por el mundo abierto de Paldea.

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Han pasado 30 años desde el lanzamiento de Pokémon en Japón. A lo largo de tres décadas y nueve generaciones, el mundo primero y la saga después han cambiado mucho. Lo que no varía es lo que de verdad hace especial a Pokémon: su capacidad para generar momentos inolvidables. Los monstruos de bolsillo forman parte de la memoria colectiva y, además de coleccionar centenares de criaturas, cada uno de nosotros ha atesorado otras tantas vivencias junto a Pikachu y compañía.

En este artículo repasamos los momentos más icónicos de cada generación, ciñéndonos a los más emblemáticos de los juegos principales. Para algunos, cada nuevo cartucho es una aventura más en su haber. Para otros, su gran debut en el mundo Pokémon. Y para todos, una fuente inagotable de instantes para el recuerdo.

Primera Generación (Rojo, Verde, Azul y Amarillo) - La elección del inicial

Quizá la decisión más importante y trascendental de nuestras vidas: elegir a nuestro primer pokémon. En aquella Kanto monocroma, toda una generación se expuso a tan difícil elección por primera vez. Decantarse por Bulbasaur, Squirtle o Charmander no sólo marcaría los recreos sucesivos, sino que decía más sobre ti mismo de lo que sabíamos expresar con palabras. ¿Eras de los que idolatraban al Charizard de Ash? ¿O más bien de los que defendían que no se podía molar más que Blastoise? Cuesta no dejarse llevar por una tortuga con cañones a la espalda. Puede que por eso a Occidente nos llegaran las ediciones Roja y Azul, en vez de la Verde protagonizada por Venusaur. Y eso que, datos en mano, es el mejor inicial para Kanto.

Un debate eterno sobre el que se construyeron anécdotas e incluso personalidades enteras. Aún hoy se viralizan los vídeos de bebés que no saben andar, pero que ya han elegido a su inicial favorito en forma de peluche. Todo un rito de paso que resume la fuerza del legado de Pokémon, intacta después de 30 años.

Segunda Generación (Oro, Plata y Cristal) - El regreso a Kanto

“¿A que no sabes lo que acabas de hacer? ¡Acabas de dar tu primer paso en Kanto!”. Con esta frase, un simpático NPC nos da la bienvenida a la región original de Pokémon después de atravesar las Cataratas Tohjo. Es difícil expresar lo que supuso para quienes nos topamos con aquella revelación en nuestras Game Boy Color. Regresar a la Kanto donde empezó todo, con la Isla Canela en ruinas y Azul convertido en líder de gimnasio, supuso un reencuentro con nuestro propio pasado. Satoru Iwata obró el milagro y ayudó a Game Freak a crear el post-game definitivo, donde la nostalgia es una recompensa digna de dieciséis medallas. Un hito más especial si cabe por no haberse repetido hasta la fecha, remakes aparte.

Como colofón, el retorno a Kanto nos brindó el combate más icónico de la historia de Pokémon. Y es que en la cima del Monte Plateado aguardaba Rojo, el campeón original. Una batalla cargada de simbolismo, tanto por el rival como por el resultado. Rojo es el personaje al que nosotros mismos encarnamos unos años antes y vencerle es, en cierto modo, superarse a uno mismo. ¿O acaso no pensaste que nadie podría contra tu Charizard cuando terminaste Rojo y Azul? Ganar aquí es demostrar que nuestro legado no debe intimidarnos, sino motivarnos a ser mejores. El cierre perfecto para confirmar a Pokémon como un mito generacional.

Tercera Generación (Rubí, Zafiro y Esmeralda) - El descenso de Rayquaza

Todo aquel que haya sostenido una Game Boy Advance entre sus manos sabe a lo que nos referimos. Groudon a la izquierda, alumbrado por un sol cegador. A la derecha, un Kyogre tan embravecido como el mar. Ambos pugnando en una batalla de titanes capaz de destruir un mundo que ya se antoja condenado. Al menos hasta que, de repente, el cielo tiembla. Las nubes se quiebran al paso de una deidad esmeralda. El firmamento se abre y Rayquaza, señor del aire, aplaca a Groudon y Kyogre con un grito que aún resuena en la memoria de toda una generación.

Aquella fue la primera gran cinemática de Pokémon. La síntesis perfecta de la voluntad de Game Freak por contar historias más elaboradas a partir de Hoenn, con pleno protagonismo para los legendarios y espacio para la épica. Pokémon quería compartir su lore a viva voz, un mundo con mitos y leyendas que ya no se escondían como en Johto o Kanto, sino que rugían su importancia a través del altavoz de GBA.

Cuarta Generación (Diamante, Perla y Platino) - Cintia, campeona de campeones

No importa qué inicial elijas. Cuando partes de tu pueblo natal a hacerte con todos y coleccionar medallas, lo haces soñando con alzarte Campeón. El clímax de cualquier juego de Pokémon es ganar la liga, ganándote el respeto del entrenador más fuerte de la región y grabando tu nombre en el Hall de la Fama. Y de entre todos los campeones, cuesta pensar en una más icónica que Cintia.

Tan imponente como las escaleras que preceden a su combate, la campeona de Sinnoh presenta una de las batallas más memorables de la historia del JRPG de Game Freak. Quizá la que más, con permiso de Rojo. Sencillamente, Cintia tiene todo lo que puede pedírsele a un duelo por el título. Es una campeona implicada en su región, que se deja ver a lo largo del juego y a la que todos reconocen por su poder. Además, representa a la perfección los temas mitológicos que se abordan en Sinnoh en tanto que arqueóloga curtida en mil leyendas. Por no hablar de sus dotes como entrenadora, con un equipo perfectamente balanceado en el que sobresale un Garchomp devastador. Tal es su fuerza en la revancha final de Diamante Brillante y Perla Reluciente que, junto al Pikachu de Rojo, es el pokémon con el nivel más alto en un combate de Pokémon. Si piensas en el campeón más poderoso, el nombre de Cintia siempre encabezará la lista. Así de simple.

Quinta Generación - La batalla contra N en la Liga Pokémon

Si la cuarta generación consolidó la fórmula Pokémon, la quinta llegó para cuestionarse los cimientos de la saga. Más que una región, Teselia fue una declaración de intenciones. La primera región ambientada lejos de Japón, con una Pokédex colmada de criaturas inéditas y una historia que se reflexionaba sobre la moralidad de atrapar y combatir con los pokémon. Blanco y Negro querían cambiar las cosas. Y nada representa mejor esa ambición que el momento en el que el Palacio de N emerge de la tierra para devorar a la Liga Pokémon. Una imagen tan poderosa como transgresora: el templo del éxito, antaño intocable, es ahora profanado por algo nuevo e indomable.

Para sorpresa de todos, lo que aguardaba tras batir al Alto Mando no era el Hall de la Fama. En lugar del Campeón de turno, la última batalla se reservó para N y Getchis. El primero, un entrenador que no ansiaba medallas, sino la liberación de los Pokémon, y que quizá por eso consiguió domar a uno de los legendarios de portada. El segundo, un villano manipulador que llegó más lejos que cualquier otro mediante tretas, populismo y poder. Su asalto a la Liga Pokémon simboliza ese punto de inflexión donde la saga se atrevió a mirarse al espejo para plantear una historia más profunda, rica y compleja que ninguna otra hasta la fecha.

Sexta Generación (X e Y) - El salto al 3D y la primera megaevolución

Con Nintendo 3DS llegó el esperadísimo salto a las tres dimensiones. Kalos nos redescubrió a los monstruos de bolsillo, ahora con un volumen que parecía reservado a spin-off como Stadium y Colosseum. Una sensación de asombro que nos acompañó hasta lugares emblemáticos como Ciudad Luminalia. Al cruzar sus avenidas, la cámara abandona el plano cenital y juguetea a ras de suelo para enseñarnos la inmensidad de la Torre Prisma.

Pero la búsqueda de la espectacularidad no se limitó a los paisajes. Los combates, ahora tridimensionales, estaban cargados de momentos impresionantes. Cómo no, el momento más icónico de la generación es esa primera megaevolución, una explosión de luz y energía que transformaba a nuestro compañero en una versión más poderosa y majestuosa de sí misma. Así, criaturas icónicas como los iniciales de Kanto, Lucario o Mewtwo rompieron sus límites biológicos para desatar una fuerza inusitada. Aquello era la culminación del esfuerzo de Game Freak por hacer de Pokémon un juego más cinematográfico y épico que nunca antes.

Séptima Generación (Sol y Luna) - Adiós a los gimnasios, hola a las formas regionales

La llegada a la región de Alola supuso un soplo de aire fresco para la franquicia. Tanto como para alterar el ADN de la saga… y el de los propios pokémon. Por primera vez, nuestra aventura no se medía por las medallas conseguidas, sino por nuestro buen hacer en el Recorrido Insular. Esta decisión rompió con veinte años de gimnasios y apostó por desafíos más vinculados con la cultura local y sus habitantes. En Alola también había pruebas, sí, pero ubicadas en entornos naturales como bosques y volcanes. En vez de contra un líder, estas culminaban en enfrentamientos contra los imponentes Pokémon Dominantes, protectores de la zona y de sus gentes. De entre todos ellos, bien puede que el más imponente sea el del Lurantis dominante. Acompañado por criaturas como Castform para imponer un clima favorable y Trumbeak para cubrir su debilidad al tipo Bicho, la batalla en la Jungla Umbría exhibe una dificultad muy bien medida.

Así, Alola nos mostró un mundo vivo y al que adaptarnos, donde entendimos que la fuerza de un entrenador también reside en respetar el ecosistema y conocer las tradiciones de la región. Ejemplo de ello son las formas Alola, variaciones de especies icónicas que han evolucionado para medrar en la región insular. Sin duda, el primer contacto con ellas es el momento más memorable de la séptima generación. Aquel instante en el que un rostro familiar, como el de Exeggutor o Vulpix, se nos redescubrió con un diseño radicalmente distinto. Ver al primero con un tipo Dragón tan chocante como su cuello kilométrico y al segundo con un pelaje níveo para sobrevivir en las montañas fue un ejercicio de diseño brillante, mezcla entre nostalgia y sorpresa. Con esta dualidad, Pokémon resumió su actitud tras 20 años de historia, capaz de mimar sus raíces sin miedo a reinventar sus normas.

Octava Generación (Espada y Escudo) - El Área Silvestre

Galar, además del debut en Switch, trajo consigo una nueva forma de explorar. A las rutas tradicionales se sumó el Área Silvestre, una vasta extensión de terreno situada en el corazón del mapa con la que Pokémon dio su primer paso hacia el mundo abierto. En lugar de ocultarse en la hierba alta esperando a ser encontrados, los monstruos de bolsillo recorrían el Área Silvestre con libertad, descansando junto a lagos o sobrevolando colinas. Mover la cámara con libertad y toparse con un Steelix gigante serpenteando por el desierto es, aún a día de hoy, uno de los momentos más dulces que ha deparado Pokémon.

Precisamente, esa sensación de vulnerabilidad y asombro que más tarde se exportaría a Hisui y Paldea, es la mayor aportación de Galar. Puede que el Área Silvestre se sintiera algo vacía por momentos, pero estaba trufada de anécdotas. Como cuando te topaste con aquel Tyranitar a un nivel muy superior al tuyo, obligándote a huir en medio de una tormenta de arena y volver más fuerte. Hasta Espada y Escudo, de los combates se huía por tedio, no por miedo. Un cambio de paradigma que enlaza perfectamente con ese primer coqueteo con la libertad, avanzando hacia una exploración más pura y menos lineal.

Novena Generación (Escarlata y Púrpura) - El mundo abierto de Paldea

Paldea es una oda a la libertad en Pokémon. Basada en la Península Ibérica, supuso el paso definitivo de la saga hacia el mundo abierto. Escarlata y Púrpura nos permitieron afrontar cualquiera de los gimnasios, los pokémon dominantes o las bases del Team Star en el orden que quisiéramos, reforzando más si cabe nuestro libre albedrío como entrenadores. Por ello, el momento elegido para representar esta nueva era debería evocar esa misma libertad. Uno similar al fogonazo de ilusión que inspiró Breath of the Wild nada más salir de la cueva inicial. Se nos viene a la cabeza ese instante en el que subimos al faro del Sendero de Cahíz y Mencía nos pide que apreciemos la inmensidad de la región, buscando imitar lo que tan bien le funcionó a Link.

Sin embargo, ese mismo plano también dejó al descubierto las limitaciones técnicas de Paldea. Y es que el paupérrimo rendimiento en la primera Switch empañó la experiencia de muchos, superando incluso la polémica con el Dexit en la generación anterior. Ese contraste entre la ambición del mundo abierto y las dificultades para ejecutarlo, junto con la avalancha de críticas en internet, forzó el momento más definitorio de la generación. En un escueto tuit, Nintendo admitió los problemas y prometió soluciones. Estas nunca llegaron del todo, al menos hasta la llegada de Switch 2, pero sus palabras sentaron un precedente. Los juegos de Pokémon ya no podían seguirle el ritmo a una marca que necesita nuevas generaciones cada tres años. Precisamente, la filtración sufrida por el estudio en 2024 (conocida como teraleak) expone que ni el presupuesto ni los plazos son sostenibles para una saga del nivel de Pokémon. La décima generación dictará si Paldea supuso un punto de inflexión no sólo en cuanto a la exploración, sino también respecto a la calidad de los juegos de Pokémon.

Tres décadas capturando recuerdos

Treinta años después, Pokémon ha demostrado ser mucho más que una sucesión de cartuchos. Es un hilo invisible que une a generaciones enteras mediante momentos inolvidables, desde el furor por pisar Kanto de nuevo hasta la tensión por desafiar a Cintia. Así, la saga nos ha regalado un sinfín de vivencias que son y serán parte imprescindible de la biografía de millones de entrenadores. Y es que si algo hemos aprendido en este viaje por nueve regiones es que la magia de Pokémon radica en su capacidad para crear recuerdos. Sin importar la edad que tengamos, siempre habrá algo especial aguardando en la hierba alta.

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