Crítica de ‘No hay otra opción’, la ausencia imperdonable de los próximos Oscar
La nueva película de Park Chan-wook (director de ‘Oldboy’) es otra violenta obra maestra en clave de comedia negra sobre la precariedad laboral y las clases sociales.
Tuve una ex que hacía exámenes a todos sus novios antes de salir con ellos “de forma oficial”. Aquello era una red flag como un castillo de grande, pero qué os puedo decir. Supongo que en esto del amor soy daltónico. Quizás por eso también me ha gustado la nueva versión de ‘Cumbres borrascosas’. El caso es que los exámenes eran tipo test y daban tres posibles respuestas. Recuerdo que saqué un siete y pico que se tradujo en apenas cinco meses de relación. Pero a lo que voy es a una de las preguntas del control en la que se me planteaba qué haría si alguna vez mi pareja acudiese a mí con una pala y la ropa llena de sangre. A) Llamar a la policía; B) Ayudarla a a cavar una tumba sin hacer preguntas; C) Darle con la puerta en las narices y no volver a verla, pero tampoco denunciarla. En su momento pensé que simplemente estaba loca, pero ahora creo que mi ex era Park Chan-wook.
La nueva película del director surcoreano, ‘No hay otra opción’, nos presenta a un pobre hombre (interpretado por Lee Byung-hu, el malo de ‘El juego del calamar’) que ha sido despedido y que, por más que lo intente, no es capaz de encontrar trabajo de lo suyo. Su vida perfecta empieza a desmoronarse y a nuestro protagonista solo se le ocurre una solución: matar a las tres únicas personas que tienen un currículum mejor que el suyo. De este disparate surge una comedia, pero una dramática y oscura como ella sola. Lo que suena ridículo se vuelve mundano cuando aflora la desesperación.
No es la primera vez que el cine surcoreano habla de la precariedad laboral, las clases sociales y las crisis de identidad. Es la especialidad de la casa y ‘Parásitos’, su plato estrella. Sin embargo, sí que es la primera vez que Park Chan-wook está tras los fogones de una historia así. Hasta ahora, el director se había dedicado a cautivar al mundo con thrillers que trascendían al género gracias a su propuesta visual. Una puesta en escena rabiosamente original, ultraviolenta y calculada al milímetro. ‘Oldboy’ (2003) y ‘La doncella’ (2016) dan buena cuenta de ello. Nunca le habíamos visto tan comprometido con la situación del espectador y la sociedad contemporánea. Es la primera vez en su filmografía en la que forma y fondo comparten importancia.
El resultado es una nueva maravilla que resulta imperdonable que no vaya a estar en la próxima gala de los Oscar. En estos tiempos en los que la Academia trata de corregir sus lagunas e injusticias (primero con Christopher Nolan, luego con Sean Baker y este año con Paul Thomas Anderson), no hay ceremonias suficientes para compensar que Park Chan-wook no haya tenido una sola nominación en toda su carrera. Directores buenos hay muchos, pero se nos ocurren pocos cineastas del siglo XXI tan impactantes e influyentes. Sus transiciones siguen siendo de las mejores y más imaginativas que uno puede encontrar en una sala de cine.
‘No hay otra opción’ es cine social desde los ojos de un maestro del suspense, desde el siempre fascinante prisma de un esteta. Un ejemplo de cómo adaptar una novela (‘The Ax’, de Donald E. Westlake) llevándotela a tu país y dotándola de tu sello personal. Una película, en definitiva, capaz de crear imágenes inolvidables (como un intento de asesinato a gritos) o dilemas que comprenden que en esta vida hay gente buena capaz de hacer cosas abominables, gente idiota y desesperada. Mi ex estaría orgullosa.
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