Elon Musk, dueño de X (Twitter), se arrepiente en juicio de un mensaje que mandó: “Quizás no fue mi momento más sabio”
El multimillonario declara en San Francisco por la demanda de accionistas que le acusan de hundir el valor de Twitter antes de cerrar la compra.
Elon Musk ha terminado reconociendo ante un jurado lo que durante años pareció negar con su estilo habitual de choque frontal. El dueño de X declaró esta semana en el juicio que se celebra en San Francisco por la compra de Twitter y admitió que uno de sus mensajes más célebres, el que anunció que la operación quedaba “temporalmente en pausa”, quizá no fue “su momento más sabio”.
La frase no llega a ser una rectificación total, pero sí supone una de las escasas ocasiones en las que Musk acepta públicamente que uno de sus tuits pudo ser una mala idea. El caso gira en torno a una demanda colectiva presentada por accionistas que vendieron títulos de Twitter entre el 13 de mayo y el 4 de octubre de 2022. Su tesis es que Musk hizo declaraciones falsas o engañosas para presionar a la compañía, rebajar su cotización y ganar margen para renegociar o incluso romper la operación.
En abril de 2022, Musk pactó la compra de Twitter por 44.000 millones de dólares, a 54,20 dólares por acción (unos 37.900 millones de euros al cambio actual). Poco después, comenzó a lanzar mensajes públicos sobre la presencia de bots y cuentas falsas en la plataforma. El más explosivo llegó cuando escribió que la compra estaba “temporalmente en pausa”, una publicación que abrió meses de incertidumbre y alimentó el desplome bursátil de la empresa.
Un juicio que puede salirle caro a Elon Musk
Durante su testimonio, Musk defendió que sus dudas sobre los bots eran reales y negó haber tratado de manipular el precio de las acciones. Según su versión, no esperaba que aquel mensaje provocara un golpe tan fuerte sobre el valor de Twitter. También insistió en que el mercado reacciona de forma imprevisible y que sus publicaciones no siempre generan el efecto que otros anticipan.
Los demandantes, sin embargo, sostienen exactamente lo contrario. Su argumento es que Musk sabía perfectamente el impacto que podían tener sus palabras y convirtió la negociación en un espectáculo público para deteriorar la posición de Twitter. La acusación mantiene que aquella estrategia perjudicó a los accionistas que vendieron durante esos meses, cuando la operación parecía tambalearse y la cotización se alejaba del precio pactado por el empresario.
El juicio se celebra ante el juez federal Charles Breyer y puede prolongarse durante varias semanas. Lo que está en juego no es sólo una factura millonaria para Musk si el jurado falla en su contra. También está en juego la lectura definitiva de uno de los episodios empresariales más caóticos de los últimos años, el momento en que el hombre más rico del mundo convirtió una opa multimillonaria en una batalla pública hecha a golpe de mensajes públicos.
Al final, Musk acabó comprando Twitter por el precio original y la rebautizó como X. Pero ese cierre no borró el rastro de todo lo ocurrido antes. Por eso este juicio importa. Porque trata de decidir si aquellos tuits fueron simple impulsividad, una torpeza reconocida a destiempo, o una maniobra calculada en mitad de una negociación de 44.000 millones de dólares.
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