The Falconeer
The Falconeer
Carátula de The Falconeer

The Falconeer, análisis. Altos vuelos en un mundo desaprovechado

Tomas Sala acierta a la hora de presentar conflictos políticos con estrategia en batallas aéreas, pero falla en su ejecución y recursividad de misiones.

Que The Falconeer salta a la vista es algo innegable. El inicio de una nueva generación de consolas invita también al optimismo a la hora de encontrarnos con propuestas creativas que ayuden a impulsar el medio que nos une a nuevos frentes. Experimentación, en definitiva, que a veces choca consigo misma por querer ser más de lo que necesariamente necesitaba. Es quizá eso lo que más encadena a esta propuesta de Tomas Sala a la superficialidad, porque seguramente hubiese sido mucho más satisfactorio afinando más sus objetivos como videojuego, una cualidad de la que no se olvida en ningún momento.

Pero ¿quién es Tomas Sala? Además de director creativo en Little Chicken, su aportación el medio y por lo que es más conocido en estas lides son los mods de Skyrim. Con millones de descargas, su capacidad para construir localizaciones y misiones llevó a los aficionados de The Elder Scrolls a tenerle muy en consideración. En The Falconeer hay un poco de todo, pero ni mucho menos es su fuerte.

Enfrentarse a un título en solitario, como es el caso que hoy nos concierne, aporta un cariz particularmente singular a la obra y un mérito añadido que, quede constancia, hemos sabido apreciar durante las aproximadamente ocho horas que hemos tardado en completar los seis episodios de esta aventura —contando tanto prólogo como epílogo–. Así que vamos a entrar en materia para saber qué nos encontramos con The Falconeer, qué quiere decirnos a través de su simbolismo y cuáles son los aspectos que han impedido que se sitúe como un referente dentro de un ya de por sí excelente año 2020 en la escena independiente.

The Falconeer trata de ser sencillo y termina siendo simple

El uso del halcón como animal protagonista no es casual. Pudo haber sido cualquier otro ave o animal, incluso criaturas mitológicas, pero el mundo ficticio de Ursee está rodeado de agua, de lejanos horizontes y puntos muy identificables a la vista: es bonito, se puede disfrutar en el plano contemplativo. Toma como galán al animal que todo lo ve, al guardián defensor desde las alturas. Lo que quizá no es tan evidente es su propuesta jugable, un RPG de acción en tercera persona, en mundo abierto, con combates aéreos a lomos de halcones legendarios en los que la estrategia es fundamental. Disparar es una solución, pero esquivar se torna determinante especialmente en los compases finales. Esta historia, aderezada por tintes místicos y un trasfondo histórico que no se revela con la fuerza que debería, termina perdiendo interés con el paso de las horas porque lo que se cuenta no casa con lo que se intenta en el plano mecánico, excesivamente plano, simple. Repetitivo.

Guerras, intereses políticos, dominio territorial… Una visión perfectamente identificable con los libros de historia e incluso un intento por acercarse a la época donde la conquista de grandes tierras se sentía como una victoria moral. Ser más que el adversario. El mensaje de The Falconeer se entiende desde el principio y lo critica en cierto modo, pero en un intento por que empaticemos con la población que la compone termina haciendo que la suma de sus partes sea menos interesante que los pequeños relatos de cada una de ellas. Hay barcos, hay cañones, hay mentes humanas tramando nuevas estrategias… pero hay halcones, el verdadero ser superior, por su capacidad para volar y ver aquello que otros solo imaginan. Te sientes poderoso siendo un jinete, pero esa sensación no dura mucho.

Contraste entre persuasión visual y reiteración jugable

Por suerte, el dibujo de sus misiones es perfectamente legible y claro por el excelente uso del color que utiliza. La falta de recursos se ha convertido en una virtud, hay veces en que la sencillez aporta más al disfrute, pero la jugabilidad de The Falconeer erra en ser excesivamente tridimensional. Sus niveles, muy abiertos, dan incluso sensación de vacío, de no haber nada más allá del horizonte, sino simplemente un punto fijo sobre lo que todo circunda. Una jugabilidad sobre raíles, predominando la acción cual Panzer Dragoon, hubiese sentado mejor a su profundidad mecánica basada en esa sencillez sugerida, puesto que los añadidos RPG que presenta no sirven demasiado; no hay una curva de dificultad clara y, por ende, no hay sensación de progresión.

Y es que a pesar de ese poder contemplativo que te atrapa y empapa la pantalla de un contraste de color impresionante en pantallas 4K, de una iluminación que da riqueza visual a las partidas, el planteamiento peca de ser recursivo. A las pocas horas entiendes que no va a dar mucho más de sí y que esa cadena de misiones principales y secundarias no ofrecerá ningún giro inesperado. The Falconeer no se dirige especialmente a los aficionados a los shooters on rails, tampoco a los amantes de la estrategia bélica en tiempo real, sino que experimenta mecánicas y convierte el vuelo en su propio lenguaje sin explotar ninguna de esas facetas. La exploración se queda a medio camino, las misiones de recadero no se salen un momento de un patrón establecido… Falta algo, falta alma.

El control se siente natural, no obstante, pero el jugador tiene que poner mucho de su parte para mantener un pulso con la frustración. Ni los controles quedan bien explicados ni algunos aspectos de su manejo se entienden en el tutorial inicial. Afortunadamente, se percibe un empeño por parte de Sala por transmitir cariño por su trabajo, pero la simpleza de su sistema de misiones termina echando por tierra cualquier intento por disfrutar meramente volando. No trata de esto The Falconeer, no te permite cohesionar el disfrute audiovisual con el jugable. Los incentivos por explorar desaparecen en el momento en que el interés por seguir adelante se apoya en exceso en diálogos que, en realidad, no aportan mucho. Asimismo, la inteligencia artificial es torpe, robótica, y no contrarresta la monotonía que de por sí se percibe.

Xbox Series X, la mejor plataforma para The Falconeer

Puede parecer obvio, pero una máquina tan poderosa como Xbox Series X aporta un disfrute añadido a The Falconeer. Olvidarse de tiempos de carga permite no distraerse con lo accesorio, invita a seguir incluso cuando el juego no lo hace, y en este caso podemos elegir dos modos gráficos para disfrutar del mundo de Ursee: resolución 4K a 60 FPS o incluso un modo a 120 FPS en resolución 1800p. Aprovechando que teníamos también a mano una Xbox Series S, hemos probado esta versión para conocer su desempeño a 1800p y 60 FPS, que no pierde apenas matices y se disfruta igual. Buena optimización, tiempos de carga testimoniales, misma intensidad de color. En este caso, también se puede optar por el combo de 1080p a 120 FPS en monitores compatibles con 120 Hz. Todo ello, acompañado por su memorable diseño de sonido y una banda sonora fenomenal por Benedict Nichols dan como resultado un notable resultado artístico. Es una lástima, por cierto, que The Falconeer no esté en Xbox Game Pass, dado que es ese ecosistema en el que mejor se desenvolvería y como más usuarios Xbox lo conocerían.

Hemos realizado este análisis mediante un código de descarga suministrado por Microsoft. Las consolas utilizadas han sido Xbox Series X y, en menor medida, Xbox Series S.

CONCLUSIÓN

The Falconeer trata de volar muy alto desde muy temprano, pero con el paso de las horas su estructura termina frenando cualquier atisbo de grandeza y reduce su sencillez a la simpleza, lo cual es una lástima teniendo en cuenta lo interesante de su planeamiento. El control es preciso, el contexto narrativo es rico y absorbente, pero volar no es tan satisfactorio como podría, empañado por un diseño de misiones con patrones reiterativos e insistentes. La magia dura poco, a pesar de ser una experiencia breve y disfrutable en el plano audiovisual.

LO MEJOR

  • El control es preciso, gran aprovechamiento de los sticks y la cámara
  • Inteligente uso del sonido, tanto ambiental como en efectos
  • Artísticamente entra por los ojos: excelente gama de color

LO PEOR

  • Reiterativo y monótono en su planteamiento jugable
  • La estructura de sus misiones es simple, desaprovechada
  • La inteligencia artificial, al ralentí
6.5

Correcto

No es lo último ni lo más original, tampoco cuenta con la mejor ejecución, pero puede divertir si te gusta el género. Bien, pero mejorable.