One Piece: Pirate Warriors 4
One Piece: Pirate Warriors 4

One Piece: Pirate Warriors 4, análisis: un sombrero capaz de dar luz y sombra

Vuelve la saga donde los Sombrero de Paja se sienten más cómodos. Omega Force da pasos hacia delante en lo jugable, pero retrocede en otros aspectos.

Han pasado cinco años desde que Omega Force constatase que era, sin lugar a dudas, el estudio que mejor sabía trasladar la esencia de One Piece al universo del videojuego. Pirate Warriors 3 cerró la trilogía de manera casi brillante, un título completísimo, variado y respetuoso con la licencia de Eiichiro Oda, que comenzaba entonces uno de sus arcos más importantes.

Un lustro no es nada para un manga semanal de la Shonen Jump, donde se acostumbra a publicar poco más de 40 episodios anuales. Y si se trata de Oda, con sus pausas, el avance argumental es todavía menor del deseado por los lectores; pero si hay algo que está claro es que One Piece está viviendo un momento muy dulce, un clímax que parece no querer terminar nunca entre revelaciones, apariciones inesperadas y momentos que se llevaban esperando desde hace años.

Y es precisamente ese el gran problema de One Piece: Pirate Warriors 4, que si bien mejora en el esquema jugable de manera muy adecuada, no ha sabido aprovechar estos cinco años ni para sacar partido del hardware de actual generación ni para profundizar en el elemento vertebrador de este género, la estrategia; porque por mucho que estemos ante un videojuego de One Piece, es menos musou que anteriores entregas, y eso es una lástima.

El mejor One Piece: Pirate Warriors a los mandos: profundidad y combos

Que nadie se confunda: la jugabilidad ha mejorado. Esta cuarta iteración profundiza desde el primer momento, hace que personajes como Luffy se sientan mejor que nunca por la comodidad y agilidad al desplazarse, al golpear o al encadenar combos, uno de los grandes aciertos de este episodio. Como si de un hack and slash se tratase, parece que el título quiere invitarte constantemente a que no te limites a pulsar una y otra vez el botón cuadrado o triángulo, sino que estudies combos, que encadenes saltos con golpes y que veas el contador de daño aumentar como un cronómetro. Por desgracia, esas buenas sensaciones a los mandos pulverizando cientos (miles) de enemigos por misión chocan con una cámara que puede llegar a desesperar y un diseño de misiones que se ha simplificado en demasía. Vayamos por partes.

El sistema de combate se ha renovado (se deja atrás el Kizuna Rush) y basa su jugabilidad en los botones de acción o la combinación de R + acción, lo que desencadena una de las hasta cuatro habilidades seleccionables desde el árbol de habilidades, una función altamente personalizable y de la que vamos desbloqueando nuevas opciones en la medida en que avanzamos en la aventura. El resultado gusta porque no se pierde en animaciones largas o con cargas, sino que son de apenas segundos, no rompe la acción. Como se puede prever, la profundidad es mayor al haber combinaciones de golpes terrestres, aéreas o una combinación de ambas.

El libreto de movimientos es amplio, variado, con guiños al manga que muchos sabrán reconocer. No solo podemos equiparnos ataques especiales, sino también potenciadores o transformaciones, así que toca calcular qué queremos para cada momento; si nos merece la pena un potenciador de golpes básicos o si preferimos poder activar una Gear 2, por ejemplo, en el caso de Monkey D. Luffy. Nos ha gustado, porque da sentido a la barra de resistencia y hace que tengamos que economizar con cada movimiento. Para finalizar, cada personaje cuenta con sus propias particularidades, no son meras skins, de forma que no tiene mucho que ver controlar a alguien como Usopp respecto a Zoro; ni qué decir tiene cuando podemos acceder a los personajes gigantes de forma jugable, como Kaido, todo un acierto que preferimos descubráis por vosotros mismos, pues es una de las recompensas de la recta final del modo historia. Si tuviésemos que enumerar de entre todos los musou de los últimos años, seguramente One Piece: Pirate Warriors 4 sea uno de los tres más satisfactorios a nivel jugable. El contraste con la falta de táctica, de estrategia, es muy acusado.

Dónde nos encontramos: la elección argumental, un arma de doble filo

Las cosas siguen donde se quedaron entonces, no obstante. Si en PW3 vimos los títulos de crédito al término del arco de Dressrosa, esta vez la tripulación de los Sombreros de Paja llegan a Zou con unos cuantos deambulando por Whole Cake Island y otros, por su parte, en Wano, donde Big Mom y Kaido toman protagonismo respectivamente de manera paralela. Evidentemente, los hechos de esta última saga no están conclusos y, para solventar el papel, Koei Tecmo y Omega Force han narrado una historia original de principio a fin. Tanto por lo que se cuenta por la forma en que se hace, no nos ha convencido, pero la manera de narrar los seis grandes arcos abarcados en el juego, no se deja demasiados flecos abiertos en el camino.

Esta vez comenzamos en Arabasta, pasamos a Ennies Lobby y Water Seven, viajamos a Marineford y nos adentramos en el Nuevo Mundo, donde de Dressrosa pasamos a Whole Cake y Wano. Una selección acertada, como si de un greatest hits de One Piece se tratase. Es esa la sensación global: es un homenaje a la serie. No es tan ambicioso como su antecesor, que quiso abarcar la práctica totalidad de arcos canónicos principales del manga. El problema es que, visto aquello, ahora esto se queda corto, con una aventura que apenas alcanza las quince horas de duración en su historia principal y que denota una falta de interés por mejorar, por ir más allá y profundizar en la táctica.

Olvidarse de todo lo que narra el East Blue es como un videojuego de Dragon Ball Z sin Dragon Ball o Naruto sin Shippuden; no es grave, pero los que quieran encontrar aquí una enciclopedia jugable de inicio a fin, esto no es una obra ultimate.

Profundidad jugable a costa de simpleza en el diseño de misiones

Omega Force ha encauzado a la perfección el camino que debe seguir la saga en el futuro en control y jugabilidad, pero no en diseño de misiones; todas son muy parecidas, sin apenas estrategia (ni punto de comparación con las propuestas de Hyrule Warriors, Fire Emblem: Warriors o Pirate Warriors 3) y un nivel general por debajo de la media. El nivel de dificultad Normal (tenemos Fácil, Normal y Difícil) es el equivalente al nivel fácil de cualquier videojuego del género; ya no tanto por el daño que recibimos de los enemigos, sino por la exigencia de los jefes finales. Algunas zonas son excesivamente lineales y no hay gran cantidad de misiones secundarias, sino que normalmente vamos de un punto A a un punto B, perdiendo así algo de táctica. El título desaprende lo visto en el pasado en esta misma serie.

Una de las grandes novedades de One Piece: Pirate Warriors 4 eran sus jefes de zona de tamaño gigante, donde no queda otra que fijar la cámara, rodear al enemigo ya tacar cuando encontremos un punto muerto. La idea, sobre el papel, nos encanta, porque permite recrear combates míticos del anime con una acción bien medida, recreando escenarios con mucha fidelidad y acompañando todo con escenas recreadas con el motor del juego. Sin embargo, los patrones son fáciles de identificar y no habrá ningún enemigo que nos ponga en demasiados apuros.

La conquista de áreas para dominar terrenos, algo que no cambia respecto a cualquier otro musou, peca de no variar su proceso de búsqueda y avance. En el mundo de Whole Cake encontraremos algún que otro puzle, pero la estrategia que vimos en PW3 ha desaparecido prácticamente. Afortunadamente, el diseño de los escenarios es artísticamente muy vistoso, colorido y se disfruta en cada segundo; además, el ritmo del juego no da un respiro. No hay momentos de transición: va al grano. Con más enemigos simultáneos en pantalla que nunca y sin apenas caídas de rendimiento, es la entrega más dinámica… lastrada por una falta de aliciente estratégico o cooperativo con aliados que relega los mandos a ser más machacabotones de lo que debería. Una pena. El mayor problema del juego es la cámara. Nos ha hecho suspirar en más de una ocasión por dos motivos: el primero, que es capaz de dejarnos vendidos en tanto interiores como exteriores al chocar con texturas y superponerse en las mismas; el segundo, que no sabe situarse. Si corremos, se descoloca; si giramos bruscamente, se pierde. Al final, nos hemos visto obligados a recolocar la cámara constantemente. Por suerte, muchos de los escenarios se pueden destruir a base de golpes, aunque no cambia ni afecta demasiado.

Dejando a un lado el Diario Dramático, que hace las veces de modo historia, nos gustaría destacar que todo se puede jugar en cooperativo. El modo multijugador, en tiempos como los actuales, se antoja como una opción más que válida para desquitarse a gusto con amigos —reduce también bastante la dificultad de cada zona—. Nos ha gustado también el llamado Diario de Tesoros, una consecución de pequeñas historias inventadas donde tenemos que enfrentarnos a equipos enemigos algo aleatorios pero imprevisibles, inimaginables. Todo vale y el resultado es bastante gratificante. Además, este modo gana también importancia o peso al ser una vía idónea para hacer acopio de dinero y desbloquear más habilidades y movimientos en el árbol de desarrollo de cada personaje, un mapa en el que podemos ir perfeccionando movimientos o mejorar los atributos. Muy bien diseñado. Merece la pena echarle un vistazo, especialmente si hemos terminado el modo historia y queremos algo (nuevo) más que llevarnos a la boca.

Por lo demás, una cifra que supera los 40 personajes seleccionables, con novedades inéditas como Kaido, Big Mom, Bege y Katakuri, aunque nos ha gustado especialmente lo divertido que es jugar con la Gear 4 de Luffy, todo sea dicho. En el futuro habrá tres lotes de DLC a lo largo de 2020, todos ellos de pago. Si somos pesimistas, esto nos invita a pensar que hay contenido que perfectamente podría haberse incluido en la versión comercial base y se va a aprovechar para que el comprador pase por caja más de una vez, sobre todo en lo que a sagas se refiere. Preferimos no especular ahora, ya que ese contenido es todavía desconocido.

La versión que hemos analizado es la de PlayStation 4 Pro, así que no podemos dar constancia de si en Nintendo Switch el port cumple a nivel técnico —como bien hizo Pirate Warriors 3 en ese sentido—, pero Omega Force ha conseguido perfeccionar la técnica visual vista desde comienzos de la saga con esa mezcla de cel-shading y elementos propios de la serie de animación, sin pasarse con la iluminación ni el contorno negro de los personajes. Las animaciones también han mejorado, con un Zoro, Sanji y Luffy que se mueven mejor que nunca, son un espectáculo. Insistimos: el juego es tan respetuoso con la obra original como cabía esperar. No es nada nuevo, realmente, porque Omega Force ha animado cada personaje a la perfección desde la primera entrega. Es una lástima que algunos enemigos sigan siendo tan planos y superficiales, pero el género siempre ha interpretado a estos como mero relleno.

No podemos olvidar la banda sonora, que se presta a ser escuchada con auriculares. Los momentos de tensión aumentan en función del tipo de batalla en que nos encontremos; a destacar, algunas composiciones contra jefes finales. Se echan en falta los temas originales de la serie, pero esto es un mal endémico de casi cualquier producción de la Shonen Jump, donde cuesta horrores migrar esas licencias a un entorno de videojuego sin pasar por caja de manera adicional. Eso sí, las voces están perfectamente dobladas al japonés por sus actores originales, de forma que quien esté acostumbrado a escuchar a Nami, Chopper, Franky y compañía en japonés, aquí nada cambia.

One Piece: Pirate Warriors 4
«El poder de intimidar al oponente ¡El haoshoku haki!... Este poder proviene de la «fuerza de voluntad» de quien lo posee»

Hemos realizado este análisis mediante un código de descarga suministrado por Bandai Namco en un modelo PS4 Pro.

CONCLUSIÓN

One Piece: Pirate Warriors 4 es mejor como juego de One Piece que como musou. El título logra mejorar notablemente en el plano jugable, con un renovado sistema de combate que nos ha convencido por su profundidad en combos y la diferencia entre controlar a un personaje y otro. Artísticamente destaca tanto por lo que ves como por lo que escuchas, pero la simplificación en el diseño de misiones nos ha dejado algo fríos, igual que su más que mejorable cámara. Es un título menos ambicioso y, por tanto, peor que Pirate Warriors 3, donde se abarcaba mucho más de la historia de One Piece (aquí son seis grandes arcos, el de Wano inventado de una manera poco convincente). Por suerte, los modos adicionales aportan muchas horas de contenido adicional, la rejugabilidad está garantizada y el respeto por la obra de Eiichiro Oda es incuestionable. Si te gusta One Piece, debes hacerte con él; si eres más amante de los musou que de los Sombreros de Paja, hay opciones mucho más tácticas y variadas, comenzando por su antecesor.

LO MEJOR

  • Uno de los mejores sistemas de combate de siempre en un musou
  • La fórmula funciona: es tremendamente divertido
  • Poder controlar personajes gigantes, una pasada
  • Los modos adicionales a la campaña

LO PEOR

  • El diseño de misiones se ha simplificado: apenas hay estrategia
  • La cámara puede dejarnos vendidos
  • Se omiten grandes arcos; esperábamos más historia
  • Ciertos problemas gráficos y tiempos de carga
7.4

Bueno

Cumple con las expectativas de lo que es un buen juego, tiene calidad y no presenta fallos graves, aunque le faltan elementos que podrían haberlo llevado a cotas más altas.