Artifact
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Carátula de Artifact

Artifact, Análisis de lo nuevo de Valve

El creador de Magic: The Gathering y Valve unen sus fuerzas para traernos Artifact, el último título de cartas intercambiables que analizamos en Meristation

Hacía años que no veíamos un juego nuevo comenzar con aquel logo del señor de la válvula en la cabeza. La sensación sobrecoge durante unos instantes, y esa sorpresa, seguida por el misticismo con el que empieza Artifact: apenas un icono en la pantalla y una embriagadora música ambiental, crea durante unos instantes la sensación de que estamos ante algo nuevo y emocionante. Ese escalofrío previo al saber que, al estar ante algo de Valve, no sabemos qué esperarnos, pero va a ser bueno. Un sentimiento que casi nos remite a otra época.

Esa sorpresa, misticismo y asombro se disipa considerablemente en el momento en el que movemos el ratón por la pantalla y vemos un sobre de cartas abrirse. Estamos ante lo que estamos, y aunque nos esperan sorpresas (sobre todo para los veteranos del género acostumbrados a lo que estos juegos dan de sí), es necesario aclarar a cualquier lector que el título se mueve estrictamente entre los confines de su género, para bien y para mal. Y en este analisis hablaremos de ambos.

Que tras años sin asomar la cabeza Valve decida volver al desarrollo de videojuegos con un título competitivo de cartas intercambiables (los llamados en inglés TCG) es cuanto menos curioso. Denota una filosofía humilde de aquellos que una vez marcaron tendencia en el camino que seguía la industria en cuanto a desarrollo de videojuegos, y que sentaban las expectativas de cómo un juego debía ser en su género.

Viéndolo sin embargo desde esa perspectiva, descubrimos que el acercamiento que propone Artifact para el género no es para nada humilde, sino todo un martillazo sobre la mesa. Tras tantos años encorsetados en un tipo de fórmula y unas mecánicas muy específicas que, por otra parte, para qué cambiar si funcionan de maravilla, Valve quiere poner patas arriba la clásica fórmula Magic que han seguido todos los títulos del género con el paso de los años. Tenía que ser el propio Richard Garfield, diseñador líder de Artifact y creador de Magic: The Gathering, el que cambiara las reglas del juego. Artifact es ambicioso y disruptivo, y en cierto sentido, una forma poética de abordar el género. Tirando pilares clásicos a la vez que crea unos nuevos igualmente sólidos, pero en todo momento desde el respeto y el entendimiento de lo que ha hecho a estos juegos siempre tan interesantes.

Torres, héroes y minions

Ambientado como está en el universo de DOTA, quizás lo primero que sorprende de Artifact son sus similitudes con un MOBA. Si nos abstraemos un poco del hecho evidente de estar jugando con cartas, descubrimos que la cosa va de torres, héroes y minions. Nuestro tablero de juego está formado por tres mesas que vamos jugando junto con nuestro oponente de forma secuencial. Cada mesa, llamada senda en el juego, está presidida por una torre que debemos evitar que el oponente destruya (y al mismo tiempo destruir la de nuestro oponente) y para defenderlas colocamos cartas de nuestra mano.

Comprender la jerarquía de cartas es una de las primeras tareas que tendremos que hacer en Artifact. Éstas se clasifican por color y por tipo, y muy pronto en el juego comprenderemos que las más importantes de todas son las cartas de héroe. Y es que toda la partida gira alrededor de saber gestionarlas. Al igual que el resto de cartas, los héroes son de un color determinado. Cuando colocamos uno en una senda nos permite empezar a colocar también otras cartas de su color, como hechizos, críptidos (criaturas menores a los héroes pero que también combaten) o mejoras de torre. De este modo, perder a nuestro héroe en una senda nos invalidará la posibilidad de sacar cualquier carta de su color en ella, y si perdemos todos los héroes de una senda, nuestra torre será vulnerable a los ataques enemigos.

Todo esto puede parecer de primeras un tremendo inconveniente, una regla azarosa que limita más que posibilita, sin embargo, el éxito de Artifact está en hacer de la gestión de héroes un pilar estratégico central de su gameplay, uno tan importante como los enfrentamientos 1 a 1 cuando las cartas están sobre la mesa y que aporta numerosas posibilidades al gameplay. Hay una fase previa al turno de cada jugador en la que deberemos decidir en qué sendas colocar nuestros héroes, y una vez estemos en nuestro turno, será tarea nuestra mimar a estos héroes añadiéndoles cartas de equipo, armadura o vida, que mejorarán sus estadísticas.

Con las cartas sobre la senda, la experiencia de juego es similar a otros títulos del género. Hay hechizos instantáneos con diversos efectos, bien perjudiciales para el contrincante o que beneficien nuestras cartas; hay cartas de críptidos, “esbirros” de un color determinado que se unen a nuestros héroes para atacar a la torre; hay cartas de mejoras de la torre, que aportan pasivas que se activan cada turno o según qué acciones.

De forma general, cada senda se juega y se gestiona de forma independiente, con su propia vida, héroes, mejoras de torre, críptidos y maná. Pero hay algunas cartas que jugamos que tienen efectos en otras sendas: como cambiar nuestro héroe de senda, o atacar a un críptido en cualquier senda. A pesar de esto, ser conscientes del estado general de las tres mesas es importante. Asegurarnos de que los héroes están distribuidos de forma estratégica a lo largo de las tres sendas, y que en ningún momento dejamos desprotegidas una torre es clave para la victoria. Cada torre tiene 40 de vida y la partida se acaba cuando un jugador destruye dos torres de su oponente, o dos veces la misma torre.

Para avanzar de senda en senda, los jugadores van realizando acciones de forma alternada, es decir, una cada uno hasta quedarse sin maná. Llegados a este punto, ambos jugadores atacan. Los conflictos en Artifact se resuelven en una fase de combate, en la cual cada criatura se enfrenta a la que tiene delante, y si no tiene ninguna, ataca a la torre. Por supuesto, hay cartas y habilidades de héroe que nos permiten dirigir ataques en otras direcciones para darle más miga al asunto, así como lanzar ataques que traspasan la armadura del enemigo o atacar a varios enemigos a la vez. Algo importante a saber sobre el combate de Artifact es que se trata de una acción que ambos jugadores realizan de forma simultánea, de esta forma ningún jugador tiene ventaja y la resolución del conflicto se sabe de antemano. Cuando hayamos atacado en una senda, pasamos a la siguiente y así hasta jugar en las tres.

Tras terminar una ronda existe una fase de compra de objetos. Estas cartas amarillas, al azar entre una preselección que hacemos previamente gestionando nuestro mazo, añaden una capa de profundidad más a nuestra mano. Aportando mejoras varias para los héroes o bien acciones como sacar cartas del mazo. Tras la fase de compra, pasamos a posicionar a nuestros héroes para prepararlos para la siguiente ronda. Cada partida suele durar alrededor de 8 o 9 rondas, aunque no es extraño que se alargue más.

Todo esto ya nos habrá dado una pequeña idea sobre lo siguiente que hay que aclarar, y es que las partidas de Atifact son largas. Jugar en tres mesas cada turno implica un mínimo de 6 acciones por jugador antes de pasar al siguiente, y suelen ser muchas más. Esto no significa necesariamente que el juego se haga lento. Cada partida discurre con fluidez gracias a un gran trabajo de animaciones y a una serie de mecánicas que agilizan los turnos. Con la llamada “vista previa”, el juego nos indica en todo momento cuánto daño van a recibir ambos jugadores con el estado actual de las cartas en la mesa, así como cuánto daño va a recibir cada héroe o críptido individualmente y si va a morir. Esto consigue una interfaz muy visual y útil sin restarle en ningún momento complejidad al juego, además de ahorrarnos muchas gestiones mentales para así centrarnos en pensar en nuestras acciones más inmediatas. La gran cantidad de mecánicas de Artifact da lugar a partidas llenas de momentos emocionantes y únicos, y la complejidad inicial del juego se va disipando una vez tenemos claros los pilares básicos.

El sistema de progresión de Artifact es en gran parte el aprendizaje del jugador con sus cartas y con el propio juego. Tras varias horas de juego, descubriremos lo increíblemente flexible que es su jugabilidad, y cómo permite un buen número de estrategias diferentes que varían según nuestro mazo y la partida que estemos jugando.

Esto es una buena noticia porque la progresión real del juego es mucho menos halagüeña. Cuando compramos Artifact obtenemos dos mazos iniciales, 10 sobres y 5 tickets de evento (para jugar en competitivo). Más allá de eso, conseguir nuevas cartas y sobres implica necesariamente gastar dinero real. Cada sobre cuesta 1,79 euros y las cartas individuales varían de precio constantemente en función de la demanda o rareza. Es posible vender cartas a la comunidad, y sabiendo el tipo de mazo que quieres, comprar cartas individuales es cuestión de céntimos en muchos casos (si bien es verdad que hay algunas cartas de héroes muy caras). Al final, más que microtransacciones propiamente dichas, adquirir nuevas cartas en Artifact es un ecosistema de compraventa más cercano al comercio de cromos en Steam que a comprar expansiones de Hearthstone. Se trata de una economía que resultará familiar a los jugadores de cartas físicas como “Magic The Gathering”, pero es inusitada en un videojuego del género, ya de por sí lacrado por unos sistemas de monetización bastante cuestionables. Por no hablar de que implica que entrar en la escena competitiva, o plantearse jugar con asiduidad a largo plazo a Artifact, es inviable sin gastar dinero real.

Esta monetización, tan alejada del formato de microtransacciones clásico al que estamos acostumbrados, es sin duda el mayor inconveniente de un título que más allá de eso es impecable, y algo que debemos tener en cuenta si vamos a entrar en él. La comunidad ya se ha pronunciado sobre ello, el futuro dirá si los jugadores aceptan un juego con esta economía, y por ahora, queda esperar si Valve decide mover ficha.

CONCLUSIÓN

Lo nuevo de Valve es una propuesta arriesgada, la zona de confort que supone un género tan manido como el de las cartas intercambiables se deja atrás en el momento en el que jugamos un par de partidas a Artifact. Es un juego de sesiones largas y densas no aptas para el jugador con prisa, pero llenas de eventos, situaciones únicas, y montones de oportunidades para el juego estratégico. Valve ha creado un mundo en el que da gusto quedarse. Un título refinado y complejo, con forma y con fondo. Es imposible ignorar su estricto sistema de monetización basado en la economía real, también que el estado actual del juego (con una sola campaña de contenido) no es suficiente para subsistir a largo plazo, pero para aquellos jugadores advertidos que quieran adentrarse en ello, se verán recompensados con uno de los juegos más profundos y mejor diseñados del género.

LO MEJOR

  • Complejo, profundo y bien diseñado
  • Una gran cantidad de mecánicas, innova dentro de su género
  • Apartado visual excelente, diseños, animaciones y efectos muy pulidos

LO PEOR

  • Su economía basada en dinero real es muy cuestionable
  • Actualmente no hay suficiente contenido para aguantar a largo plazo
8

Muy bueno

Juego de notable acabado que disfrutaremos y recordaremos. Una buena compra, muy recomendable para amantes del género. Está bien cuidado a todos los niveles.