Rahm ve de lejos el renacer de Kim
El coreano suma su primera victoria en tres años con el vasco lejos de las primeras posiciones en un domingo de par.


Jon Rahm acabó 34º este domingo en el Open de Escocia, el último test antes del British Open que se disputará la próxima semana en Royal Birkdale dando por concluida la temporada de majors. El vizcaíno remato con un 70, par para -4, una semana poco consistente, del 73 del jueves que casi le cuesta el corte a un 65 el viernes y un 68 el sábado para concluir con una última vuelta dinamitada por un doble bogey al 13. Quedó condenado a ver desde la distancia la pugna por uno de los títulos más prestigiosos que puede ofrecer este deporte más allá del Grand Slam: reinar allí donde fue inventado.
Un honor que disfrutó esta vez el coreano Tom Kim (-6 para -17), en lo que supone el renacer de un golfista que irrumpió con mucha fuerza en los grandes circuitos hace casi un lustro y después se apagó. Tres victorias se sucedieron en sus dos primeras temporadas completas del PGA. Se afincó en Texas, donde hizo buenas migas con Scottie Scheffler, y despertó simpatías por su estilo desenfadado, su sonrisa contagiosa, su afición por las cadenas de comida rápida y un insospechado espíritu guerrero que afloró en su debut en la President’s Cup. Entre 2024 y esta victoria solo había conocido el top-10 en tres ocasiones, y en las dos temporadas anteriores había fallado 15 cortes, muchos para su nivel.
El golf, ese camino constante de ida y vuelta, el único deporte que se puede desaprender en cuestión de días (en cuestión de golpes incluso), le sitúa ahora de nuevo en la dirección correcta. Ya son cuatro victorias antes de los 25. Palabras mayores. Ganó porque fue el mejor alrededor de los greenes, un apartado en el que los links no hacen prisioneros. O aceptas que vas a fallar muchas calles y muchos greenes, que no vas a controlar la bola como en un resort o un parkland, y estás preparado para contener los daños derivados de ello, o estás perdido.
Segundo top-20 seguido para Del Rey
El mejor español, con un último ejercicio de -1 para -8, fue Alejandro del Rey, que firmó su segundo top-20 consecutivo tras el del BMW Open. Este, al ser en un Rolex Series, se traduce en un buen puñado de puntos. El madrileño está a una victoria, como la que o un par de top-10 de tener opciones reales de conseguir una de las tarjetas para el PGA que reparte la Race to Dubai con muchos torneos por jugarse aún. Un objetivo que prácticamente tiene cumplido Eugenio Chacarra, 52º con un -1 para -2 este domingo. Nacho Elvira, el otro español que pasó el corte, acabó 68º con +3 para +3.
Kim solo incurrió en tres bogeys a lo largo de la semana, ninguno en una última jornada con cinco birdies, los últimos hoyos convertidos en un mano a mano con otro asiático, aunque presente pasaporte australiano, como Min Woo Lee, que terminó desfalleciendo ante su inquebrantable presa. Rory McIlroy, que había empezado el torneo como un tiro, se diluyó el sábado en The Renaissance con un 73 y se dejó demasiado terreno por cubrir para el desenlace.
“He jugado tan bien como se puede jugar bajo presión. He ejecutado cuando tenía que hacerlo. Estoy muy orgulloso de mí mismo por ello. El segundo golpe del 16 puede ser uno de los mejores de mi vida”, acertó a decir tras secarse las lágrimas, antes de ser coronado con flema escocesa, es decir gaitas y kilts, en una ceremonia preciosa. Colofón a un torneo que tiene todos los ingredientes que hacen un gran torneo de golf: el campo, el cartel, un público comprometido, respetuoso y educado en lo que va a ver y un espónsor fiel. Habrá que ver su encaje en el nuevo panorama del PGA Tour. Todo lo que le perjudique o rebaje su estatus será un error grosero.
Rahmbo, que salía en tierra de nadie pero al menos sin necesidad de recuperar hoyos porque estuvo entre los que pudo terminar su recorrido el sábado pese a los retrasos provocados por la niebla, iba viento en popa por los nueve primeros, birdies al 4, 5 y 8, ningún fallo. El cambio de ruta, por el que este año lo que antes era el tramo del 10 al 16 pasó a ser el del 1 al 7 y viceversa, no le ha ido bien. En el último tercio del campo, ahora desprovisto de pares 5, ha hecho +1 a lo largo de la semana. Ahí llegaron este domingo un doble bogey y un bogey que dieron al traste con el botín acumulado. No llega precisamente boyante al British, con este y el corte fallado en el US Open como muestras más recientes en una temporada de altibajos. Pero es Jon Rahm. Nunca digan nunca.
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