Juegos Invierno | Esquí de montaña

España pasa de la nada al doblete en los Juegos de Invierno: oro de Cardona y bronce de Alonso

Oriol Cardona se convierte en el primer campeón olímpico invernal de España desde Paquito Fernández Ochoa en 1972. Ana Alonso se cuelga un bronce épico en una tarde para el recuerdo.

España pasa de la nada al doblete en los Juegos de Invierno: oro de Cardona y bronce de Alonso
Jorge Noguera
Redactor en Más Deporte
Nació en Madrid en 1995. Doble grado en Periodismo y Audiovisuales por la Rey Juan Carlos. Un privilegiado, hace lo que siempre quiso hacer. Entró en AS en 2017 y se quedó. Salvo un paréntesis en Actualidad, siempre en Más Deporte. Allí ha escrito sobre todo de rugby, golf y tenis. Ha cubierto el British Open, la Copa Davis o el Mutua Madrid Open.
Bormio Actualizado a

La larga noche que ha seguido al oro de Paquito Fernández Ochoa en Sapporo 1972, interrumpida puntualmente por los fogonazos de su hermana Blanca (bronce en Albertville 1992), de Regino Hernández y Javier Fernández (terceros en Pyeongchang 2018) y la plata de Queralt Castellet en 2022, tocó a su fin este jueves en Bormio. España vuelve a ocupar el primer cajón de un podio olímpico invernal 54 años después por obra y gracia de Oriol Cardona Coll, que a sus 31 años se proclamó a los pies del Stelvio campeón de esprint en esquí de montaña, deporte introducido en el programa para esta edición de Milán-Cortina 2026. Su inseparable Ana Alonso, con la que el sábado buscará otra medalla en el relevo mixto, capturó el bronce. Si las desgracias vienen todas juntas, a veces las alegrías también.

España pasa de la nada al doblete en los Juegos de Invierno: oro de Cardona y bronce de Alonso

Así han celebrado Oriol Cardona el oro y Ana Alonso el bronce

La celebración de los dos esquiadores en una jornada histórica para el deporte de invierno español.

Allí donde España saboreó la gloria en las pedaladas del ‘Tarangu’ Fuente, de Paco Galdós y de Mikel Landa, Cardona, un esquiador que ya había sido dos veces campeón del mundo de la modalidad (2023 y 2025) y otras dos de Europa (2022 y 2024), amén de otros cinco metales internacionales, estrenó el medallero español en unos Juegos que, para no variar, han vuelto a suscitar la inquietud habitual: ¿Por qué un país que se vende como sol y playa, pero que también goza de importantes ecosistemas montañosos, no rinde en esta variante olímpica?

La inclusión del skimo le ha venido como anillo al dedo. Ahí, aunque haya tenido poca repercusión, como cualquier otra disciplina que no sea fútbol, baloncesto, tenis, ciclismo o los deportes olímpicos en este país, se es potencia desde que Kilian Jornet y Claudia Galicia se pusieran a ganar medallas como churros durante la pasada década. Y la cosa se tomó muy en serio en la FEDME desde que empezaron a sonar los cantos de sirena del COI. Se potenció lo que ya había, dos figuras de élite absoluta como Cardona y Ana Alonso, y se amplió la base con jóvenes prometedores como Ot Ferrer y María Costa, que este jueves tuvieron también su primera experiencia en el mayor escaparate que puede ofrecer el deporte.

La competición se configuraba con tres series de seis atletas por sexo. Pasaban a semifinales las tres mejores de cada una y los tres mejores tiempos restantes. Ni Pau Gasol, ni la ministra del ramo, Milagros Tolón, ni por descontado el presidente del COE, Alejandro Blanco, quisieron perdérsela. Alonso y Costa salieron en la tercera manga. Para la granadina era el final de un trayecto milagroso, de un atropello en septiembre que le dejó, entre otras cosas, los ligamentos cruzado y anterior en su rodilla izquierda rotos, a unos Juegos menos de cinco meses después; y el comienzo de otro nuevo, el que podía llevarla al éxito más importante de su carrera. Ambas sacaron billete con cierta comodidad, aunque Alonso sufrió un tropezón en el tramo de escalones a pie que hizo temer por la articulación dañada. La francesa Harrop y la suiza Fatton, las favoritas, les acompañaron a la siguiente ronda.

Cardona y Ferrer hicieron lo propio sin demasiados apuros. La esperanza nacional comandó su serie con una autoridad incontestable. Fue el más rápido en todos los segmentos, cogiendo una distancia sideral en las escaleras. Ferrer entró detrás suyo. Ya decían en la previa que el temporal que azotó Bormio este jueves, como se esperaba, y cuyos efectos los operarios se afanaban en paliar entre serie y serie ventilando la pista con sopladoras, no tenía por qué influirles en nada. Y así fue. Lo mismo en el caso de las principales amenazas, el suizo Kistler, el ruso Filippov, que competía bajo bandera neutral por el veto del COI a su país, y el francés Anselmet. Todos cumplieron.

Los emparejamientos de las semifinales femeninas no fueron favorables a los intereses españoles. Alonso y Costa cayeron juntas y en el grupo más duro, con Farrop, que llegó primera, y Hatton, segunda seguida de cerca por la andaluza, que transicionó muy bien y se metió por tiempos (3:09.19 el suyo) en la batalla final, beneficiada porque el otro grupo fue lento. Lo comandó Ravinel 3:10.13, un crono que alimentaba la ilusión de cara a la final. El diploma, por lo pronto, ya estaba asegurado. Costa en cambio se distanció rápido y fue última. KO.

Rumbo al doblete

A Cardona, por su parte, le tocó bailar con la más fea, Anselmet, líder del ranking mundial, que le batió en Boí Taüll, en la última prueba de Copa del Mundo previa a los Juegos. El francés, seis veces medallista mundial, se tocó en la ascensión inicial con el noruego Klette pugnando por la posición en el zigzagueo y solo alcanzó a ser tercero, por detrás del suizo Kistler y de Oriol. El reloj, sin embargo, le sirvió de pasaporte a la pugna por las medallas. También a Ferrer, aunque su primera transición, a la que llegó compartiendo cabeza con el suizo Letha, fue algo atropellada.

España pasa de la nada al doblete en los Juegos de Invierno: oro de Cardona y bronce de Alonso
Ana Alonso celebra el bronce ayer en Bormio. Denis Balibouse

Como mínimo España iba a salir del debut del skimo con tres diplomas. Un botín que en otras disciplinas sería para darse con un canto en los dientes. En esta, visto lo visto, se antojaba paupérrimo. Pero Alonso todavía no había agotado la épica. En una final tremendamente emocionante, cuando parecía que había perdido muchas de sus opciones en la subida, ejecutó dos transiciones sensacionales con las que dejó fuera de juego a la francesa Ravinel y salió tercera al descenso, en el que ya está todo el pescado vendido salvo error fatal. No lo cometió. El bronce, y con él la sexta medalla invernal de España, llevará para siempre su nombre, haciendo bueno aquello de que la vida muchas veces te da lo que antes te ha quitado. En su caso era de justicia.

Faltaba la de Oriol para redondear una tarde histórica, la que había de producir la segunda edición multimedalla de España, junto con la de 2018, en 102 años de esta cita. Lo suyo fue coser y cantar. Pareció sencillo, aunque ni mucho menos lo fuera. Un marchar imperial hacia la historia. Una exhibición de esa capacidad física innata con la que le ha bendecido la caprichosa genética. Un oro que estaba escrito en cada cromosoma de su ADN. La sequía de oros termina en él. Y Ot, con 23 años, fue quinto, síntoma de que hay en él puede haber continuidad. Ahora falta que esto no caiga en saco roto. Que no haya que esperar otros 54 años.

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