FranciaFRA
48
InglaterraING
46
Finalizado
Rugby | Seis Naciones

Los reyes del Seis Naciones

Francia se convierte en el equipo más laureado de este formato con su octavo título, en un partido para el recuerdo que encumbra a Bielle-Biarrey.

Los reyes del Seis Naciones
Jorge Noguera
Redactor en Más Deporte
Nació en Madrid en 1995. Doble grado en Periodismo y Audiovisuales por la Rey Juan Carlos. Un privilegiado, hace lo que siempre quiso hacer. Entró en AS en 2017 y se quedó. Salvo un paréntesis en Actualidad, siempre en Más Deporte. Allí ha escrito sobre todo de rugby, golf y tenis. Ha cubierto el British Open, la Copa Davis o el Mutua Madrid Open.
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Fue un partido que dejó a media Francia desvelada, presa de la adrenalina. Un episodio que pasará a formar parte de las grandes exhibiciones ofensivas del Seis Naciones, 13 ensayos en total (109 a lo largo de toda la cita, más que nunca), cada bando con sus armas bien diferenciadas, en el que se terminó de constatar el estatus de Bielle-Biarrey como uno de los jugadores más desequilibrantes del panorama actual. El que coronó este sábado a Francia campeona del torneo por segundo año consecutivo a costa de Inglaterra, que murió matando en Saint Denis (48-46), y de Irlanda, que esperaba en la ‘silla caliente’ de este supersábado desde que derrotara a primera hora de la tarde a Escocia en Dublín.

El Gallo se convierte así en el equipo más laureado con este formato, el que rige desde la inclusión de Italia en el año 2000. Son ocho entorchados ya y con este último se produce el sorpasso a los ingleses, que hasta ahora fijaban el techo con siete. Cuatro en la primera década, a lomos de esa generación de fantasía que conformaran los Szarzewski, Bonnaire, Harinordoquy, Yachvili, Michalak y compañía. Ninguno en la siguiente, la etapa oscura de los tejemanejes de Bernard Laporte y los bandazos en el banquillo. Tres ya bajo el mando de Fabien Galthié, el hombre que devolvió las burbujas al champán.

Ni bajas importantes como las de Ntamack o Penaud ni las dudas que ofrece en numerosos pasajes de los partidos una delantera en la que el exmedio melé no termina de atisbar últimamente un pack tipo han sido determinantes porque el arsenal del que disfruta este equipo es tremendamente poderoso. Lo de Bielle-Biarrey ha sido majestuoso. Nueve ensayos a lo largo del torneo, cuatro de ellos en esta jornada. Dos en una media hora inicial en la que un simple pestañeo era garantía de perderse algo. Por momentos todo el entramado de ataque francés se basa en poner el oval a rodar y ver de qué es capaz el bueno de Louis, lo que habla a la vez bien y mal del equipo. Lanzado primero por Ramos y después por Jalibert, sus dos incursiones iniciales hacían soñar a Saint Denis con una tarde tranquila.

Nada más lejos de la realidad. La delantera de Inglaterra, que había contrarrestado los dos posados inaugurales del guepardo de La Tronche con un par de operaciones relámpago finalizadas por Roebuck y Murley, se arremangó superado el caos inicial y fabricó dos nuevas marcas de Chessum y Alex Coles para darle la vuelta al calcetín. La brecha, que se quedó más escasa de la cuenta porque Fin Smith estaba errático en el pateo, se suturó en un abrir y cerrar de ojos antes del descanso. Otro arañazo de Bielle-Biarrey y un ensayo de castigo que resultó además en amarilla a Ellis Genge por intentar derribar un maul con malas artes fueron los responsables.

Francia volvió de vestuarios resuelta a castigar esa inferioridad numérica del rival. Nada más reanudarse la acción llegaba el hat trick de Bielle-Biarrey y poco después Attisogbe, su socio en ese conglomerado de material bélico que son las alas del Gallo, consolidaba el cambio de tendencia. A partir de ahí el partido careció de dueño. El Stade de France se convirtió en un frenopático. De repente Francia era campeona, cinco minutos después estaba en la lona y así sucesivamente. Una montaña rusa alimentada por la munición que ambos seleccionadores guardaban en los banquillos.

Chessum acercó a los ingleses y la velocidad de Smith al espacio les puso de nuevo por delante antes de que la velocidad de Bielle-Biarrey volviera a dictar sentencia. Esta vez le puso en órbita Dupont con un globo y todos y cada uno de los botes posteriores de la almendra le sonrieron camino al ensayo que parecía llevar la tranquilidad definitiva a las filas francesas. Tocado por una varita. Aún quedaban una nueva amarilla, a Demba Bamba, y un nuevo posado de Inglaterra, obra de Freeman, a tres minutos del final que parecía agüar definitivamente la fiesta. Sin margen de error, Ramos puso el balón en juego, el Gallo recuperó la posesión, la perdió a manos de un Pollock que luego pecó de frívolo cuando la situación requería guardar la ropa y Amashukeli concedió un golpe a tiempo cumplido por placaje alto. Ramos tenía en su pie el título francés, casi como decir que Francia ya era campeona. No falló.

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