JUDO

Fran Garrigós: "Miro mi tatuaje y sueño con una medalla olímpica"

El judoca mostoleño, tras lograr su segundo oro europeo seguido, habla con AS. Su próximo objetivo, volver al podio del Campeonato del Mundo.

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Fran Garrigós: “Miro mi tatuaje y sueño con una medalla olímpica”
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Como si no se hubiera proclamado campeón de Europa por segunda vez seguida, Fran Garrigós responde al teléfono en medio de una sesión de estudio. "No, no, tranquilo. Así aprovecho para desconectar", asegura cuando se le plantea si prefiere dejar la entrevista para otro momento. El mostoleño, tras vencer a Yanislav Gerchev en casa ajena, en los Europeos de Bulgaria (29 de abril), sólo piensa en su reto más inmediato: un examen de la carrera universitaria que está cursando, CAFYD (Ciencias de la Actividad Física y del Deporte). "Muy contento de poder haber revalidado el título. Era uno de los objetivos de esta temporada. Este año, en realidad, estoy más centrado en terminar la carrera. He cogido bastantes asignaturas para poder terminar, porque era el curso que mejor me iba para hacerlo", se explaya con la madurez que, a sus 27 años, le ha otorgado compaginar la élite deportiva con los estudios.

Su día a día agotaría a cualquiera. Podría optar por otras opciones, pero siempre ha preferido asistir presencialmente a las clases. Cuando los campeonatos internacionales no se lo han imposibilitado, claro. Suele levantarse a las siete. Por la mañana, intercala los libros con sesiones físicas. "Hoy, por ejemplo, he ido a la universidad de 8:30 a 10:30 y de 12:30 a 14:30. En las dos horas libres, he entrenado", explica. Por la tarde, estudia y, ya, se exige encima del tatami. Una rutina estricta, que no altera ni en los días posteriores a un segundo oro continental. "Lo he celebrado, pero tampoco mucho. El objetivo es terminar la carrera y estoy muy centrado en eso", repite una y otra vez.

Para esta temporada, debido a las exigencias académicas, tenía dudas a nivel deportivo ("no sabía si podría tener grandes resultados"), pero las está despejando, "waza-ari" tras "waza-ari" e "ippon" tras "ippon". En Bulgaria, ante un doble medallista europeo al que no había podido vencer nunca en el viejo continente (perdió frente a él en 2017 y 2018), fue un vendaval. "La verdad es que me encontraba muy bien. Me quedo más con la seguridad encima del tatami que con el resultado en sí. Contra Gerchev debía salir al 100%, tenía a todo el público apoyándole...", explica. Y así lo hizo. Para colgarse una presea que, "por lo difícil que es el año", aún tiene más valor que la anterior. "Sí, yo creo que estoy más contento", relativiza. Ya luce junto a sus otras cuatro medallas europeas (dos oros, una plata y dos bronces).

Fran Garrigós junto a los mejores clasificados en Bulgaria.

Un tatuaje que esconde un sueño

Su carácter inquieto le llevó al tatami por primera vez y la constancia justifica sus tempraneros sueños. A los cuatro años, sus padres le apuntaron al gimnasio Lee de Móstoles; a los diez, Fran ya tenía claro que quería una medalla olímpica. "A esas edades, quería hacer de todo. 'A ver si se cansa...', debieron pensar mis padres", recuerda Garrigós, que se enfadaba los días que no podía subirse al tatami. "Siempre he competido en todo, ya sea jugando al fútbol o al pádel. A mi padre le preguntaba si hoy tocaba judo o no, y me enfadaba cuando no había entrenamiento", se extiende. "Me gustaba, veía los Juegos Olímpicos y pensaba 'ahí, ahí es donde me gustaría estar y poder sacar una medalla'", concluye.

"A mí padre le preguntaba si hoy tocaba judo o no, y me enfadaba cuando no había entrenamiento"

Fran Garrigós, judoca español

Por ello, seguramente, después de participar en Río 2016, se tatuó los aros olímpicos que lucen en la parte derecha de su cadera. Un tatuaje muy suyo y que, más que un complemento visual, es una herramienta de trabajo. "En vez de para que lo viera la gente, me lo hice para que, cada vez que lo vea yo, tenga más claro donde quiero ir, donde quiero estar y sacar una medalla. Por eso lo tengo que no se vea. Sólo para verlo yo y saber para qué entreno y por qué", revela. París 2024, pues, ya ronda su cabeza. "Todos estos entrenamientos, estos resultados... son de cara a ello, para llegar en las mejores condiciones posibles", no esconde. Desde Isabel Fernández en Sídney 2000, y después de los dos oros en Barcelona 92 y dos medallas más en Atenas 96, el judo español está huérfano de metales olímpicos. Fran se ve capaz de lograrlo, pero, antes, el segundo objetivo de esta temporada: el Campeonato del Mundo, del 6 al 13 de octubre en Tashkent (Uzbekistán). En 2014, el mostoleño, bronce en 2021, ya fue campeón del mundo júnior. "Si ya lo logré entonces... ¿por qué no puedo lograrlo en categoría absoluta?", argumenta entre risas. Una broma que, en boca de un doble campeón europeo, deja las intenciones claras. El continente ya se le queda pequeño.