HALTEROFILIA

Lydia: "Quiero estar en París y me gustaría ser la abanderada"

La triple medallista olímpica presentó su libro 'El peso de la gloria' junto a Alejandro Blanco en el COE. "Puedo dormir tranquila, he sido leal al deporte".

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Alejandro Blanco y Lydia Valentín, con el el libro
PEPE ANDRES

Con 15 años, Lydia Valentín le dijo a su madre que le preparara una "maleta grande" para marcharse a Madrid, a la Blume. El Centro de Alto Rendimiento donde ha forjado sus tres medallas olímpicas (oro, plata y bronce) y sus dos títulos mundiales. Desde Camponaraya, un pueblo leonés de 3.000 habitantes, ella divisó siempre la meta de convertirse en alguien grande en la halterofilia. "El valor de Lydia es el camino de Camponaraya al cielo. Pensó en algo imposible y lo consiguió", resumió hoy Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español (COE) en la presentación del libro 'El peso de la gloria' (Editorial Harper Collins), escrito por la campeona y que recoge su historia.

"El peaje para la gloria es muy alto y no todo el mundo está dispuesto a afrontarlo. Pero yo he venido al mundo para esto y lo volvería a pagar. Espero que sirva de referente, de motivación para otros. Es una historia de inspiración", explicó emocionada y rodeada de los suyos (familia, amigos, entrenadores, compañeros, la que fue su referente Estefanía Juan...) la berciana de 37 años.

En la halterofilia, un "deporte solitario", encontró su sitio y su lugar en la historia pese a que rivales dopadas le impidieran subir a los podios. No pudo disfrutar del oro de Londres 2012 sobre el cajón ni de la plata de 2008. Reanálisis de muestras acabaron borrando del palmarés a las tramposas. "Lo más importante es que puedo dormir tranquila, he sido leal a los valores del deporte y a mis valores", se contratuló aquella niña que se enamoró de los Juegos con Barcelona 1992. "El príncipe saludando, todo el país involucrado, la cantidad de deportes... Me dije que algún día quería estar allí. Fue un verano inolvidable", recordó.

Con 'El peso de la gloria', pergeñado durante la pandemia, Lydia no ha puesto punto final a su carrera. Una lesión de cadera le impidió competir a su nivel en Tokio 2020. Lleva ocho meses luchando contra ella y aún no puede entrenar. Pero confía en vencerla. "A corto plazo quiero recuperarme al cien por cien porque arrastro incluso una pequeña cojera, he sufrido muchas infiltraciones y era más grave de lo que pensábamos. Se tienen que recuperar el hueso y el cártílago. Pero quiero estar en París, en mis quintos Juegos", avisa. ¿Y de abanderada? "Me encantaría. Es el sueño que tiene todo deportista veterano que haya conseguido lo máximo", responde mientras Alejandro Blanco sonríe al lado. Queda poco. Y lo que se propone, lo consigue. Sólo hay que leerse el libro.