WATERPOLO

El waterpolo militar de Rudic

El técnico de Belgrado, ganador de cuatro oros olímpicos y llamado “el maestro”, decide retirarse a los 71 años y pone fin a los métodos de entrenamientos yugoslavos.

Ratko Rudic, en Londres 2012.
HRVOJE POLAN

Ratko Rudic (Belgrado, 1948), entrenador que ha llevado a Yugoslavia (1984 y 1988), Italia (1992) y Croacia (1992) a colgarse el oro olímpico, decidió esta semana retirarse de los banquillos. No es la primera vez que lo anuncia, pero a sus 71 años y tras las consecuencias devastadoras del COVID-19 se antoja la definitiva. Rudic abandona el Pro Recco italiano sin poder levantar la Champions, quizás el único trofeo como entrenador que le ha faltado en una vitrina única. Se retira “el mejor técnico de la historia”, en palabras de Dani Ballart; o “un maestro para los entrenadores”, en boca de Felipe Perrone.

El nombre de Rudic sembró el terror especialmente en los 80 y los 90, época en la que sus entrenamientos militarizados eran la comidilla en los vestuarios del waterpolo. “Fue el primero en innovar y acercar el gimnasio al agua. Los jugadores alternaban las pesas con la piscina. Su objetivo era adquirir una resistencia física y mental completas”, recuerda Ballart, internacional español de 1991 a 2005, testigo de las proezas de Rudic siempre como rival.

España-Italia, en Barcelona '92.

De hecho, las historias de Rudic y de la generación de oro del waterpolo español, que entre 1991 y 2001 ganó dos medallas olímpicas y cuatro mundiales, pudieron entrelazarse. Después de la renuncia del seleccionador Toni Esteller en 1990, Quim Pujol, entonces director técnico del waterpolo, pensó en Rudic como sucesor. Pero España había llegado unos días tarde. El serbio les dijo que acababa de comprometerse con Italia. España se lanzó entonces por el croata Dragan Matutinovic. La final de Barcelona 92 la ganó la Italia de Rudic en la segunda prórroga a la España de Matutinovic. Ambos técnicos, de la escuela balcánica, compartían métodos, pero Rudic llevó a la excelencia el suyo, logró prolongarlo en el tiempo y ser el padre de una manera de entrenar que le ha mantenido 35 años en los banquillos.

Con Italia, Rudic lideró una selección temible, campeona olímpica en 1992 y del mundo en 1994. “En el Europeo de Viena, en 1995, decidió prescindir de la famosa Vecchia Signora y confiar en los júniors, que habían sido campeones del mundo en 1993. Y se llevaron ese Europeo”, recuerda Ballart. Después de Italia, y tras ser sancionado un año por intentar agredir a los árbitros en los cuartos de final de los Juegos de Sidney, Rudic se trasladó a Los Ángeles para entrenar a Estados Unidos. Pero ahí topo con otra mentalidad.

Rudic, en Sidney 2000.

"Cada día es el peor de mi vida"

“Cada día es el peor de mi vida”, relataba el boya Ryan Bailey. Los estadounidenses nadaban una media de 3.000 metros en cada entrenamiento, pero cuando llegó Rudic empezaron a nadar 5.000, después 7.000, más tarde 10.000 para luego pasar a 12.000, 14.000… hasta ¡18.000 en un día! “No era necesario hacer eso. Todo era mental. Él quería empujarte a ti mismo cuando estuvieras cansado”, recuerda Layne Beaubien, otro jugador de la época.

Pero Estados Unidos fracasó en Atenas 2004. Acabó séptimo, la peor clasificación de las últimas ediciones. Rudic aplicó los mismos métodos a los hijos de familias adineradas que practicaban waterpolo en California que a los jóvenes de países como Italia o Yugoslavia, donde el deporte es una oportunidad para tener una vida mejor. Su sistema no cuajó y decidió regresar a su casa para entrenar a Croacia. Con el equipo balcánico fue campeón mundial y olímpico. Y se embarcó en otro reto, Brasil, clasificada para Río 2016, los Juegos de su país.

Rudic, en Londres 2012.

“Vivimos tres años muy duros, pero todos sabíamos que era la única forma de que Brasil pudiera hacer algo en los Juegos. Teníamos estrés las 24 horas. Rudic creó a 13 locos soldados que dieron el 100%... y estuvimos a punto de liarla”, rememora Adrià Delgado, ahora internacional con España y antes con Brasil.

El equipo sudamericano, selección menor del waterpolo, acabó en Río 2016 ganando a Serbia y perdiendo en cuartos de final. Con Rudic llegaron a ser octavos. “La preparación mental es bestial. Es un maestro”, rememora Perrone, que ha estado en todos los países y lleva 20 años en la elite del waterpolo.

Detrás de esa piel tan dura como el mármol se escondía una persona con sensibilidades. “Yo estaba en la selección por otro entrenador. Cuando llegó Rudic, sinceramente, me aterré, por su carácter y por todo lo que había escuchado. Además, yo me iba a jugar a Hungría y creía que ya no me llamaría. Sentía que había perdido la oportunidad de mi vida”, explica Delgado. “Pero hablé con él y me dijo que estuviera tranquilo, que la experiencia en Hungría me iría bien y que ya nos organizaríamos. Eso me calmó”, comentó el actual jugador del CN Barcelona.

"No se perdía ni un detalle. También era un cachondo. Al preparador físico le ponía hielo o un tenedor en la silla antes de las comidas para que se pinchara"

Adrià Delgado

“Tenía la habilidad de controlarlo todo. Todos trabajaban para él. En las comidas de equipo él se colocaba en una posición que podía ver todo. Siempre decíamos que si lo mirabas él te estaba mirando… Y era verdad”, recuerda Perrone. “No se perdía ni un detalle. También era un cachondo. Al preparador físico le ponía hielo o un tenedor en la silla antes de las comidas para que se pinchara”, explica Delgado.

Ya más tierno por la edad, Rudic deja incompleto el sueño de ganar la Champions con el Pro Recco italiano. Ha decidido poner punto final después de cinco medallas olímpicas (cuatro oros y un bronce), cinco medallas mundiales (tres oros y dos bronces) y seis medallas europeas (tres oros, dos platas y un bronce). Hijo de militar, ha conseguido marcar una época con sus métodos que crearon escuela. Su retirada cierra el telón.