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EE UU pierde la esperanza de un deporte "normal"

Expertos de la NCAA ven difícil que el deporte regrese en 2020 y un 72% del público vincula su asistencia a la existencia de una vacuna.

EE UU pierde la esperanza de un deporte "normal"
AFP

El primer año sin March Madness, el gran torneo del baloncesto universitario, ha dejado en el bolsillo de la NCAA (National Collegiate Athletic Association) un agujero que ronda los 1.000 millones de dólares. Y una profunda herida emocional. No hay, más allá de la Super Bowl, evento más trascendente a nivel social en el deporte estadounidense, del que las competiciones universitarias son huesos y alma desde hace más de un siglo. Un entramado de más de 1.000 instituciones educativas que también sufre con vehemencia los efectos del coronavirus. Suspendido el Madness, el siguiente hito para ese deporte universitario es el inicio de la sacrosanta temporada de fútbol americano, a finales de agosto. Un evento todavía lejos por fechas... pero ya marcado por la incertidumbre.

La NCAA ha creado un panel con expertos del mundo de la ciencia para analizar la hoja de ruta durante la pandemia. Uno de ellos, el doctor Carlos del Rio de la Universidad de Emory, no fue precisamente optimista en una intervención pública junto al director de las oficinas médicas de la NCAA, Brian Hainline. Según Del Rio, hay luz al final del túnel, pero a corto plazo el panorama no es halagüeño: “Esto no es el fin del mundo, se arreglará. Pero veo difícil que volvamos a la normalidad en las competiciones por ahora. No mientras no se haya desarrollado una vacuna y haya unas estrategias más definidas. Es difícil que esto suceda en 2020. Antes de que haya deporte tiene que acabar la saturación de los hospitales, reducirse drásticamente los positivos, haber test disponibles para la población... Y veo difícil que todo eso se consiga con la suficiente rapidez como para que vuelva el deporte con normalidad en 2020”.

Hainline, por su parte, dejó claro que no quiere que la temporada de football, una competición seguida de forma masiva en Estados Unidos, comience con el peligro de tener que dar marcha atrás: “No vamos a caer en el error de poner una fecha y forzar el regreso sean cuales sean las circunstancias”. El fútbol americano (el universitario en agosto y el profesional en septiembre) puede verse abocado, además, y si salva sus calendarios, a jugar sin público. Seguramente una necesidad desde un punto de vista médico... pero también si se atiende a la situación de unos aficionados muy golpeados anímicamente por una crisis sin precedentes.

Un estudio de la Universidad de Seton Hall lo deja claro: el 72% de los encuestados asegura que no irá a ningún evento deportivo hasta que no haya una vacuna fiable para tratar el coronavirus. Si se limita a grandes aficionados al deporte, es el 61% el que vincula su regreso a la vacuna. Solo un 13% asegura que está listo para comportarse con normalidad si una Liga reabriera. La encuesta pregunta también por los eventos a puerta cerrada. El 76% los vería por televisión con el mismo interés que antes de la pandemia.