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AVENTURA

La vuelta al mundo a pie en tres años del español Nacho Dean

Recorrió 33.000 kilómetros con salida y vuelta en Madrid, pasó por 21 países y gastó doce pares de zapatillas en su encuentro con osos, rinocerontes y mosquitos

Nacho Dean en Madrid,

acho Dean es un malagueño con una patria plural porque ha vivido “en muchos sitios desde niño”. Quizá esa niñez de hijo de marino le impulsó a descubrir lugares y le motivó a dar la vuelta al mundo a pie. Dejó su trabajo de publicista y se enfrentó a su primera gran experiencia vital: “Lo tenía en la cabeza, y quería hacerlo. Con mis ahorros invertidos para completar la experiencia, porque cuando te marcas un reto así es complicado encontrar patrocinadores, no saben si vas a llegar, si vas a renunciar, si te va a pasar algo en el viaje”.

Cuenta Nacho que él no tenía ataduras personales, y que sólo se planteaba abortar el camino “si le ocurría algo grave” a algún familiar. No necesitó regresar antes de tiempo: “En esos tres años, de pasar por treinta y un países, de desgastar doce pares de zapatillas deportivas, no puedes parar, no puedes enfermar, porque eso supone ir al hospital. Y me pasó en la recta final, en Chiapas (México), cuando sufrí la fiebre chikungunya por un mosquito, que me tuvo una semana parado”. Otros momentos que recuerda como peligrosos, dormir rodeado de osos en Eslovenia “colgando la mochila de la comida en árboles, o toparte a un poco amigable rinoceronte en Nepal, o cruzar El Salvador escoltado por la policía por el peligro que suponen las maras”.


Salió de Madrid en inversa a las manillas del reloj, para recorrer el sur de Europa, pasar a Asia, cruzar la India, bajar en barco hasta Australia en soledad, superar Oceanía para subir América desde el sur. “Tienes que luchar contra la soledad, racionar el agua, la comida, aprender a tirar de un carrito con 70 kilos de peso y caminar 50 kilómetros al día”, recuerda Nacho, que cuando llegó a Nueva York, “en unos días de tormenta en que la policía inspeccionó porque no daba crédito a que llevase a un bebé en aquel carrito en plena ventisca”.

Y en Nueva York sintió que el viaje había terminado, “porque volar en avión a Lisboa y llegar a Madrid tres años después menos un día (20 marzo) era un aperitivo”. ¿Y ahora? “De aquella experiencia vital surgen nuevos retos”.