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Comaneci: "Biles y Raisman fueron valientes al denunciar"

Comaneci: "Biles y Raisman fueron valientes al denunciar"

Matthew Lewis

Getty Images for Laureus

Nadia Comaneci (Onesti, Rumanía, 57 años) atendió a As antes de los premios Laureus de este lunes (17:00, TDP) en Montecarlo. La eterna niña del 10 en Montreal 1976.

Montecarlo

Nadia Comaneci (Onesti, Rumanía, 57 años) está asociada a un número, el 10. El primero de la historia de la gimnasia, que conquistó en los Juegos de Montreal 1976 con sólo 14 años. Allí ganó tres oros, una plata y un bronce y llegó a esa calificación mítica en seis ejercicios. En Moscú 1980 redondeó su palmarés con dos oros y otras dos platas. Bela Karolyi la descubrió y exprimió; Nicu, el hijo del dictador Nicolae Ceausescu, se encaprichó de ella y según algunas biografías la llegó a maltratar. En 1989 huyó de Rumanía, se exilió en Estados Unidos, se casó con el exgimnasta Brad Conner con quien tiene una escuela de gimnasia en Oklahoma, es imagen de grandes marcas, mantiene un hospital en Bucarest y una de las deportistas de leyenda de la Academia Laureus

Comaneci será este lunes (19:00, TDP) una de las estrellas de la ceremonia. Antes, habló con As sobre su vida y sobre la gimnasia y sus últimas convulsiones. 

-Toda su vida está marcada por un número, el 10. Debe ser difícil…
-No crea, lo que hice en la gimnasia hace ya tantos años fue calificado como lo mejor, pero siempre he seguido persiguiendo ese número, esa nota en cualquier aspecto de mi vida. ¡Es mi número favorito, el que me identifica!

-¿Qué es lo que más recuerda de aquel 18 de julio de 1976 que marcó su vida?
-¡Va a hacer 43 años! Recuerdo que era muy joven, que apareció una nota de 1.00 porque el sistema electrónico no estaba preparado, que todo el mundo estaba confuso… Tengo un hijo de trece años, le miro y me digo: con un año más que él ya estaba compitiendo en unos Juegos. Le veo muy joven, pero yo a su edad no lo era ya tanto porque ya llevaba ocho años en el deporte. Comparando eso, aprecio ahora más lo que hice.

-‘Es perfecta’. ¿Cómo se sentía cuando leía eso con 14 años?
-No leía demasiado. Solo entrenaba. Ahora me gusta recordarlo, ‘La reina de Montreal’… (se ríe).

-Hay un montón de niñas que se llaman Nadia…
-Me hace sentir orgullosa, porque muchos padres me han dicho que las bautizaron así después de verme competir en los Juegos.

-¿Cómo vivió la rivalidad con Rusia? Usted llegó para acabar con su dominio.
-No las veía como rivales. Todas entrenábamos para ser las mejores y Neli Kim es una gran amiga. Recuerden que yo logré el primer diez, pero para ella fue el segundo en Montreal 1976 y sólo se hablaba de mí. La competencia nos hizo mejores, como pasa siempre en el deporte.

-¿Le gusta el sistema de puntuación actual, eso de que la nota máxima ya no sea un diez?
-Entiendo que se haya evolucionado, pero se ha perdido la excitación del 10, esa referencia. Ahora ves una nota y el gran público no sabe qué ha pasado.

-¿Qué significa para usted la palabra comunismo?
-Un tiempo en mi vida y el de mucha gente. Me dio la oportunidad de dedicarme a un deporte que impulsaba el estado en una época en la que no era fácil para la mujer dedicarse a ello. ¡Ahora espero que el siglo XXI sea el de la mujer! Pero no me gusta demasiado hablar del pasado… Viví como todos, con poco dinero. (En 1989, poco antes de que cayera Nicolae Ceausescu, abandonó Rumanía para refugiarse en EE UU).

-Tiene una academia de gimnasia junto a su esposo, el exgimnasta Bart Conner, en Oklahoma. ¿Hay alguna Comaneci para el futuro?
-Hay 1.200 gimnastas con nosotros, pero son sobre todo escolares. Muchos padres buscan una forma de que progresen para ir con una beca a la universidad. Una vez allí, la competencia y la línea que separa a muchas excelentes gimnastas de unos Juegos es muy delgada.

-¿Sigue la competición universitaria de Estados Unidos? ¿Qué le parece el fenómeno de Katelyn Ohashi?
-Estaba allí cuando hizo ese ejercicio que se ha convertido en viral, porque fui a acompañar a mi marido a la competición. Es una historia increíble de superación y una forma originalísima de estar en el tapiz que pone a la gente en pie. Y, claro, ahí sí se puntúa 10 y es el éxtasis.

-¿Qué le parece Simone Biles?
-Me encanta. ¡Es fenomenal! Es de esos deportistas que surgen cada cuarenta años. Es muy fuerte y con el nuevo código de puntuación y sus habilidades, puede lograr cosas increíbles.

-¿Puede Biles ser la gimnasta más grande de la historia?
-Ummm… No sé qué significa ser la mejor. ¿Lo mides con medallas, por años en el gimnasio? Cada generación tiene sus estrellas, pero es difícil comparar.

-¿Cómo ha vivido el escándalo de abusos sexuales en Estados Unidos, el caso Larry Nassar?
-Fue algo terrible, horrible. Nunca debió ocurrir. No estoy muy metida en las cosas del equipo olímpico. Todo mi respeto para Simone Biles y Aly Raisman, por lo que hicieron, por ser valientes y denunciar. Han demostrado ser líderes. Hay que crear entornos seguros en el deporte cuando hay niños.

-La vemos de vez en cuando por Madrid en el tenis. ¿Es un deporte que le gusta también?
-Sí, sí. Me encanta acercarme por el tenis.

-¿Es fan de Nadal o de Federer?
-Me gustan los dos, son tan diferentes pero a la vez dos leyendas… Dos formas diferentes de concebir el deporte.