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COMITÉ OLÍMPICO ESPAÑOL

Alejandro Blanco: "Espero que el nuevo gobierno nos escuche"

Alejandro Blanco: "Espero que el nuevo gobierno nos escuche"

RAFA APARICIO

DIARIO AS

El presidente del COE ha encontrado en el estudio de ADESP sobre el estado del deporte español un refrendo a sus tesis: "Se puede cortar la cadena de transmisión del deporte".

—La Asociación del Deporte Español (ADESP) ha hecho público un estudio en el que compara nuestro deporte con otros diez de parecidas características (Nueva Zelanda, Holanda, Dinamarca, Australia, Alemania, Reino Unido, Canadá, Francia, Bélgica e Italia) y España aparece en la cola. ¿Qué valoración hace?
—Pues que se ha cuantificado lo que yo llevo advirtiendo diez años. Pone datos concretos y reafirma lo que defiendo: que los resultados que obtenemos están muy por encima de la inversión que se hace.

—Y ahora que lo sabemos, ¿para qué nos va a servir?
—Debe abrirse un periodo de reflexión entre los dirigentes políticos. Para que tomen conciencia de que si somos tan importantes para eso que se llama ‘Marca España’, tan sólo nos dan 54 millones y es mucho menos que en países similares.

—Hay más señales de alarma…
—Se constata también que las medallas en Juegos Olímpicos, Paralímpicos y Campeonatos del Mundo han bajado un 1,5% en el ciclo que va de Londres 2012 a Río 2016 respecto al anterior. Una bajada que es más acusada entre las federaciones no olímpicas, del 23%. También es preocupante que entre 2005 y 2015 haya desaparecido el 23% de los clubes, que son importantísimos en nuestro tejido. Está claro que hemos frenado.

—¿Por qué ha ocurrido?
—Cuando hubo una reducción de subvenciones del Consejo Superior de Deportes a las federaciones por la crisis (tuvieron su cénit en 2009 con 73,3 millones, con la crisis bajaron hasta los 35,1 en 2013 y serán 54 este año), se optó por dedicarlo todo al alto nivel. Sin el programa Podium de Telefónica, por ejemplo, estaríamos muertos (destina cada año 1,4 millones de euros a becas para 88 deportistas menores de 23 años). Y la UCAM llevó a 56 deportistas becados a Río. Para Tokio 2020 aún tendremos buena parte del equipo de Río, pero la alarma es que la cadena de transmisión del deporte se corte. Y para mí no son tan importantes las medallas como que se mantenga el trabajo en la base, que se fomente el talento.

—Pero el trabajo con la base está en los ayuntamientos y en las autonomías, no tanto en el gobierno central…
—Sí, y durante la crisis muchas comunidades han destinado cero euros al deporte. Lo sabemos. Por eso es vital que se ensamble bien a las autonomías y a las territoriales. Es un problema estructural.

—¿Y cuál puede ser la fórmula para arreglarlo?
—No soy un iluso. No creo que el nuevo gobierno, o el que venga después, vaya a pasar de cincuenta a cien millones. Pero debe establecer fórmulas para que el dinero privado invierta en el deporte, modificar el tratamiento fiscal actual, entender la especificidad. Estamos hablando de que hay unos 22 millones de practicantes. El Estado debe proteger a las federaciones.

—No es sólo un problema de legislación, o de dinero, entiendo…

—¡Antes de todo debemos decidir qué queremos del deporte! Si sólo nos interesan los resultados, lo dejamos todo igual. En los Juegos ya somos el país con mejor coeficiente inversión/resultados. Ahora, si pensamos en esos 22 millones y en los 3,5 de federados (el número se mantiene estable desde 2010, pero sólo representa un 7,7% respecto a la población total cuando en Francia es el 16% o el 29% en Alemania), hay que hablar de muchas cosas. 

—¿Por ejemplo?
—Definir bien cómo encajamos a las federaciones territoriales en las nacionales. O centrarnos en desarrollar un modelo de deporte escolar y universitario, que no existen.

—¿Y hay que dar más independencia a las federaciones respecto del Estado?
—Las federaciones son entidades privadas, recordémoslo, que en un determinado momento ejercen funciones públicas. En cuanto a legislación y control del dinero público, yo abogo incluso que sea mayor. Y la competencia es del Estado. Pero que no se meta en la organización. En Italia hubo un problema con la federación de fútbol y el CONI (el Comité Olímpico Italiano, que es quien tiene la competencia absoluta en deporte) ha montado unas elecciones en tres meses. ¡Aquí ha llegado hasta el Consejo de Estado!

—Usted, cuando estaba Miguel Cardenal al frente de la secretaría de Estado para el Deporte, se quejaba de injerencias.
—Sí. Pero que no se me entienda mal. Cuando hablo de independencia no hablo de ‘Tú me das el dinero y hago con él lo que quiera’. A lo que me refiero es a que no me pueden decir cuántos miembros tiene una asamblea federativa, o cómo se compone. Hace poco han sacado un Real Decreto que permite mociones de censura con la mitad más uno de los votos, cuando antes se necesitaban dos tercios. Eso fomenta el desequilibrio en la gestión. Cuando ha habido presidentes que lo han hecho mal (los casos de José Ángel Rodríguez en Vela o Javier González Cancho en Rugby), su gente los han sacado.

—¿Y qué otra cosa considera una injerencia?
—El Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAD). Aquí lo elige el secretario de Estado, porque él pone cuatro miembros y tres son a propuesta de las federaciones. Vamos, que gana el gobierno. En otros países, en este tipo de órganos suele haber un miembro de su comité olímpico, y no lo nombra el Gobierno, son personas independientes. Los tribunales deben ser independientes y rápidos. El mismo COE tiene uno con juristas prestigiosos: saquémoslo de nuestra estructura y puede hacer esa labor sin depender de nadie.

—El estudio ha sido promovido por la Asociación del Deporte Español. Nació un tanto por impulso del CSD y LaLiga cuando Miguel Cardenal y usted estaban enfrentados. ¿Qué opinión tiene de ADESP?
—Que ahora, con una única voz de los presidentes, está haciendo un trabajo fantástico. Con el estudio de una consultora tan prestigiosa como Deloitte han puesto negro sobre blanco lo que he dicho durante mucho tiempo. Por otro lado, creo que es bueno que haya siempre alguna diferencia de opinión entre CSD y COE para poder avanzar.

—Hay mucha expectativa con la reforma, o nueva redacción, de la Ley del Deporte, que data de 1990. Existía consenso político y para el verano se iba a tener ya un borrador. ¿Hay que darse prisa en retomarlo?
—Es que la Ley debe ser el resultado de definir bien el modelo, no puede ser un parche. Un modelo que respete lo público y lo privado y vaya de abajo a arriba. También aportando más dinero, pero metiendo en ese combo innovación, la importancia de las empresas deportivas, la salud, la representación exterior…

—Despidió a la Selección de fútbol con el nuevo ministro, Màxim Huerta. ¿Qué le pediría al flamante Gobierno?
—Que nos escuche, y así se podrá hacer algo bien hecho y que dure. Le he pedido ya una reunión y su respuesta fue inmediata. Eso es bueno.

—¿Y qué le parece el tuit en el que decía que no le gustaba el deporte?
—Pues eso, que es sólo un tuit y que enseguida entenderá la importancia que tiene. Hoy en España se discute todo menos el deporte, y hay que aprovechar su fuerza. Vamos a inaugurar el día 22 los Juegos Mediterráneos y los hemos conseguido sacar adelante en pleno choque Gobierno-Generalitat. A Pedro Sánchez le gusta mucho el deporte, y seguro que nos espera un buen futuro.

—Tendrá alguna sugerencia para la nueva secretaria de Estado para el Deporte, porque parece que será una mujer…
—Sólo que sea una persona que lo conozca y le guste. No nos podemos permitir el lujo de que pongan a alguien que venga a aprender.

—En cualquier caso, con una nueva Ley no basta…
—No. Como dicen las federaciones, tiene que venir acompañada de un Plan Estratégico y otro de financiación.

—¿Y de dónde sacamos el dinero? En el estudio se cuantifica que nos harían falta unos 120 millones de euros más para estar en la media de los países de la comparativa. España dedicó, en 2016, 2,4 euros por habitante al alto nivel cuando la media de los diez estaba en 4,9.
—Una parte debe venir de lo público y otra de lo privado. Y para que las empresas se impliquen hay que darles facilidades, un buen tratamiento fiscal, porque el deporte es su mejor escaparate. Hay un problema. Existe la figura de los Acontecimientos de Especial Interés (se recompensa con deducciones de hasta un 40% sobre la fiscalidad del dinero invertido y en España 16 de los 56 declarados para el año 2018 corresponden al deporte), pero hay que enfocarlo más hacia el patrocinio y no a la donación, como está ahora. Para las grandes empresas, que al final son las que están en los grandes acontecimientos, a partir de que colabora con un par de eventos ya no les aporta ningún beneficio porque llegan al tope de su deducción.

—El ADO, el sistema de becas olímpicas, es de Excepcional Interés Público. ¿Qué más debería serlo?
—Por ejemplo, las selecciones nacionales. Todo lo relativo al alto rendimiento.

—Aspirar a que todo lo resuelva el dinero público es algo que ya se ha olvidado…
—Claro. Y hemos implicado a instituciones como la UCAM, Telefónica con Podium o la Fundación Trinidad Alfonso, que posibilitó el año pasado organizar 22 competiciones nacionales e internacionales en la Comunidad Valenciana con el impacto que eso tiene. También se ha hablado del dinero de las apuestas online vinculadas al deporte (ADESP calcula que con el 1% se podría disponer de 50 millones de euros extras), que es un camino que han explorado con éxito otros países.

—¿Y planes anuales o plurianuales?
—Sería fundamental que fueran cuatrienales, saber de cuánto dinero se va a disponer en un ciclo olímpico para que no se rompa la cadena.

—Volvamos al ADO. De los 51 millones de Londres 2012, a los 35 de Río 2016. Y para Tokio 2020, de momento, hay 22. Son 14 menos. Y de ellos, 18 millones de patrocinadores y el resto aportado por el CSD con el montante del dinero del fútbol. ¿Es un modelo agotado?
—No está desfasado. Su filosofía está vigente. Lo que hay que modificar es la forma de retorno a las empresas.

—El PSOE llevaba en su programa la reforma del ADO…
—Estoy seguro que con la preocupación de Pedro Sánchez por el deporte el ADO se arreglará. Además, es importante que el gobierno retome el contacto con las empresas, que hable con ellas.

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