-¿Cómo está? Se cayó entrenando en Hintertux (Austria) la semana pasada y tuvo que ser ingresado. -Bien. Esto pasa. Prácticamente me caigo en todos los entrenamientos, pero esta vez sufrí un golpe en la cabeza. Un susto, y a la pelea de nuevo.
-Este miércoles quedarán cien días para PyeongChang, ¿cómo plantea lo que queda? -Primero, me centraré en la Copa del Mundo porque tenemos ocho carreras antes de los Juegos. Queda muchísimo. También quiero el Globo de Cristal. Iré paso a paso para llegar a tope.
-¿Se encara de otra forma con los Juegos en el horizonte? -Estás algo nervioso. Pero pesa más la ilusión. He soñado desde pequeño estar en unos Juegos y eso motiva. En Sochi me quedé a las puertas de la medalla (7º), tenía 20 años y la experiencia no era suficiente. En estos, el objetivo está claro: ganar.
-La plata en el Mundial de Sierra Nevada le reafirma en que está entre los favoritos... -Por supuesto. No es lo mismo ir a una carrera sabiendo que ya has conseguido una medalla, que has podido. Sé que puedo repetir.
-¿Y al resto del equipo cómo lo ve? -Muy bien. Hemos estado entrenando juntos y nos ha servido para mucho. En las dos Copas del Mundo de Argentina, Regino Hernández hizo dos top-ten y está en buena forma.
-El boardercross es un poco lotería... -Sí, tienes que echar el boleto. Puedes ser el mejor, pero si el de al lado se cae y te toca, estás fuera. Es un deporte que engancha, por la adrenalina. Vamos a por todas.