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Rítmica como terapia al cáncer

AS COLOR Nº260

Rítmica como terapia al cáncer

Marta Casado durante un entrenamiento.

Bierzo Fitness Center

Marta Casado ha superado, con 17 años, un cáncer óseo y la amputación de su pierna izquierda. La Gimnasia Rítmica fue y es su válvula de escape.

La primera en llegar y la última en irse, esa es Marta Casado. A sus 17 años se ha convertido en todo un referentes para las niñas que junto a ella entrenan a diario. “Las madres de las pequeñas me dicen que salga, porque sino sus hijas no quieren salir”, relata sonriente. Esa curvatura en sus labios, que nunca ha perdido, es la que ha llevado a la joven de Ponferrada a convertirse en un referente para las personas con cáncer.

Marta se inició en la gimnasia rítmica a los cuatro años, fue quemando etapas y acabó compitiendo. “Sólo era por diversión”, asegura. Su vida estaba centrada en su deporte, más cuando con sólo catorce años le diagnosticaron un cáncer óseo. “El día que me lo comunicaron fue más duro para mi entorno. Necesitaba irme al gimnasio, y entrené cuatro horas. Fue la manera de no pensar en nada”.

La joven vio en la gimnasia una válvula de escape. “Nunca dejé de entrenar, incluso cuando me estaban dando las sesiones más duras de quimioterapia entrenaba. Era todo breve y limitado, pero lo necesitaba”, afirma. Nunca se rindió. La enfermedad no podría con ella, pero el destino le tenía algo más duro guardado. Los doctores le aconsejaron la amputación de su pierna izquierda, ella misma tomó la decisión. “Le dije al médico que hiciese lo que tuviese que hacer, de no ser así todo hubiese sido peor”. Su madurez estaba por encima de la edad que marca su DNI.

Marta sufrió la amputación de su pierna, pero nunca dejó de pensar en la gimnasia. “Recién amputada hacía algunos juegos con las manos”. Su ilusión era volver a practicar su deporte, pero le costó dar el paso. Su entrenadora, Susana Laranjo, fue crucial. “Al principio le costaba como era lógico, pero tras una ‘pequeña encerrona’ quiso volver”, afirma.

Ahora, unos meses después de retomar los entrenamientos, Marta Casado irradia felicidad. “Obviamente no puedo hacer lo mismo que hacía antes, pero yo lo sigo intentando y lo voy consiguiendo”. Su ejemplo se ha hecho mediático, ilustrando a personas que pasan por una situación similar. Diego Vázquez, dueño del gimnasio donde entrena, le dice entre risas “¡Marta estás de moda!”. Ella ruborizada sonríe, “yo sólo hago lo que me hace feliz”.

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